Librerías autogestionadas, librerías del común

La librería “La Libre” de Santander es un espacio autogestionario dedicado al impulso del pensamiento crítico en el corazón de la ciudad cántabra. Un lugar para la reflexión y el aprendizaje con una directa vinculación con el mundo libertario.

“La Libre” funciona en base al trabajo voluntario de una serie personas militantes que se organizan de forma asamblearia. En sus estantes podemos encontrar todas las novedades del libro anarquista, de la literatura de avanzada y de la cultura transgresora y progresista. En su local se desarrollan habitualmente actividades culturales y artísticas contestatarias. Por ejemplo, a finales del mes de abril se impulsó una jornada sobre la economía libertaria en la que debatimos varias personas dedicadas al estudio y la investigación sobre la experiencia de las colectividades durante la Guerra Civil.

Este espacio, como toda experiencia autogestionada de nuestro tiempo, depende de la solidaridad activa de quienes lo utilizan para su mantenimiento. De hecho, muy recientemente se ha tenido que enfrentar a un intento de la propietaria del local que ocupa de venderlo. Y lo que se ha propuesto es activar a su masa social para proceder a la compra de la librería. Cualquier ayuda financiera para ello por parte de quienes lean este texto será muy bienvenida.

Pero “La Libre” no está sola. En todo el territorio ibérico hay una multiplicidad creciente de librerías asociativas, vinculadas con proyectos políticos antiautoritarios, que difunden el pensamiento crítico y constituyen una infraestructura básica para la articulación del mundo cultural libertario.

Estamos hablando de espacios como la Fundación Anselmo Lorenzo, Enclave de Libros o la librería asociativa Traficantes de Sueños, en Madrid. El local o Aldarull en Barcelona. Cambalache en Oviedo. Atrapasueños en Sevilla. Katakrak en Pamplona. O La Pantera Rossa en Zaragoza. Y nos dejamos muchos más. Seguro que quien lea este texto podrá añadir librerías más cercanas a su territorio a esta lista que no intenta ser exhaustiva.

Muchas de estas librerías tienen orígenes directamente vinculados con los movimientos sociales y el anarcosindicalismo. Traficantes de Sueños, por ejemplo, nace a finales de los años noventa en Madrid en relación directa con el llamado “movimiento autónomo” de la capital. En sus distintas ubicaciones se han desarrollado todo tipo de actividades de los movimientos más diversos: presentaciones de libros, conferencias, eventos artísticos y culturales, debates encendidos, recitales poéticos y proyectos cooperativos. La Malatesta una librería ya desaparecida del barrio de Lavapiés de Madrid, era un espacio declaradamente anarquista en el que se desarrollaron muchos de los más candentes debates del movimiento libertario en los años luminosos del 15-M.

Es más, muchos de estos espacios también se han constituido en auténticos “hubs” (ahora que está de moda esta palabreja) de iniciativas de economía social y solidaria, autogestión y activismo cultural. Redes dedicadas a la soberanía alimentaria local y regional, cooperativas de consumo, entidades de intervención social y comunitaria, grupos de apoyo a migrantes y espacios feministas…proyectos de todo tipo han encontrado refugio en estas librerías que, normalmente, son algo más que lugares donde se venden libros.

Además, es usual que estas iniciativas también impulsen su propia editorial para publicar textos relacionados con el pensamiento crítico y las alternativas al capitalismo. Gran parte de las novedades bibliográficas dedicadas a las luchas sociales que se producen en nuestro país cada año provienen de estas editoriales vinculadas a las librerías asociativas y alternativas. Sin ellas difícilmente hubiéramos llegado a conocer a muchas las mentes más brillantes de nuestro tiempo como Silvia Federici, Jason W. Moore o Antonio Negri, independientemente de que comulguemos o no con sus posiciones políticas.

El anarcosindicalismo necesita de espacios como estos. El libro, la palabra escrita, la cultura y la educación han sido siempre señas de identidad de lo libertario. El anarquismo es fundamentalmente un proyecto pedagógico, una tentativa de autoeducación y autoconstrucción de la clase obrera como el sujeto activo capaz de edificar una sociedad distinta. El libro es un arma de batalla en la lucha de clases con un impacto que muchas veces supera al de las municiones de los ejércitos convencionales. En el libro encontramos la memoria de nuestras luchas, las propuestas para el avance hacia el futuro y la expresión de nuestros deseos, vulnerabilidades y contradicciones. El ecosistema del libro es el sistema operativo de nuestra alternativa política desde hace ya dos siglos.

Y las librerías autogestionadas y asociativas son los templos laicos del libro anticapitalista, los nuevos ateneos libertarios que expanden la cultura a la contra. Es difícil construir pensamiento complejo sin el auxilio del libro y la letra escrita. Es difícil compartir la experiencia de las luchas sin el hábito lector. Donde hay anarcosindicalistas hay un periódico, se decía en los inicios del siglo XX. Y un periódico (en papel o virtual) es un “organizador colectivo” porque a su alrededor se establece una trama de relaciones, afectos, impulsos y debates que constituye una organización en sí misma, un proceso de coordinación de esfuerzos y clarificación ideológica.

Las librerías son nodos importantes en la red organizativa de la clase trabajadora. Debemos cuidarlas, disfrutarlas, impulsarlas, apoyarlas. Frente a la gentrificación de los barrios, la mercantilización de la cultura, la conversión de la acción política y sindical en espectáculo, librerías como “La Libre” son una muestra definitiva de que quienes resisten al caos capitalista siguen teniendo muchas cosas que decir (y que escribir).

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