BNK gana un permiso de investigación para buscar gas con ‘fracking’, una técnica que inyecta agua con productos nocivos, como cianuro y arsénico.
La multinacional estadounidense BNK Petroleum podrá buscar gas en 25.000 hectáreas de Cantabria durante los próximos seis años. El Gobierno de PPRC y PSOE así lo acordó el pasado 31 de marzo (BOC del 11 de abril), concediendo un permiso de investigación en el que la compañía ya advierte: Lo hará a través del fracking -fractura hidráulica-, una técnica invasiva en la que se inyecta en el subsuelo, a través de una tubería, una cantidad ingente de agua mezclada con arenas y hasta 400 productos químicos. Los ingredientes varian desde el arsénico ahasta el cianuro, pasando por resinas radiactivas que pueden invadir los acuíferos de la región. JUAN DAÑOBEITIA
El gas del futuro viaja a Cantabria desde Oklahoma

La empresa BNK explorará en España como ya hace en EEUU, inyectando agua a presión.
Me han dicho que el paisaje del concurso que hemos ganado en España se parece mucho al de aquí», afirma Rick Johnston sentado en el asiento de atrás de una furgoneta de caja abierta típica de las zonas rurales de EEUU.
Efectivamente, el paisaje en el sur de Oklahoma, en la región en la que nació Carlos Ray Norris (más conocido por el nombre de Chuck Norris), recuerda a Cantabria: suaves colinas con árboles y prados. De hecho, el único español conocido aquí es, precisamente, el cántabro Seve (pronúnciese Sevi, en inglés) Ballesteros, cuya muerte todavía lamenta un amigo de Johnston. Aunque aquí los toros se usan en rodeos. Un buen animal puede valer 250.000 dólares (170.000 euros). Y los coches no atropellan erizos, sino armadillos.
Pero las mayores similitudes entre el condado de Carter, en el que estamos y el municipio de San Vicente de la Barquera pueden estar a 2.000 metros debajo de la carretera rural en la que viaja la furgoneta. Ahí puede haber una franja de apenas 70 metros de espesor de pizarra que tiene adheridas burbujas microscópicas de gas natural. En este condado esa franja existe, y la explota BNK con 22 pozos en activo que Johnston supervisa. Hace dos meses, BNK ganó un concurso del Gobierno cántabro para determinar si ese gas existe también en esa comunidad.
Hasta hace 10 años, esas reservas eran inaccesibles. Pero entonces, el empresario del vecino Estado de Texas George Mitchell inventó la fracturación hidráulica. O, en inglés, fracking: excavar un pozo de gas y a continuación inyectar en el subsuelo durante cuatro o cinco días millones de litros de agua, arena y 400 productos químicos que las empresas no están obligadas a difundir-pero entre los que puede haber agentes cancerígenos y, según la química Dow Chemical, venenos-para partir la roca. El gas queda liberado y, como busca áreas con menor presión, entra en el tubo por los mismos agujeros por los que el líquido fue inyectado.
Mitchell vendió su empresa a Devon, una petrolera de Oklahoma que estaba desarrollando otra técnica revolucionaria: la perforación de pozos horizontal. Es decir: una vez que la tubería alcanza una cierta profundidad, puede cambiar de dirección. Ambas firmas habían sentado las bases para un cambio total en la economía del mundo.
Gracias al fracking, el precio del gas ha caído un 50% en EEUU desde 2005. Las últimas cifras oficiales señalan un aumento de la producción del 4% en el último año, cuando la demanda creció un 2%. «Una burrada», subraya un experto de una empresa energética europea. Pero todo en el fracking es una burrada. EEUU, cuyas reservas de gas estaban agotándose a principios de esta década, tiene ahora gas para, al menos, 100 años. En 2010, su producción fue de 600.000 millones de metros cúbicos, pero sólo la placa Marcellus, en el Este del país, tiene 10 billones de metros cúbicos de gas.
