Bajo un cielo gris y entre lluvia persistente, cerca de mil personas se concentraron ayer en las calles de Medina de Pomar para exigir el rechazo definitivo del proyecto de la Autopista AP-69, también llamada “Dos Mares”, una obra que los movimientos sociales y ecologistas consideran innecesaria, destructiva y un despilfarro económico.
Convocada por la Plataforma “AP-69 no gracias” junto con colectivos ecologistas y habitantes de la comarca, la protesta reunió a vecinos y activistas venidos de distintos puntos de Cantabria y Burgos bajo el lema «Autopista AP69 no gracias, ni autopista ni autovía».
La movilización, que incluyó una representación teatral simbólica de la autopista como verdugo del presente y el futuro de las Merindades, puso el foco en los impactos socioeconómicos y ambientales que este macroproyecto supondría para la comarca: desde el daño a tierras agrícolas y al turismo rural hasta la fragmentación de territorios y el aislamiento de pequeños pueblos.Según los organizadores, la vía —con un coste estimado en más de 640 millones de euros— no responde a necesidades reales de la población local, ya que existían alternativas viables para comunicar Cantabria con Miranda de Ebro sin fragmentar el territorio ni devastar espacios naturales.
Denunciaron que la autopista afectaría más de 25 espacios de alto valor ecológico, con consecuencias brutales para la economía local basada en el turismo y la agricultura ecológica, y que generaría muy poco empleo en comparación con inversiones más sostenibles. Desde las organizaciones presentes se reclamó un desarrollo verdaderamente sostenible para la comarca, que priorice las comunicaciones existentes, la conservación del paisaje y los modos de vida locales, frente a infraestructuras de gran escala que solo benefician intereses especulativos y grandes constructoras.
La protesta se enmarca en un contexto más amplio de rechazo ciudadano al proyecto, con marchas y acciones en los valles afectados —como la marcha por el valle de Aguayo impulsada por Ecologistas en Acción Cantabria— y con una fuerte crítica al modelo de desarrollo que privilegia grandes obras por encima del bienestar comunitario y la protección del territorio.



