La defensa del territorio frente al avance de los macroproyectos energéticos sigue cobrando fuerza en Cantabria. El próximo domingo 30 de marzo, vecinos y vecinas de la comarca de Trasmiera caminarán juntas en la marcha popular «Salvemos Trasmiera», una movilización convocada por la Asociación Stop Macroplanta, el Concejo Abierto de Las Pilas y otros colectivos locales. El objetivo: rechazar la instalación de una macroplanta de metano en Hazas de Cesto, promovida por la empresa Genia Bioenergy, que amenaza con alterar profundamente el territorio y la vida de los pueblos cercanos.
La cita será a las 11:00 horas en la ganadería La Llana, desde donde partirá una caminata de cinco kilómetros por los caminos vecinales del valle de Las Pilas. La jornada culminará a las 13:00 horas en la explanada del bar Ponte Las Pilas, con música en directo, comida popular y un espacio de encuentro para seguir tejiendo redes de resistencia en defensa del territorio.
Una amenaza que va más allá de Hazas de Cesto
El proyecto de macroplanta de metano se encuentra actualmente en fase de evaluación ambiental, pero ya ha suscitado más de 1600 alegaciones en contra denunciando los graves riesgos sanitarios y ambientales del proyecto. La planta pretende gestionar 150.000 toneladas anuales de residuos ganaderos e industriales y estaría ubicada a apenas 250 metros de núcleos habitados. Esto ha generado inquietud por las posibles emisiones de ácido sulfhídrico, amoniaco, metano y sulfuro de hidrógeno, sustancias peligrosas para la salud humana, los animales y los cultivos. Además, la contaminación del río Pontones y de la ría de Cubas preocupa seriamente a los habitantes de la zona, que ven peligrar sus recursos hídricos y la biodiversidad.
En su manifiesto, los convocantes advierten que la macroplanta «compromete el presente y el futuro de toda Trasmiera y, por extensión, atenta contra la Cantabria que hemos heredado en las mejores condiciones posibles y que no podemos permitir que se venda ni se destruya».
Un modelo que se repite en Cantabria: energía sin límites, territorios sacrificados
A finales de 2022 desde Briega denunciamos la tramitación de cinco proyectos de plantas de biogás: en Valdáliga, Cabezón de la Sal, Soba, Arenas de Iguña y el propio Hazas de Cesto. Después de la movilización popular en contra, los promotores de las plantas de Cabezón de la Sal y Arenas de Iguña, tuvieron que rendir sus planes y abandonar sus proyectos, pero el de Hazas continúa activo. Estas iniciativas se están impulsando bajo el discurso de la transición ecológica, pero muchos colectivos denuncian que responden a una lógica de crecimiento energético ilimitado que convierte los pueblos y la exigua ruralidad que queda en zonas de sacrificio para satisfacer las necesidades del mercado global.
Este modelo lejos de buscar un desarrollo rural sostenible, fomenta la acumulación de residuos, el consumo energético desmedido y la apropiación de los recursos naturales por parte de grandes empresas, en muchos casos vinculadas a fondos de inversión especulativos. Todo ello amparado y alimentado por el Estado a través de marcos legales laxos y subvenciones públicas. La situación recuerda a lo ocurrido en países como Francia, donde la proliferación de plantas de biogás ha generado contaminación de suelos, acuíferos y aire, así como un notable deterioro de la calidad de vida rural.
El manifiesto destaca que el proyecto de Hazas de Cesto «representa una amenaza contra la salud de las personas, los animales, las plantas, el aire, las aguas y, en general, pone en peligro nuestra tierra». También se cuestiona el relato oficial que criminaliza a los ganaderos de la comarca para justificar estas infraestructuras: «Nuestra ganadería podría ser un ejemplo de desarrollo sostenible si las ayudas públicas a las macroplantas se destinasen a que los ganaderos avanzasen en la eficacia del tratamiento de residuos in situ».
Impactos económicos y sociales en el corazón de Trasmiera
El rechazo a la macroplanta no solo nace del ecologismo. Sectores como la hostelería y el turismo rural se oponen frontalmente al proyecto al que señalan como incompatible con el entorno natural y temen la degradación del atractivo de la comarca que supondría su implantación. El manifiesto insta a proteger este sector y apostar por un turismo consciente y responsable.
Los convocantes de la marcha insisten en que Trasmiera es un espacio de alto valor ecológico y cultural, donde el paisaje ha sido modelado durante siglos de manera sostenible. «Es la propia imagen de Cantabria y el orgullo de quienes lo habitan, disfrutan y ayudan a conservar», recalcan.
Por eso, exigen una normativa específica en Cantabria que prohíba la instalación de este tipo de infraestructuras a menos de 5 kilómetros de cualquier núcleo de población. «Son solo 5 kilómetros, pero son 5 kilómetros para vivir en paz», concluye el manifiesto.
Una jornada para caminar juntas
La marcha del 30 de marzo será tanto un acto de protesta como de celebración de la vida en común. Desde las 13:00 horas, se disfrutará de música en directo con Nuevamente y Andrés Bescansa, comida y un espacio de encuentro en el bar Ponte Las Pilas, en el corazón del valle. La lucha por frenar la macroplanta de metano es también la lucha por otro modelo de vida, donde el respeto a las comunidades a los límites de la tierra sea el punto de partida.



