Crónica de un paseo por el Prado San Roque de la mano de sus vecinxs

El pasado sábado 17 de enero se llevó a cabo la actividad prevista de las jornadas Conglomeradas. Un paseo por el Prado San Roque, en la parte de Santander que antes se llamaba el Alta, la calle Maria Cristina, detrás de lo que hoy es el campo de futbol del Regimiento y antes era el cuartel militar del Alta.

Nos recibieron integrantes de la Plataforma Salvemos Prado Sann Roque y Río de la Pila, quienes después de un rato nos explicaron cómo la Plataforma se ha creado para luchar contra las intenciones del Ayuntamiento de Santander de,  más pronto que tarde, echarles de sus casas, tirarlas y construir unas nuevas en un proceso que algunos han venido en llamar gentrificación (o como diría Antonio Turiel convertirlo en un barrio de pijos). Ante estas intenciones del Ayuntamiento los vecinos lo tienen claro: no quieren marcharse de las viviendas ni del barrio.

Lxs integrantes de la Plataforma nos hicieron un pequeño recorrido por la historia de los últimos años, ya que esto viene de largo:

«Primero se construyó el funicular, lo que hizo que tiraran algunas casas, algunxs de cuyxs vecinxs realojaron en la Albericia.»

«Después se dejó al barrio de lado: no se daba dinero a lxs vecinxs para rehabilitar sus casas como en otros barrios de Santander, pero tampoco permisos de obras para poder hacer el trabajo por ellxs mismxs. como consecuencia las casas se deterioraban.»

«El Tercer paso sería la expropiación. Ya ha ocurrido con algunxs vecinxs. Nunca lo dicen directamente, el Ayuntamiento lo hace y da poco tiempo para moverse.»

Como consecuencia de ser conocedorxs de este procedimiento que no se da solo en Santander un grupo de vecinxs deciden crear la Plataforma para pelear por su permanencia en el barrio, la de sus padres o sus convecinxs. Las primeras acciones han sido la presentación de escritos en el Ayuntamiento, con lo cual han conseguido pequeñas cosas como arreglos de trozos de acera, que reconocen que «puede ser una especie de tapadera para que se callen hasta mayo», fecha de las temidas elecciones.

Las formas del Ayuntamiento son sibilinas: «se aprovechan de que son en su mayoría gente de más de 80 años, gente humilde, con pocas fuerzas y ganas de pelear contra un Ayuntamiento para ellxs omnipotente. Les llaman por separado y les explican que les ofrecen una casa que vale 140.000 euros, cuando su casa se valora en unos 40.000. Los otros 100.000 los tienen que poner ellos.»

El objetivo final del Ayuntamiento es tirar todas las casas alrededor del funicular y las de ladera abajo, para construir un total de 70 viviendas: parte de protección oficial y parte sin ella: negocio redondo para constructoras que luego venden a gente con el suficiente dinero como para pedir una hipoteca y para el Ayuntamiento que consigue financiación en un momento con dificultades (En diciembre de 2013 el Ayuntamiento de Santander tenía una deuda de unos 140 millones de euros, según datos de diversos medios).

Después de un paseo por el barrio con visita incluida a alguna de las huertas bien trabajadas que todavía quedan por allí nos invitaron a comer unas tortillas, chorizo y pan acompañado de algo de bebida que puso la guinda a la bonita mañana que nos hizo. La lluvia nos respetó y solo hizo aparición muy levemente al comienzo de la jornada para luego desaparecer y dejar un sol precioso que nos acompañó durante casi toda la mañana. Volvimos para casa sabiendo que el Ayuntamiento no lo tendrá nada fácil si quiere ponerles las manos encima. Todo un lujo en la difícil ciudad de Santander.

Infografía del Ayuntamiento que revela sus intenciones. Las nuevas tecnologías infográficas permiten borrar de un plumazo vidas enteras, con sus costumbres, sus esperanzas, y que además quede bonito… haciéndolas desaparecer a un oscuro piso de la periferia con una hipoteca a cuestas.

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