Ojalá. Palabras sobre okupación, intoxicación mediática y guerra entre pobres

Ojalá. Palabras sobre okupación, intoxicación mediática y guerra entre pobres

Las campañas mediáticas de criminalización de la okupación son una tradición periodística que lleva años operando en los principales medios del estado español. La hostilidad que está tomando esta ofensiva noticiera, promovida por grandes promotores inmobiliarios y empresas privadas de seguridad, así como alimentada por los partidos políticos (cada cuál con sus matices, desde la indiferencia hasta el odio más encarnizado) a poco más de un año de las próximas elecciones generales, está llegando a límites insospechables.

Sin embargo, bajo una lógica basada en proteger los intereses de grandes propietarios e incentivar el mercado de la vivienda, no hay nada que reprochar a quienes tienen claro sus objetivos y los persiguen. Ya lo dijo bien claro el multimillonario Warren Buffet hace unos años y es que “existe una guerra de clases y los ricos la están ganando”. Para que esta afirmación sea tan aplastante hoy en día, se hace necesario la “guerra entre pobres”. Es decir, la capacidad de infundir desconfianza, terror y miedo entre las clases populares, ganemos o más o ganemos menos, curremos o no curremos. Las campañas antiokupación funcionan exactamente de esta manera mediante un vocabulario militarista que crece día a día. Basta con tragarse unas cuántas sesiones de tertulias televisivas y leerse varios titulares para encontrar frases como “Guerra a los okupas”, “okupas inmunes”, “batalla a la okupación”.

En Cantabria uno de los resultados de estas recurrentes campañas es la cada vez más normalizada presencia de empresas de desokupación en los desahucios. Sin ir más lejos, antes del verano, la calle alta se llenaba de panfletos en sus buzones sobre una nueva empresa de desokupación afincada en Cantabria. El pasado Septiembre la empresa “desokupación Legal” afincada en Madrid, estuvo presente en un intento de desahucio en la calle San Simón de Santander, aunque afortunadamente no tuvieron que entrar en acción. Lo cierto es que aquel desahucio no correspondía a ningún tipo de ocupación y, sin embargo, este tipo de empresas que operan entre la colaboración institucional y las prácticas mafiosas, en determinados casos con vínculos con la extrema derecha, basan su actividad en combatir este concepto, pero han proliferado para sacar a la gente de las casas incluso en una amplia gama de situaciones que no tienen que ver con la ocupación como tal. Si de información hablamos, en Cantabria en 2021 la ocupación ilegal de viviendas disminuyó, mientras que los lanzamientos –las expulsiones de viviendas, los desalojos, aumentaron.

Este boom mediático de intoxicación que tiene sus picos y tiene que ver más con la financiarización de la vivienda, la subida de los precios del alquiler y las grandes cantidades de desahucios por ejecuciones hipotecarias o impagos de alquiler, que con un aumento de las ocupaciones de viviendas, que en muchos casos es irrisorio y en otros ni siquiera es cierto, va acompañado de otras medias verdades y mentiras directas. Como ya hemos recordado muchas veces, muchos de los casos mediáticos que salen por televisión confunden el allanamiento de morada con la usurpación de la vivienda. Confunden el impago de alquiler con el acto de ocupar. También se afirma repetidamente que los principales afectados de la ocupación son propietarios particulares en vez de fondos de inversión y entidades bancarias, cuando hay nula capacidad de demostrar esto con argumentos, experiencias y/o datos.

Afortunadamente, existen medios que tratan de contrarrestar las falsedades y los sucesos tratados con informaciones amputadas y sesgos sensacionalistas. Sin embargo, prácticamente la totalidad de esta contra-campaña, que más o menos puede llegar a una opinión pública generalizada con cierta inquietud por entender mejor el fenómeno de la okupación/ocupación, se limita a desmentir los bulos. Pensamos que, aunque necesario, esto no habla de otras cuestiones que son cruciales.

Un ejemplo puede ser la reciente aparición de el juez Diego Álvarez de Juan, titular del Juzgado de Instrucción 3 de Reus (Tarragona) en Espejo Público de Antena 3 y Cuatro al día. Que tenga que aparecer un juez para decir lo que todo el mundo puede averiguar investigando un mínimo sobre el tema, es un claro indicador de la abismal asimetría que los medios contrainformativos y la prensa alternativa tienen respecto a los mass media y cabe preguntarnos cómo tratar la información en torno a las ocupaciones. ¿Limitarse a desmentir bulos de grandes cadenas televisivas financiadas por los principales grupos empresariales interesados en seguir especulando con la vivienda, o también apoyar la ocupación como herramienta de lucha y supervivencia ante la cada vez más dificil tarea de mantener un lugar digno donde vivir?

En este sentido, el artículo de Ana Coluta “La Okupación, el fantasma de sobremesa” es uno de los artículos que nos parecen más acertados para ir más allá en los aspectos que tratar sobre esta problemática. En dicho texto se afirma “frente a campañas de este tipo, los datos y las estadísticas suelen ser útiles solo a medias, porque de lo que se trata en este caso es de si ocupar viviendas y locales es legítimo o no”. Lejos de romantizar un acto que para una parte de la población pueda haber ido más allá de la estricta necesidad, como quienes se implicaban y se implican en el movimiento de okupación de centros sociales autogestionados como herramienta de lucha social, cultural, política, si muchas personas dan el paso para ocupar, en efecto se trata por que no les queda otra. El refuerzo del estigma, las condiciones en las que se hace, las consecuencias legales, así como la falta de apoyos alrededor, no lo convierte en una experiencia de vida gratificante como tantos charlatanes con el sustento económico resuelto recalcan con ironía. Sin embargo,  la forma de habitar estas experiencias puede transformarse si existen movimientos que los sostengan y los apoyen y no permitan que la ocupación sea únicamente un chivo expiatorio para la sociedad, sino también una amenaza real en este sistema que necesita mercantilizar las necesidades más básicas (agua, techo, alimento, afecto, convivencia) para seguir funcionando.

¿Qué pasaría si en efecto la ocupación de casas abandonadas fuera un fenómeno que causara alarma social por su condición masiva y no un cuento de ciencia ficción por televisión? Es posible que las campañas antiokupación sean precisamente uno de los tantos métodos preventivos para evitarlo. Cabe replantearse permanentemente cómo difundir y actuar ante este hecho que está causando tanta crispación innecesaria entre las personas que habitamos los mismos lugares y que sufrimos problemas tan similares como la dificultad de acceder a una vivienda y de vivir donde queremos.

Artículo del Boletín Briega en papel Octubre 2022

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