Arnau y Jofre Andreu: «Lo que da más miedo es el estigma social»

Se cumplen 25 años de la campaña de oposición al modelo de urbanización del Pla Caufec-Porta Barcelona en Esplugues, una de las luchas más largas de la historia reciente de los movimientos sociales urbanos. Ocho activistas irán a juicio los próximos días 25 y 26 acusados de atentado a la autoridad, desórdenes públicos y lesiones por unos hechos del 2009. Entre los imputados hay unos gemelos de 37 años y padres de dos niños, que ya fueron absueltos en otro juicio penal y ahora se enfrentan a tres años de cárcel cada uno.

Gemelos de acción. Un relato personal de dos activistas que se enfrentan a la cárcel por acciones contra el Pla Caufec.

-¿Son los Zipi y Zape de Esplugues?

-Jofre [con camiseta antifracking]: Zipi y Zape eran chungos, nosotros tirábamos a bons jans. ¡Pero si éramos minyons escoltes! Mi padre montó la primera colla de gegants de Esplugues y somos del ball de diables. Antes que nada hemos militado en la cultura popular.

-Aprendieron de sus padres.

-J.: Nuestro padre vivió las huelgas de la Corberó y cuando hubo despidos dejó su puesto de trabajo por coherencia. Era o todos o nadie. Nosotros mamamos esta cultura política de la lucha colectiva.

-Arnau: Siendo niños le preguntamos a nuestra madre qué era el amor. Y ella dijo: «Compromiso». Nosotros amamos este pueblo y nos comprometimos a defenderlo.

-Se sumaron a la lucha por conservar un espacio verde en la falda de Collserola.

-A.: No es solo un espacio natural, es todo: cómo se decide una recalificación de terrenos, por qué se edifica, cómo se edifica, quién gana dinero con estas operaciones… Nunca dijimos que no se edificara, sino que se hiciera bajo unas condiciones.

-Cuando se inicia la lucha vecinal contra el Pla Caufec, en 1991, ustedes son niños.

-A.: Los vecinos intentaron parar las obras vía tribunales, pero en el 2003 entraron las máquinas y nos plantearon: «¿Qué hacemos?». Entonces nos sumamos para sacar el conflicto a la calle y generar opinión.

-Se colgaron tres días en una torre, se encadenaron a bidones de cemento…

-J.: Nos juntamos gente diversa con distintos referentes de acción política: la lucha vecinal, la insumisión, el ecologismo, la antiglobalización, el movimiento okupa, el independentismo, la cultura popular…

-A.: Había opiniones distintas pero el consenso de base era actuar desde la no violencia para no provocar el rechazo, y que la gente nos escuchara. Queríamos desobedecer de forma imaginativa y popular.

-¿Qué les da más miedo, enfrentarse a la policía o la falta de apoyo en la calle?

-J.: Lo que da más miedo es el estigma social, que sin conocernos digan: «¡Ya vienen los gemelos a liarla!». La militancia a cara descubierta es dura, pero hemos perdido el miedo a todo.

-Ya no viven en Esplugues.

A.: Casi todos los imputados nos exiliamos, algunos porque los alquileres son muy caros y en mi caso por el prejuicio. Aquí soy solo «el del Caufec» y yo soy muchas otras cosas: soy padre, soy diable, soy Arnau.

-El plan de urbanización resucitará en cualquier momento. ¿Es una batalla perdida?

-J.: No, la batalla perdida sería callar.

-A.: No es solo el Pla Caufec, es el aprendizaje que hay detrás: el día a día de la lucha, el hablar con uno y con otro, el cómo lo vive tu familia… Lo vivencial y lo personal es político y esta experiencia es útil en todos los ámbitos de la vida. Ahora tengo un hijo y quizá no haga acciones de desobediencia, pero estoy en un grupo de crianza.

-No escarmientan, dirán algunos.

-J.: Somos así, así vivimos y quiero pensar que dentro de 30 años pensaremos igual. Esta coherencia me llena de orgullo.

-A.: Seguiremos desobedeciendo porque lo injusto es injusto. Y si me equivoco, que me lo expliquen, pero que no me den un porrazo.

 

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