Hay miedo, las cosas no van bien

Cada día, en mi casa, mis padres son los primeros en levantarse. Mi padre recoge el lavavajillas, lleva a mi hermano al colegio y se va a trabajar. Mi madre prepara la comida y se va a trabajar. Yo me levanto una hora mas tarde, limpio la cocina y me voy a clase, no veo a mis padres. Volvemos a casa a la hora de cenar, después de todo el día trabajando. Y bastante.Es una rutina, es horrible, se repite cada día, semana a semana. Deseas que se rompa. Deseas unas horas para ti misma mientras es de día, pero no las tienes, desconectas un rato renunciando a horas de sueño ante el ordenador, el día siguiente te levantarás cansado, como siempre.Deseas que se rompa.Pero algunos días se rompe, y te das cuenta que una rutina rota no tiene por qué ser una mejora.Hay días que se me rompe la rutina, se nos rompe a todas en casa.Mi madre entra en mi habitación, temprano, cuando se levanta. Siempre me hace la misma pregunta:-Te has enterado de los anarquistas que han detenido?Claro que me he enterado, no les digo nada nunca de estas cosas, no les quiero preocupar. No les quiero decir que estoy cagada, que pienso en qué fichero de la policía debo de estar, que conozco a algunos de los detenidos, que soy amiga de compañeras con la casa registrada, que tengo amigas poniendo peor cara cada día que se acerca el juicio.-Algo he oido, pero bueno, no creo que hayan hecho nada. Esto siempre es igual, meten miedo, alguna prision preventiva por poco tiempo, luego saldran a la calle y no habra pasado nada.Siempre le digo algo por el estilo, medio adormilada. Pero mi madre no se chupa el dedo, sabe que no es tan sencillo como lo pinto. Sabe que detrás cada detenida hay una historia, de amigos que se preocupan, de padres que lloran, de etiquetas de radicales terroristas.Ella sabe que yo milito, que pierdo horas de sueño, de ocio y repito asignaturas porque doy muchas horas a luchar, a mejorar la mierda que nos ha tocado vivir. y yo no considero que viva mal, pero que tengo que hacer sino luchar?, si cada día que cojo el autobus veo a los mismos dos abuelos buscando comida en la basura, si veo jóvenes del barrio, de aquellos que sólo conoces de vista, recogiendo chatarra con un carro de la compra mientras hacía unos años los veía pasando las tardes en los bancos del parque, el mismo parque donde iba yo con mis amigas… no me planteo ninguno otro camino.Mis padres no tienen muy claro donde estoy organizada, no me gusta preocuparlos.Mi madre me pregunta si mi organización es anarquista, si creo que estoy fichada… toda la pesca. Se preocupa mucho, supongo que ninguna madre quiere ver a su hija, detenida, o encerrada, o ablandada en comisaría. La conversación es muy tensa, es aquel punto donde la preocupación y el estar enfadado están muy juntos. Ella sabe que yo no me enfado con ella porque me pregunte, porque se preocupe, la verdad es que se lo agradezco. Yo sé que ella no esta enfadada conmigo por las cosas que hago y las ideas que tengo, todo lo contrario. Pero no quiere que lo pase mal, y a mí no me importa tanto la represión como que incluso cuando esta no ha tenido lugar, ella ya está sufriendo, ya le esta haciendo daño.Me pregunta qué cosas tengo al ordenador, me pregunta si creo que tendría que llevar los libros sobre politica a casa de algún familiar, que hago en las manifestaciones…¿Se piensa que vendrá alguien de madrugada a revolvernos la casa porque soy un peligroso disidente ideológico? Le digo esto mismo, con un tono como en broma. En plan: Ei, ¿pero cómo quieres que la policía actúe tan a saco?Me pregunta: ¿Y si pasa?Ella sabe que puede pasar.
La conversación que rompe la rutina siempre sigue el mismo esquema, con pequeñas variaciones. Llega un punto donde yo quiero decirle que no pasa nada, porque si yo, que sé como va todo esto, le muestro mi preocupación, ella estará peor todavía. Ella me quiere hacer ver que hay mucho peligro, me dice que esté un poco en segunda línea, que no vaya a manifestaciones de las que acaban con detenidas (cómo si alguna se salvara), que estudie y que me lo pase bien, porque total: sois muy buenos chicos, pero no arreglaréis nada y os harán daño.
Acabamos llorando muchas veces. y nos abrazamos.
Mi padre no dice nada, ni siquiera está presente cuando hablamos estas cosas. Yo sé que él esta en su habitación, y sabe de qué hablamos. O hay días que marcha más pronto, para no oirnos, por no preocuparse. Si él esta preocupado, mi madre todavía se pone peor. Es uno de esos hombres hechos a la antigua, que lleva las cosas por dentro. Cada cual lleva los probemas como mejor sabe, y no le culpo.
También les preocupa ver como mi hermano piensa cada vez más como yo. Ya tienen bastante con preocuparse por una hija, no quieren dos potenciales represaliados. Me dicen que no hable de política cuando cenamos. Ya no ponen la SER, ni Onda Cero en la radio, a la hora de cenar ponen cualquier emisora donde sólo suene musica.
La conversación que rompe la rutina hace llegar tarde a mi madre a trabajar, con cara de haber llorado; hace que mi padre y yo nos distanciamos más; hace que mi hermano deje de ser un niño.La conversación que rompe la rutina me hace perder la primera hora de clase y la concentración para estudiar durante todo el día. y por eso, ahora escribo, para compartir lo que me preocupa. Porque se que mi casa no es el único lugar donde se ha roto la rutina después de una huelga, con Pandora, con Piñata…
Esto lo he escrito porque ya son demasiados días en que me madre acaba llorando y la hacen dormir mal. Porque pienso en Elena, en Bruno… en sus padres y en cómo lo deben de estar pasando. Porque pienso en todas las que tienen miedo, las que están encerradas, el dolor de sus familias y amigas y sé que no tiene ni punto de comparación con que de vez en cuando se rompa la rutina en mi casa.
Cada vez hay más peligro, cada vez hay más motivos.
Ahora más que nunca, seguimos.
Extraído de barcelona.indymedia.org

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