Como todxs sabréis nuestra constitución no es ni la portuguesa, ni la italiana, ni la colombiana, ni la española, ni ninguna otra absurda compilación de palabras y frases que en un momento «x» de la historia los sabios de tal o cual nación con un lenguaje de la mas rebuscao posible plasmaron sobre un papel después de comerse la cabeza durante horas, días e incluso meses para que al final las gentes sobre las que recaería este compendio no entienda ni los puntos, ni las comas y solamente comprenda los puntos esenciales a base de sumisión continuada en el tiempo sea cual sea su forma.
¡NO!. Esto no es una constitución. Nuestra constitución no debería ser algo escrito por gente que hoy en día ni siquiera existe o, al menos, si existe, es en forma de cadáver andante. La constitución es aquello que nos constituye, lo que nos forma y no lo que nos trasforma, son nuestros filamentos venosos, nuestras arterias, nuestros músculos, nuestros órganos, nuestra piel, nuestro corazón e incluso nuestro cerebro. Aquello sobre lo que tienes una certeza absoluta de existencia, la verdad suprema. Aquello que te mueve o por lo que te deberías mover. Esto y sus relaciones es lo que realmente te constituye. Y ese libro (por llamarlo de alguna manera), grueso e inquebrantable, viene a ser lo que te sustituye. Lo que sustituye tu devenir y tu porvenir, lo que invade al fin y al cabo tu constitución. Ahora que se acerca un momento crucial, la cruz en el papel, el nombre de aquel o aquella, las siglas de este o aquel, la incursión del suave papel a través de la rendija de tu sustitución se plantea como necesidad máxima el realizar este acto efímero, como si tu vida dependiese de ello. Pero no es tu vida la que depende de este acto sino la de aquellxs o la de aquello que se alimenta de la constitución de papel, la que te sustituye. Aquellxs que se inventaron esa frase incongruente de «quien no vota, no tiene derecho a quejarse» (¿como pueden tener la cara de hablar de derecho político cuando éste es limitado al acto de la sustitución?) como si el control sobre tu propia vida, y la necesidad de solucionar tus problemas en sociedad tuviese que nacer y renacer solamente cada cuatro años del simple hecho de elegir.
El acto de votar siempre tendrá un valor, un valor supremo dentro de esta sociedad, ya que es a través de este acto cuando se consagra y se verifica la norma, la ley, cuando el ser democrático acepta y apoya el edificio social que sustituye su constitución, es el acto a través del cual se le sigue dando importancia al juego político que permite que las cosas sigan igual de mal, es el acto que con bellas palabras siempre te incitaran a realizar. De ahí que tenga tanto valor y que ese valor te sea transmitido aunque ni siquiera te pares a pensar de donde surge esa necesidad que los nuevos sabios del s. XXI consideran tan
PORQUE CRECEN POR TU IGNORANCIA,PORQUE SE ALIMENTAN DE TU EXPLOTACION,PORQUE SE REPRODUCEN POR TU PARTICIPACIONEL VOTO ES TU RENDICION, LA SUSTITUCION DE TU CONSTITUCION.POR LO UNICO QUE SIGUE VALIENDO; VIVA LA ABSTENCION.
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