Al frente del movimiento de presos sociales, la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha) firmó los manifiestos que acompañaron las huelgas de hambre, autolesiones y motines mediante los que se reivindicaron como víctimas del franquismo. La deriva cada vez más violenta de estas acciones, tanto en su desarrollo como en la respuesta gubernamental, marcó de forma indeleble los años de la Transición. Las acciones colectivas de los presos sociales durante los primeros años de la transición constituyeron un movimiento social organizado, que aunque no logró sus objetivos, determinó la política penitenciaria desarrollada por los primeros gobiernos de la monarquía.



