El barrio la torre, barriada ubicada entre la S-20, la vaguada de las llamas y el pueblo de Monte, es una de las zonas rodeada por el gran despliegue de construcción urbanística de bloques de pisos y viales. Agentes constructores e inmobiliarios no han dejado de levantar bloques de edificios durante años modificando el paisaje y las formas de vida de las zonas aledañas a Monte, Cueto, San Román etc.
Este pequeña zona rodeada de casas bajas con huertas y frutales, es uno de los últimos reductos de esa manera de habitar que choca sin quererlo con los intereses de grandes especuladores, ya vivan de alquiler, en propiedad u ocupando. Si la violencia urbanística tiene su mayor ejemplo conocido en zonas cercanas al barrio la Torre con el caso de la vecina Amparo Pérez y la construcción del vial de la S-.20, lo cierto es que, en los últimos años, muchas otras personas han tenido que abandonar sus casas ante el avance de la urbe, cuyos gestores varios contribuyen a revalorizar el precio del suelo que conecta el centro urbano de Santander con la costa.
Un ejemplo cotidiano de cómo esta violencia urbanística no es sólo protagonizada por las propias constructoras, los planes del ayuntamiento que les dan cabida y las empresas de demolición subcontratadas, sino también por las nuevas formas de vida que encarnan las familias de rentas más altas que comienzan a llegar a la zona, son las denuncias y quejas de dicho vecindario por «ratas», «maleza», «malos olores» relacionados con gallineros etc que ha tenido que recibir personas habitantes de toda la vida en dicho enclave. Dicha problemática es una dinámica muy habitual en las zonas rurales de Cantabria con el fenómero turistificador en curso. La cuestión de clase arroja más luz sobre estos conflictos que la que se le pueda dar con argumentos basados en la higiene, la salubridad y el civismo.
En el caso del Barrio La Torre, el principio del fin, ya planeado durante años y a sabiendas de una parte del vecindario, en muchos casos con conciencia de tener que dejar sus casas, parece más cerca que nunca. La última noticia que se tiene es la del derribo de una de las casas de la zona a cargo de una empresa de demolición subcontratada por la constructora que tiene planeado levantar nuevas edificaciones en la zona. Aquella frase de que «el poder destruye cuando construye» es mas que oportuna al respecto.

Muy cerca de esa casa demolida, se encuentra el centro social okupado La Lechuza, un espacio autogestionado que lleva más de 12 años con actividad cultural, social y política desde que un grupo de personas lo okuparan un año después del 15M.
El derribo y la demolición de esta zona superviviente al modelo urbanístico hegemónico amenaza directamente la vida de este centro social okupado, uno de los pulmones de la Santander rebelde que colectivos sociales construyen día a día manteniendo proyectos sociales de diverso carácter. Seguiremos con atención lo que pueda ocurrir en los próximos días y semanas al respecto.



