La plataforma vecinal Cabezón por Gaza ha anunciado la transferencia de 10.357,75 euros recaudados durante el Festival Solidario Sumud y Cabezón por Gaza, celebrado el pasado mes de noviembre en Cabezón de la Sal. La entrega se realizó esta semana en un acto público en el que participó Raquel Martí, directora ejecutiva de UNRWA España (Agencia de Naciones Unidas para la Población Refugiada de Palestina en Oriente Próximo).
El dinero se destinará a proyectos de emergencia en la Franja de Gaza, centrados en el sostenimiento de infraestructuras educativas, sanitarias y de atención básica a la población civil, en un contexto marcado por el colapso de los servicios esenciales y las severas restricciones a la entrada de suministros.
La recaudación es el resultado del esfuerzo colectivo de vecinas y vecinos de la comarca del Saja, que durante meses han combinado actividades culturales, espacios informativos y movilización social para mantener viva la solidaridad con Palestina en un escenario de saturación mediática y progresiva normalización del desastre humanitario.
Más allá del dato económico, la experiencia del festival y de la plataforma Cabezón por Gaza muestra la capacidad de la organización popular para responder con rapidez y coherencia política allí donde la respuesta institucional resulta insuficiente o directamente inexistente.
Sumud: permanecer como forma de resistencia
El festival tomó su nombre del concepto árabe sumud, que puede traducirse como perseverancia o firmeza. En el contexto palestino, el término alude a una forma de resistencia cotidiana que no se limita a los momentos de confrontación abierta, sino que se expresa en la decisión colectiva de permanecer, cuidar la vida y sostener la comunidad pese al asedio permanente.
Ese significado atravesó el planteamiento del festival: no se trataba únicamente de recaudar fondos, sino de tejer vínculos políticos y afectivos entre realidades distintas, reconociendo en la resistencia palestina una experiencia profundamente conectada con las prácticas de apoyo mutuo y defensa de la vida que también se construyen a escala local.
El Festival Sumud demostró, además, que la cultura popular puede funcionar como espacio de politización y encuentro, rompiendo el relato dominante que reduce a Palestina a una sucesión de cifras o imágenes de destrucción, y situando al pueblo palestino como sujeto político activo.
El asedio y la violencia continúan en 2026 bajo el disfraz de tregua
A comienzos de 2026, la disminución del foco mediático no ha supuesto una mejora real de las condiciones de vida en Gaza. Nos encontramos ante una realidad de genocidio administrativo y control territorial permanente. Aunque desde finales de 2025 se han reducido los bombardeos de gran escala, la violencia no ha desaparecido. Se ha transformado en un goteo constante de «incidentes» y disparos selectivos que ya han cobrado más de 400 vidas desde que se firmó la tregua. Es una gestión del conflicto que perpetúa la ocupación, la destrucción lenta de las condiciones de vida y la imposibilidad de una reconstrucción real, sin el ruido de los misiles de gran escala.
La Franja continúa sumida en una crisis humanitaria prolongada, con niveles extremos de pobreza, desempleo masivo y una población mayoritariamente dependiente de la ayuda internacional para cubrir necesidades básicas. La destrucción de escuelas, hospitales, redes de agua y saneamiento no fue un daño colateral, sino una consecuencia directa de una estrategia para hacer la vida imposible. La mortalidad infantil en menores de un año ha alcanzado el 90% en ciertos sectores debido a la desnutrición y la falta de servicios básicos.
El control sobre la entrada de alimentos, medicinas y materiales de reconstrucción sigue siendo una herramienta central de esta política de asfixia. En los últimos meses, distintas organizaciones humanitarias han denunciado nuevas restricciones y la retirada de permisos de operación, dificultando aún más la atención a una población exhausta.
Mientras tanto, en Cisjordania, la expansión colonial, los desalojos forzosos y las incursiones militares continúan intensificándose, consolidando un proceso de fragmentación territorial que compromete gravemente cualquier forma de vida autónoma para la población palestina.
La situación actual en Palestina muestra que el sumud es hoy más necesario que nunca. No se trata solo de sobrevivir, sino de persistir y reconstruir frente a un Estado que busca el exterminio total de un pueblo entero. Iniciativas como las de Cabezón de la Sal reflejan una solidaridad de cientos de personas que no esperan el permiso de los gobiernos para actuar, entendiendo que la libertad de un pueblo solo puede sostenerse con el apoyo activo de otros pueblos.



