Entrevista al Proyeutu Deprendi: “Salvar el cántabru depende de las clases populares”

El Proyeutu Depriendi ofrece la posibilidad de aprender cántabro desde casa, mediante una web en la que se puede encontrar desde nociones de lingüística hasta irreverentes textos de crítica social, pasando por fragmentos literarios o grabaciones. Pronto arrancará la Operación Alcordanza, para recopilar voces cántabras entre los usuarios de la red.
DIAGONAL CANTABRIA: ¿Qué es el cántabru y cuál es su situación actual?
PROYEUTU DEPRIENDI: El cántabro es resultado de la evolución del latín en Cantabria, interpretado a partir de un sustrato indígena anterior y con aportaciones posteriores. Se adscribe como una variante diferenciada dentro del diasistema leonés, con rasgos fonéticos, morfológicos y sintácticos propios. En un pasado no tan lejano, muchos de los habitantes de Cantabria se expresaba cotidianamente en cántabru, pero la diglosia y un concepto erróneo de lo que debe ser el uso del castellano ha motivado el desprestigio y acorralamiento social de este patrimonio. Hoy día, mucha gente joven no se reconoce en el habla de sus abuelos, cuando lo normal hubiera sido que hubiera cogido ese testigo idiomático, hasta el punto de que la UNESCO ha alertado recientemente sobre su grave peligro de desaparición.
D.C.: ¿Cántabru o Montañés?
P.D.: Por englobar mejor al conjunto de hablantes (un hablante pasiegu, campurrianu o lebaniegu no reconoce su lengua con el exónimo «montañés») y tener unas connotaciones de dignificación (como ocurre con asturianu/bable o aragonés/fabla), preferimos usar «cántabro», sin rechazar el término «montañés», que goza de cierta difusión.
D.C.:  ¿Cómo y por qué surge este proyecto?
P.D.: Desde la Asociación Cultural L’Argayu (entre otras) se vienen organizando en los últimos años cursos de cántabru presenciales y grupos de hablantes. El Proyeutu Depriendi surgió para responder a la demanda de un espacio el que acceder a los «apuntes», haciendo de escuela a distancia también.
D.C.: ¿Qué recibimiento estáis teniendo hasta el momento?
P.D.: Estamos tan contentos como sorprendidos, porque no esperábamos tener 60 personas suscritas y una media de 450 visitas semanales. Hasta tal punto que el objetivo inicial se ha superado y Depriendi se ha convertido, además de en una escuela a distancia, en punto de encuentro para ir unificando criterios en la necesaria normativización de nuestro patrimonio lingüístico.
D.C.: ¿Cuál es la metodología?
P.D.: Visitando la página o en el correo a través de suscripción, el alumnado tiene acceso a una serie de contenidos teóricos y prácticos, a los que pueden aportar con sus conocimientos, plantear cualquier duda y contestar a los ejercicios que en ocasiones se proponen.
D.C.: ¿Por qué aprender cántabru en tiempos de globalización?
P.D.: Saber varias lenguas siempre enriquece, pero saber una de los llamadas «minorizadas» predispone además a una postura más sensible ante la pluralidad y la diversidad cultural. Son palabras de nuestros paisanos y familiares. Como el cántabro evolucionó adaptado a nuestro medio durante siglos, constituye un vehículo comunicativo idóneo, cuyo decaimiento sólo fue provocado por la imposición y las interpretaciones supremacistas. Animamos a acercarse a este patrimonio por justicia, por solidaridad, por cultura, por placer y por dignidad. La preservación o la pérdida de este patrimonio de la humanidad está en manos de las clases populares cántabras.
D.C.: ¿Cómo tratan las instituciones autonómicas el cántabru?
P.D.: La situación va del ninguneo al desprecio. Mientras el asturiano goza de una ley de uso y protección, el leonés y el extremeño aparecen reconocidos en los respectivos estatutos de autonomía y el mirandés es cooficial en la república portuguesa, la Consejería de Cultura ha denegado la declaración de Bien de Interés Cultural con argumentos impropios de ese organismo y de este siglo. Los gobiernos cántabros pueden apuntarse el dudoso «mérito» de tener la única modalidad lingüística patrimonial no castellana sin ningún reconocimiento estatutario ni figura de protección relevante de todo el Estado.
Fuente: Diagonal nº19

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