Pasando la gorrilla 2025- julio

Los años pasan, la necesidad de independencia y autogestión permanecen y ese precio hay que pagarlo, semestralmente en nuestro caso. Desde que nos marcábamos allá en tiempos de la pandemia un editorial que se podría caracterizar de muchas cosas salvo tecno-optimista, reflexionando sobre el cierre de otro proyecto de contrainfo, podríamos decir que en el ecosistema virtual todo ha ido a peor y que la polarización, la segmentación comercial, la enshitificación de todas las plataformas y el aceleracionismo neofascista galopan. Lejos quedan los tiempos de estándares libres de comunicación, no mediados por grandes tecnológicas que pretenden doblegar voluntades de pueblos enteros si no se les permite el mercadeo del dato y la difusión de los límites entre lo real, lo artificial y la realidad material. Esa disonancia cognitiva no es nunca sólo virtual y refleja por desgracia momentos también de los tejidos sociales que compartimos, en los que la horizontalidad y el debate saludable en tiempo y forma se convierten en cortapegas de titulares sin verificación ni chicha detrás más allá de espolear el sentimiento que se busca con su infusión en ese momento.  La indignación y el cabreo venden clicks, pero no suelen convertirse en análisis propios y autónomos de la realidad.

Y a eso intentamos dedicarnos, cuando podemos y la vida nos deja. Cada año es un pelín más difícil. La «novedad», que no, de éste sería el paso de un oligarca sudafricano por cierto despacho oval y la deserción en masa de aquella plataforma que algunos vendían como compañera de las movilizaciones sociales en directo. Una vez más, un montón de contenido generado por personas que se curran cada dato, desaparecía del acceso público o se convertía en algo que sólo los registrados/con cuenta podrían visualizar. O, por supuesto, servía para alimentar la «nueva» gran amenaza (más para el ecosistema que para nuestros puestos de trabajos) de la IA, en ese caso, Grok. Pequeños foros que llevan tiempo resistiendo, webs pequeñitas y dedicadas… sufren desde hace más de medio año avalanchas de bots intentando extraer datos para el «deeplearning» de sus inteligencias, bebiendo (pero no demasiado) del razonamiento humano para convertirse en las nuevas prótesis que nos regulen el acceso a la realidad no virtual. Ya no le preguntamos a Google qué me pasa doctor, ahora es a Chatgpt o DeepSeek a quien le traslada(n)mos nuestras inquietudes y dudas. Si a ello le sumamos en el estado español la restricción de acceso a numerosísimas webs (calculan casi 2,75 millones de sitios webs paralizados los afectados que recurrieron) por orden «judicial» del amo de la Liga, Tebas, no vaya a ser alguien vea fútbol en directo desde la web de una tienda de manualidades alojada en Cloudflare, el panorama pinta sombrío. 

En nuestro caso, no nos duele tanto dejar ciertas plataformas infectas y pasarnos a Mastodon, aunque el «engagement» que tanto gusta a la clase creativa no se produzca. Sí que nos duele ir perdiendo otros proyectos por el camino, como fue el caso de Mundo Libertario, plataforma de subida de materiales anarquistas para su alojamiento y difusión que desapareció hace casi 14 meses, dejándonos sin espacio de alojamiento de material gráfico. Ahí, cuando hace falta, es cuando se nota la inexistencia, o de difusión, o de intención de mantenimiento de espacios activistas, no comerciales, no mediados, sin publicidad,  pensados para personas militantes y no para el lucro. Pasan los meses y seguimos sin encontrar un PeerTube para imágenes, la IA se infiltra en nuestros foros para hacer spam, cada día nos saturan correo y planilla de noticias con nuevos bots y la arquitectura web es la que es, ésa que no siempre tiene tiempo y energía para dedicarle a cada nuevo ardid la solución opensource correcta. 

Y aún así, aquí seguimos, resistiendo. O intentándolo.

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