Mientras probablemente estáis preparando la cena y los últimos arreglos para celebrar la salida y la entrada de año, yo estoy acabando mi jornada de dar vueltas por Gaza. Ahora estoy montada en el coche con el sol de las 3 de la tarde dándome en la carita. Qué gusto que en los últimos dos días no haya llovido ni soplado el viento muy fuerte.
En un kiosko unas niñas compran patatas y snacks salados (de marcas americanas mundialmente extendidas). Esas comidas rápidas y poco saludables están a precios más asequibles que las frutas y verduras… Y ya ni hablemos de los huevos, el pescado y la carne. Una mujer con hiyab morado está sentada delante de su tienda, pensativa. Ajena a que esta noche es nochevieja.
Los niños corretean y serpentean entre los coches y carros tirados por burros que pasan. Me parece increíble que los conductores tengan los reflejos suficientes para no llevarse ninguno por delante. Un grupito incluso nos increpa, porque nuestro neumático está a punto de pasar por encima de su juego en la arena. Juegan a algo llamado Bananeer, que es un agujerito en la arena donde tienen que colar las canicas desde cierta distancia.
Unos niños están volando unas cometas blancas en medio del campamento de tiendas. Otros niños están ayudando a su padre a cargar una bombona de gas en su carretilla. Afortunada su familia sí, hoy cocinan con gas, porque el Kg está a 100 shekel (casi 30 euros), es decir, una bombona de 5kg son 135€, que es mucho aquí.
En un puesto en que venden los esqueletos de lo que fueron árboles, los señores se afanan en despedazar en piezas más pequeñas las ramas y los troncos con un cincel y un martillo. Bendita paciencia. Unos chavales están traspasando unos sacos muy pesados, de lo que parece arena, de una carreta a otra. Hay un continuo trajín de burros que arrastran carretas, coches, personas yendo y viniendo del mercado.
Todo parece tranquilo. Todo parece seguir su curso. La población sigue como un día más. Ajena a que esta noche se acaba el año. Y ajena, en parte, a que podría ser un día menos en la cuenta atrás para que más de 30 ONG internacionales sean vetadas por Israel para continuar sus actividades en Gaza y Cisjordania. Mi prolongado silencio se ha debido a una falta total de energía para escribir ante tanto sufrimiento. Al paisaje de destrucción y al sonido de las detonaciones se le ha sumado la bajada drástica de temperaturas y la incertidumbre de lo que pasará con las nuevas reglas de registro de las ONGs internacionales que Israel ha implantado y que pueden dejar en peligro de perder ayuda vital y urgente para toda la población de Gaza.
Empecemos por el tema del invierno. Ha llegado, y lo ha hecho con fuerza. No es que haya sido una sorpresa o un acontecimiento extraordinario. Claro que el invierno siempre llega después del otoño, también en esta parte del mundo. Así que las consecuencias drásticas que está teniendo en la población eran totalmente previsibles y prevenibles. Sinceramente estoy cansada de esto. No es un drama climático. Es un daño hecho por el ser humano, premeditadamente. Mientras hay bebés muriendo de hipotermia los camiones llenos de tiendas y materiales de invierno esperan haciendo cola en Karem Salam a que Israhell dé luz verde. El clúster de refugio y abrigo ha confirmado que de 270.000 tiendas que deberían haber entrado sólo lo han hecho 50.000. Habréis visto vídeos en las redes sociales o noticias sobre la gente intentando salvar sus tiendas, que se las está llevando el viento, las olas o se están inundando.

La noche del pasado sábado hubo un temporal muy fuerte. El domingo 28 las imágenes desde el coche me rompieron el corazón, viendo cómo las inclemencias meteorológicas han dejado a muchas personas sin ningún tipo de refugio. El paisaje era desolador. Todas las tiendas en la arena de la playa se habían volado o mojado. El temporal está trayendo olas muy muy grandes que alcanzan incluso las tiendas en la calle más cercana a la arena. Incluso el hospital de campaña de la Media Luna roja Palestina tiene una laguna enorme en medio de su recinto.
