Casas prehistóricas para el siglo XXI

Los cuentos clásicos no siempre llevan razón porque hay casas de paja que resisten al más feroz de los lobos. La prueba está en Llanez, un pequeño pueblo de la zona oriental de Cantabria, donde una joven pareja, Robert y Almudena, están construyéndose una casa con barro y balas de paja. Quieren demostrar las ventajas de las viviendas hechas con materiales nat u rales y la necesidad de integrar los asentamientos humanos en un entorno ru ral. Una ardua tarea que llevan a cabo con sus propias manos y las de muchos voluntarios, a los que ofrecen comida y alojamiento a cambio de trabajo.

Casas prehistóricas para el siglo XXI

Una familia se construye una vivienda de paja y barro en Voto con ayuda de voluntarios llegados El británico Robert y la vasca Almudena llegaron a Llanez, un pequeño pueblo del Valle de Aras, con la intención de construirse una casa familiar. Pero no les bastaba con cualquier vivienda, querían “ crear una forma de vida sostenible próxima a la naturaleza”. Ni siquiera Robert sabe por qué acabaron en este precioso rincón de Cantabria : “¿Por qué la gente decide vivir donde vive?. Se juntan mu chas razones (económicas, laborales, familiares…)”, explica. Pero en los cuatro años que llevan han convertido una pradería de unos 8.000 m2 en lo que ellos denominan “un bosque comestible ”, es decir, un ecosistema productivo y de bajo mantenimiento basado en árboles perennes, propios del clima de la zona.
Su objetivo no es solo construirse una casa de barro y paja sino llevar a cabo un proyecto más amplio –bautizado con el evocador nombre de ‘Abrazo House’– que sirva como lugar de encuentro entre personas que comparten sus inquietudes.
Robert, de origen británico, llevaba años preocupado por la integración de los asentamientos humanos en el mundo natural. Había viajado a Estados Unidos e Irlanda para estudiar formas de construcción más respetuosas con el medio ambiente y decidió que era momento de poner en práctica sus conocimientos.
El año pasado comenzaron a levantar un edificio con muros de carga hechos con balas de paja y adobe. El primer piso, rese rvado a la vivienda familiar, ya está terminado aunque permanecerá tapado hasta que pase el invierno. El segundo, dotado de un jardín-tejado, les servirá de zona de trabajo.
Ayuda voluntaria
Antes de comenzar la casa principal, se construye ron una casita cimentada en piedra, con mu ro portante de cob y un tejado de roble verde (snail cabin) para alojarse de forma temporal junto a sus hijos pequeños que después será casa de huéspedes.
“Fue una experiencia intensiva de ap rendizaje que nos permitió cometer errores a pequeña escala antes de constru i rnos la casa principal ”, comenta Robert.
Tanto ahora como antes han contado con la ayuda de voluntarios. En el blog de internet que alimentan casi a diario con fotografías sobre los avances de la obra, of recen comida y alojamiento en caravana o tienda de campaña a cambio de colaborar en la fase de la construcción que corresponda durante un mínimo de una semana. Las labores del hogar se reparten y los voluntarios solo necesitan llevar algo de ropa y calzado viejo en la maleta. El resto lo llevan puesto:
“Deben amar el ejercicio, la buena compañía, el aire libre y la tranquilidad.Y aprender y ayudar”, dicen. Llegados desde lugares tan distantes Canadá o tan cercanos como Santander, Robert los describe como “gente joven, al menos en espíritu, con ganas de experimentar en esta forma de construir que, en general , encuentran lo que buscan”. Ellos nunca han buscado ayudas materiales ni públicas, porque consideran que su forma de construir se avala por sí sola, pero están encantados de sumar esfuerzos a su proyecto.
En Bilbao, donde residían antes, ya lideraron un proyecto para venir con ganas de revitalizar una zona industrial conocida como Zorrozaurre.

Construir con materiales naturales tiene sus ventajas
Aunque el inestable clima regional les crea no pocos problemas y el pasado invierno fue uno de los peores de la última mitad de siglo, Robert defiende la idoneidad de las casas de barro en los climas atlánticos:
‘La mayoría de las casas medievales que aún están habitadas en Inglaterra son de este material”, dice. El rendimiento térmico es su principal ventaja ya que el barro apenas transmite el calor y las balas de paja son buenas aislantes. De este modo, son casas que se mantienen frescas en ve rano y cálidas en invierno y que, en consecuencia, implican poco o ningún coste de calefacción o enfriamiento. Al ser casas hechas de materiales notóxicos y transpirables, añade Robert, son más saludables que casas hechas con otros materiales.
El británico destaca que otro de los valores de este tipo de construcción es el bajo coste de sus materiales: “Las técnicas son fáciles de aprender y agradables de usar, por lo que se prestan fácilmente a la autoconstrucción , y el uso de materiales reciclados, como la madera, también ayuda a reducir costes”, culmina.

Fuente: Crónica de Cantabria

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