Me han encargado que escriba un artículo describiendo lo que es la PermaCultura, y lo mejor que puedo decir al respecto es que es mi pasión. Lo es desde que entré en este mundo de la mano de mi hermana AnaMargarita. Ella pertenecía a un grupo de gente interesada en la PC, pero que no tenían formación. Un verano decidieron traer a un profesor inglés y necesitaban intérprete. Mi hermana me decía «Sara, ven a hacerlo tú, yo no sé explicarte lo que es, pero es el futuro, estoy segura». Así que allí me fui, con mi hijo pequeño recién nacido, la siguiente con 2 años, el mayor con 8, y mi hermana que decía que todo iría bien…
Yo no las tenía todas conmigo, así que cuando llegamos al gimnasio de aquella escuela que nos habían dejado como local y vi a un tipo alto y rubio, deduje que debía ser el profesor y me dirigí hacia él para presentarme y disculparme por el atrevimiento de pretender hacer un trabajo en aquellas condiciones. Antes de que yo pudiera hablar, él me había visto y, con una enorme sonrisa, me dijo «Muchas gracias por traer a tu bebé al curso». A mí me dejó más o menos sin habla, pero una oleada de calor y satisfacción recorrió mi cuerpo. Y es que no era broma. Él lo consideraba una riqueza. Evidentemente estaba entrando en un mundo diferente.
Hoy han pasado ya 7 años desde entonces y ya voy comprendiendo lo que es la PC, de hecho, ha pasado a ser mi presente, aunque el camino es largo, y aún me queda un montón por recorrer. En todo este tiempo he llegado a entender que la eficacia no está reñida con el idealismo ni con dedicar atención a lo más pequeño de la relación entre las cosas y las personas. De hecho, cuanto más se amplía nuestra conciencia y más información somos capaces de manejar, más elaborados y eficaces serán nuestros diseños, que no por elaborados han de ser forzosamente complicados.
El objetivo en mente
En PermaCultura trabajamos con visiones, recogemos información sobre las necesidades, los recursos y los sueños de las personas y todos los seres implicados en el diseño que tratamos de hacer, e intentamos dar forma a la visión que mejor satisfaga dichas necesidades con los recursos existentes para llegar a los sueños; eso sí, sin comprometer en este proceso los recursos que necesiten los seres futuros para satisfacer las suyas.
Vale, todo esto es muy bonito, pero ¿qué es la PermaCultura? A mucha gente le suena a agricultura, y de hecho, cuando nació estaba enfocada principalmente hacia la agricultura, pero después de 31 años, su evolución la ha llevado hacia el tratamiento de sistemas globales. Así, hoy en día es un sistema de diseño que trata de integrar personas, plantas, animales, construcciones, infraestructuras (agua, energía, comunicaciones), etc. teniendo en cuenta las características individuales de cada elemento, pero también la forma en que se relaciona con los demás elementos del diseño. Un sistema de diseño que trata de aplicar la inteligencia para hacer del mundo un lugar sostenible, basando todas las actuaciones en una ética explícita que hace que nos reconozcamos como parte de lo mismo.
El conocimiento procede por un lado de la observación de los ecosistemas naturales, por otro, de la sabiduría ancestral de los pueblos primitivos y por último, del ámbito científico.
En definitiva, una recopilación de sentido común aplicada al diseño. Los recursos se aprovechan al máximo, por ejemplo, se dice que cada elemento debería cumplir al menos 3 funciones, y cada función principal no debe depender solo de un elemento, y se incluye la mayor cantidad posible de elementos en cada espacio vertical y horizontal. Asímismo, cualquier exceso o desecho producido por plantas, animales o actividades humanas se utiliza para beneficiar a otras partes del sistema.
En l os cultivos, por ejemplo, el diseño se haría de manera que el agua y el sol sean aprovechados al máximo y que las propias plantas bloqueen el viento. Se utilizan asociaciones particulares de árboles, viñas perennes, arbustos y plantas rastreras que se nutren y protegen mutuamente. El agua se aprovecha como espejo y elemento climatizador y favorecedor de actividad biológica, y cualquier borde se considera un terreno de máxima riqueza por la interacción de los ecosistemas que limita.
La base ética
La ética es, de hecho, el aspecto fundamental, el corazón y lo que diferencia este sistema de diseño de muchos otros. Se puede decir que detrás de cualquier actividad humana hay una ética, aunque ésta no sea muchas veces explícita, y normalmente tenga una orientación un tanto materialista. Los permacultores nos reconocemos en nuestro deseo de cuidar a las personas, cuidar la Tierra y poner límites al consumo y la población.
Cuidar a las personas porque a pesar de que somos tan solo una pequeña parte de los sistemas totales de vida, tenemos un impacto decisivo en ellos. Así, si estimulamos la ayuda mutua entre personas y comunidades para satisfacer las necesidades básicas de alimento, abrigo, educación, trabajo satisfactorio y contacto humano, cada vez necesitaremos menos prácticas destructivas a gran escala contra la Tierra.