Durante las noches de temporal dormir escuchando la lluvia tan fuerte afuera se convierte en un imposible… Ni me puedo imaginar cómo son estas noches para la población. Muchos pasan la noche en pie porque el agua llega por encima de los tobillos. O salen a trazar un perímetro alrededor de sus tiendas, construyendo murallas chiquititas de arena, y una canalización por fuera para tratar de controlar las riadas que corren. Como construir castillos de arena en la playa, con foso incluido, intentando que el mar no se los lleve…. Pero sin ser un juego.

Ojalá más sol. Más y más sol. Una compañera gazatí me decía el otro día… «Siempre habíamos pedido al cielo agua para nuestros cultivos, pero ahora… insha’Allah tengamos sol. Si Allah quiere». Otras compañeras me dicen que adoraban el invierno. Solían amar esta época del año. Pero apreciar su belleza es un lujo y privilegio del que ahora no gozan. El privilegio de tener un refugio donde el frío no duela, donde poder disfrutar de una bebida humeante y un sofá que abrace mientras afuera el mundo se enfría y se sigue cayendo a pedazos.
A pesar de que todo se desmorona el pueblo palestino es impresionante. Son increíblemente solidarios y amorosos. No sé cuántos regalos he recibido en las últimas semanas. La expresión de gratitud y aprecio se derrama en cada detalle de la vida cotidiana. El guarda de nuestra casa me acerca un ramito de dátiles en la noche, mientras hago una reunión frente al ordenador en el patio y me estoy quedando heladita. Mi amiga y compañera Najla me regala una taza de leche caliente muy espesa con especias (sajlab), porque he llegado al centro de salud por la mañana temprano y a la sombra hace un frío increíble. Shymaa, también enfermera y amiga me manda por medio de un conductor una cajita hasta el hospital. Al abrirla pone «Para la chica más fuerte que he conocido. ¡Sigue así!» Y es un collar de plata con la silueta de una escaladora en una montaña.
¿Yo la mujer más fuerte? Me lo dicen chicas que han sobrevivido 26 meses a un genocidio. Que han perdido familia y amigos. Shymaa perdió a su prometido. Por fin habían decidido dar el paso, tras conocerse durante 5 años en la universidad. Me dice que aún hoy no lo ha superado. Seguir levantándose cada mañana a entregar lo mejor de sí misma en las urgencias, sonreír con amabilidad a los pacientes y mostrarse esperanzada. Eso es la fortaleza más grande.
Hoy enumero mis propósitos de año nuevo: Alto al fuego definitivo y real ya. Que los palestinos tengan autodeterminación y puedan elegir su gobierno y su futuro. Que se permita la libre circulación en las fronteras. Que las tropas se replieguen y dejen a los gazatíes volver a poblar su tierra (Siempre suya y de nadie más). Que los niños y las niñas que esperan en camas de hospitales puedan irse a otros países a recibir la atención médica que les corresponde por derecho de nacimiento. Que se reconstruyan colegios, hospitales, casas y edificios civiles, que haya restaurantes y cafeterías para encuentros. Que los niños y niñas vuelvan a estudiar en las escuelas. Que dejemos a Gaza y a Palestina vivir y recomenzar, una vez más. Que Israel permita a todas y cada una de las ONGs registrarse y continuar sus trabajos en todos los Territorios Palestinos Ocupados.
Hoy cuando brindéis con champán y deseéis feliz fiestas y feliz año a vuestros seres queridos guardad un pedacito de deseo para estas personas. Mandad un poquito de calor a los palestinos que me están cuidando y me siguen enseñando los valores más importantes en la vida. La vida misma, la legitimidad de vivir en libertad, dignidad, el genuino placer que se encuentra en lo simple y lo cotidiano. La fuerza y el entusiasmo en respirar ahora y en el segundo que sigue.
Felices fiestas y gracias por estar ahí, por una Palestina libre en el 2026 y siempre.