En sí mismo, el invento de Mitchell es muy aburrido. Apenas una explanada de unos 2.000 metros cuadrados con uno o dos pequeños tubos clavados en la tierra-los pozos-y varios depósitos para almacenar el agua, el gas y el petróleo que salen. Los pozos en esta zona producen en promedio 14.000 metros cúbicos de gas y unos 15 barriles de petróleo al día. Una de las tuberías silba. «Está sacando gas», comenta Johnston, que añade: «El petróleo que sacamos es la guinda del pastel». Los diferentes productos son separados y almacenados allí mismo, y redistribuidos a través de una red de gasoductos subterráneos.
Junto a uno de los pozos de BNK hay una granja. Al lado de otro, una laguna en la que Johnston suele pescar percas. Así pues, el fracking no es peligroso. Ofrece independencia energética de países como Rusia o Argelia, y además el gas natural tiene unas emisiones de gases de efecto invernadero un 40% menores que las del carbón.
Ésa es la tesis de la industria. Pero el documental Gasland, en el que se describe esta actividad como un desastre medioambiental, estuvo a punto de ganar el Oscar a la mejor obra de no ficción, y ha hecho famosa una imagen en la que se ve a una persona abrir un grifo del lavabo, acercar un mechero y provocar una llamarada. Es decir: el gas ha llegado a los acuíferos. Y, con el gas, presumiblemente, los productos tóxicos usados en su extracción.
Chip Minty, portavoz de Devon, replica: «Eso obedece a una filtración natural de gas, sin fracking. Si el pozo está bien hecho, no hay filtraciones».
El 99,5% de lo que se inyecta en el fracking es agua y arena, pero el otro 0,5% es muy contaminante. En Dimock, en Pennsylvania, un pozo de la empresa Cabot explotó hace un mes, lanzando miles de litros fluidos a un río y obligando a evacuar a siete familias. «Algunos de los productos químicos que se usan son tóxicos. Pero también se usan productos tóxicos para construir viviendas», afirma Minty.
«Vamos a llevar nuestras mejores prácticas a España. Si es necesario, alteraremos nuestra operativa», ha explicado en una entrevista telefónica a MERCADOS Wolf Regener, el presidente y consejero delegado de BNK, una empresa que ya tiene 24 millones de hectáreas en concesiones en Europa. El fracking es el futuro del gas natural. Pero es un futuro incierto. Hasta 2014, EEUU no tendrá un dictamen oficial sobre los riesgos medioambientales de este sistema. Entretanto, la controversia, y las perforaciones, siguen.
Por Pablo Pardo / Ardmore
Un campo de pruebas que producirá gas en 2013
Es un decreto perdido en el Boletín Oficial de Cantábria, publicado el 11 de abril de 2011 y sin el boato que trajo consigo el Plan Eólico. Pera la decisión del Gobierno de Cantabria, hoy en funciones y entonces con plenas facultades compromete el futuro de cerca de 25.000 hectáreas de la comunidad autónoma. BNK Petroleum, a través de su filial ibérica Trofagas, comenzará este mismo año una labor de prospección en la región que prevé, ya en 2013, que los primeros pozos perforadossufran la virulencia de la estimulación por fractura.
Son tres palabras que hoy por hoy resultan inauditas, pero que se resumen en el anglicismo ‘fracking’, una técnica que convertirá Cantabria en un campo de entrenamiento en España. Los municipios afectados por la concesión del permiso de investigación serán San Vicente de la Barquera, Valdáliga, Rionansa, Tudanca, Udías, Cabezón de la Sal, Ruente, Cabuérniga y Los Tojos. Pero esa investigación que dice haber resuelto el Gobierno es, para la multinacional, l puro derecho a la explotación, o al menos así lo entienden fuentes de la propia compañía.
Los principales problemas que señalan las organizaciones críticas con el ‘frcking’ toman en Cantabria dimensiones titánicas. Sobre todas, la contaminación de los acuíferos con sustancias tales como cianuro, arsénico o resinas radioactivas. Porque en la comunidad autónoma, el subsuelo es un laberinto intrincado que se conecta de mil y una formas, todas incontrolables, / JUAN DAÑOBEITIA
Noticia extraida de El Mundo Cantabria nº 1.192. 12/06/2011