Creo que el principio de Cuidar la Tierra habla por sí solo; se trata simplemente de que nos guíe en todo momento el acuerdo de cuidar de todas las cosas vivientes y no vivientes: los suelos, las especies y sus variedades, la atmósfera, los bosques, los microhábitats, los animales y las aguas. Así, diseñamos con actividades inofensivas y rehabilitadoras, con conservación activa, y con uso ético y frugal de los recursos, de tal manera que los ecosistemas queden sustancialmente intactos y capaces de funcionar saludablemente.
Poner límites al consumo y la población es el reto más difícil de la tríada, especialmente la segunda parte. Conceptos como la huella ecológica y la capacidad de carga de los sistemas nos ayudan a entender por qué no podemos seguir consumiendo hasta el indinito, pero nuestro sistema antropocéntrico parece haber olvidado que la estrategia de supervivencia de cualquier especie, cuando su población supera la capacidad de carga del ecosistema en el que vive, pasa por reducir su población hasta un nuevo nivel de sostenibilidad, no parece lógico pensar que en el caso del ser humano habría de ser diferente.
Existe un acuerdo ético adicional: el reparto equitativo de los recursos, que nos recuerda que una vez satisfechas nuestras necesidades básicas con el diseño más eficaz posible, podemos extender nuestra influencia y energía en forma de recursos, tiempo, dinero, conocimientos, contactos y otras capacidades para ayudar a otros a lograr lo mismo. Que no por haber sido la economía un ámbito de ejercicio desmedido de poder, tenemos que apartarla de nuestro diseño. Combinada con una buena ética, y basada sobre una filosofía de abundancia en lugar de escasez, puede ayudar a que los intercambios entre personas sean totalmente enriquecedores.
Los principios
Si la ética es la base de trabajo, los principios son las herramientas. Muchos de ellos no son específicos de la PermaCultura, sino adaptados de distintos ámbitos . Los clasificamos en tres categorías: principios de diseño, de actitud y ecológicos. Los principios de diseño son directrices que nos guían a la hora de integrar los distintos elementos en nuestro diseño, y los ecológicos y de actitud nos guían para encontrar orientación y soluciones creativas a cualquier situación a la que nos enfrentemos. «Á mbito local», «mínimo esfuerzo para el máximo rendimiento», «tecnología apropiada», «diversidad», «el problema es la solución», «trabajar con la naturaleza y no en su contra», «multifuncionalidad», «todo afecta a todo», «autorresponsabilidad y cooperación» son sólo algunos de los más conocidos. En el árbol de la ilustración los hemos colocado de manera que las éticas constituyen la semilla, las raíces son los principios de actitud, los ecológicos están presentes en el tronco, y los de diseño se despliegan formando la copa del árbol.
Otro ingrediente fundamental cuando ponemos en práctica un diseño de PermaCultura es la flexibilidad: empezamos a pequeña escala, y seguimos ciclos de observación-reflexión-diseño-actuación que nos permitirán crecer realizando los cambios y adaptaciones necesarios en cada momento.
Diseños y formación en PC
No hay dos diseños ni dos cursos de PermaCultura iguales; todo se adapta a las circunstancias con la máxima creatividad. Desde los comienzos allá por el 1981, cientos de personas han participado en talleres de PermaCultura, seminarios y cursos de diseño. El trabajo de los graduados de esta red global que cada vez se define con mayor nitidez le ha dado alas, ha aumentado la comprensión y apreciación de los patrones de la naturaleza, y ha generado más de 4.000 modelos para una vida sustentable en 120 países.
En Europa, tenemos la Academia de PermaCultura, con nodos en 6 países conectados entre sí por el acuerdo sobre los estándares de formación y certificación, consensuados por la comunidad de PC en los encuentros mundiales cada 4 – 7 años. Así, para obtener el Diploma en diseño de PermaCultura, primero ha de hacerse un curso de 72 horas (mínimo) con el cual se obtiene el certificado. Después de esto, debe transcurrir otro mínimo de 2 años de «aprendizaje en acción» en los cuales el aspirante diseña, documenta y pone en marcha proyectos en los que aplica los principios. En este proceso le acompaña un diplomado que hace las veces de tutor.
En España, tenemos dos nodos, el Instituto de PermaCultura Montsant, y la Academia de PermaCultura, con la cual yo colaboro organizando cursos (y también como profesora aprendiz). La Academia tiene una oficina virtual que nos permite trabajar juntos aunque nos separen muchos kilómetros, los profesores forman una cooperativa y los organizadores nos apoyamos mutuamente a través de encuentros mensuales en la web.
Y este es mi sueño que empieza a hacerse realidad, la visión que imaginé hace 7 años cuando empecé a oír hablar de «paisajes comestibles» y «tractores de gallinas», de redes para compartir coches y de apoyarnos en lugar de competir, que empieza a tomar forma.
En nuestra página web (www.geocities.com/reddepermacultura) puedes encontrar más información y enlaces a todos los demás nodos, y a muchos otros sitios relacionados.
(Artículo escrito para el Acebuche por Sara Arnaíz).



