Después de cinco meses que comenté en la prensa (de fuentes honestas, fiables, e independientes de financieras y partidos promercantilistas; fieles al código ético informativo) las mentiras contra Gadafi, respecto a la salvaje agresión imperialista apoyada en estrategias servilistas, -entre otros por el gobierno español- y respaldada por el consejo de “seguri-guerras” de la ONU, quien resolvió proteger la zona de exclusión aérea. Ahora, a punto de consumar la ocupación, la destrucción calculada para el saqueo del petróleo y el negocio de la reconstrucción, han cometido crímenes contra la humanidad, ocasionando un genocidio superior a 50.000 personas, por faltar la OTAN a dicha resolución, siendo máximos corresponsables los estados colaboradores militarmente. Por ello, debieran ser juzgados por la Corte Penal Internacional. Sin embargo, a quien persigue es a Gadafi, por defenderse de la agresión exterior, camuflada por algunas tribus locales simulando al exterior represión interna. ¿A quién va a defender sino al Pentágono y a la oligarquía globalizadora que la crearon para confundir y engañar a los pueblos con los derechos humanos a su medida?. Ante esta indecente realidad, ¿cómo no cuestionarse las pervertidas instituciones, sostenes del capitalismo ya caduco y agónico?.
Resulta fácil manipular la información despotricando contra la política de Libia, sin querer entender que la cultura islamista es totalmente diferente de la occidental y que el régimen gadafista funcionaba con cierta respetuosa democracia participativa. Por ello, es entendible que se le carguen, dada su política socializante e igualitaria, planteando un desafío a la precariedad del mercado, presentado por el capital como modelo de libertad, bien entendida ¡¿para vivir en la calle?!…
El conflicto de Libia explotó cuando Gadafi propuso al gobierno y a la cámara legislativa nacionalizar el petróleo y destinar su importe al servicio del pueblo, planificando un desarrollo más justo y creativo. Fue entonces, cuando saltó la alarma imperialista yanqui, iniciando urgentemente la preparación para el golpe de estado –no declarado- . Encabezado por un ministro traidor al gobierno (considerando las diferencias) como ocurrió aquí con el golpe fascista del 36. En cualquier caso, lo ocurrido en Libia y a su líder, pasará a la Historia, como una de las grandes canalladas, (lo legal injusto jamás será legítimo) del .neocolonialismo militar rapiñoso de los recursos naturales en su desesperada recesión.
Por otro lado, ¿cuál sería el veredicto popular, mediante elecciones libres que Gadafi proponía, siendo Libia el Estado con mayor desarrollo humano, cultural, de poder adquisitivo y esperanza de vida del continente africano?. Dicha propuesta hubiera sido la solución menos traumática y más respetuosa buscando negociación pacífica. Pero como la suerte ya estaba echada, ahora la trágica situación de injusticias e impotencia, hará de la venganza la convivencia con todo tipo de atentados terroristas como dramática respuesta al demoledor terrorismo sistémico ultraliberal.
Quienes leyeran mis anteriores comentarios, comprobarán que el problema que desencadenó el conflicto, no era el largo mandato, como se demostró cuando el líder se abrió ingenuamente a Occidente para negociar el petróleo, renunciando a su proyecto nuclear; lo cual pone de manifiesto que estas críticas están evidentemente justificadas. Es cierto que el largo poder corrompe, pero será menor la supuesta tiranía si mejora la calidad de vida ciudadana. Resulta patético que esto le haya ocurrido a Libia por haber renunciado a su programa nuclear, en busca de un desarrollo pacífico. “Otro gallo le hubiera cantado” de haberlo previsto. Esta claro que la ingenuidad en política se paga cara. Sin embargo, creo firmemente en la noviolencia activa como la mejor arma disuasoria y convincente. Pero ¡“el miedo ayuda a guardar la viña”!…
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