Transgénicos: cultivos de diseño a la medida de los intereses de la industria transnacional

La ingeniería genética se suele definir como una técnica que permite manipular los genes de los seres vivos. Pero algunas personas sospechamos que en realidad no es esa su principal finalidad, sino más bien facilitar a un puñado de grandes compañías transnacionales el control de la alimentación y -en definitiva- de nuestras vidas.
Globalización y concentración industrial
La globalización ha acelerado el proceso de concentración industrial en todos los sectores de la economía. Cada vez hay menos empresas, y más grandes. En el año 2000, 59 compañías figuraban entre las 100 economías más importantes del planeta. La lógica de este proceso es evidente: eliminar la competencia en unos mercados cada vez mayores y generar una creciente dependencia que asegure las ventas. Aunque la alimentación representa menos del 10% del comercio mundial de mercancías, se trata de un sector estratégico clave, que no ha escapado a esta dinámica. La ingeniería genética ha desencadenado una espiral de compras y fusiones empresariales sin precedentes en el rubro agroalimentario, favoreciendo su control por grandes compañías transnacionales.
La posibilidad de utilizar seres vivos manipulados genéticamente en la producción industrial despertó enormes expectativas comerciales en los años 90. Desde entonces, la industria “de las ciencias de la vida” ha crecido extraordinariamente, convirtiéndose en un poderoso sector económico dominado por grandes trasnacionales farmacéuticas y del ramo agroquímico, que mueven sustanciosas cifras de negocio. El proceso de concentración empresarial de la industria biotecnológica ha sido rapidísimo, llevando a un control de los mercados por unas pocas compañías. En 2004, las 10 mayores empresas del sector farmacéutico controlaban casi el 60% de unas ventas globales de 415.000 millones de dólares, un volumen equivalente a casi la mitad de la renta bruta española en ese mismo año [1] . La concentración era aún mayor en el ramo agroquímico: 10 empresas acaparaban el 84% de un mercado global estimado en 29.566 millones de dólares; las 6 mayores controlaban el 71% y las 2 mayores un tercio del mercado. Algunos expertos pronostican que para 2015 el negocio de los pesticidas convencionales estará en manos de tres compañías agroquímicas: Bayer, Syngenta y BASF. [2]
 
LAS 10 MAYORES EMPRESAS FARMACEUTICAS (2004)

Compañía Ventas de
fármacos
en 2004
(millones $$)
Beneficios
en 2004
(millones $$)
Puesto según
beneficios
1. Pfizer 46.133 11.361 1
2. GlaxoSmithKline 32.853 8.095 4
3. Sanofi-Aventis 32.208 10.122 2
4. Johnson & Johnson 22.128 8.509 3
5. Merck & Co. 21.494 5.813 5
6. AstraZeneca 21.426 3.813 8
7. Hoffman La Roche 19.115 5.344 7
8. Novartis 18.497 5.767 6
9. Bristol-Meyers Squibb 15.482 2.831 9
10. Wyeth 13.964 1.234 10

FUENTE:  ETC. Oligopolios, S.A. 2005
 
LAS 10 MAYORES EMPRESAS AGROQUÍMICAS (2004)

Compañía Ventas de
agroquímicos
en 2004
(millones $$)
% mercado
pesticidas
1. Bayer (Alemania) 6.120 17%
2. Syngenta (Suiza) 6.030 17%
3. BASF (Alemania) 4.141 12%
4. Dow (EEUU) 3.368 10%
5. Monsanto (EEUU) 3.180 9%
6. Dupont (EEUU) 2.211 6%
7. Koor (Israel) 1.358 4%
8. Sumitomo (Japón) 1.308 4%
9. Nufarm (Australia) 1.060 3%
10. Arysta (Japón) 790 2%

FUENTE: ETC. Oligopolios, S.A. 2005
 
Aunque el mercado farmacéutico es mucho más lucrativo y mayor que el de la agricultura, las posibilidades del negocio biotecnológico en este campo no han pasado desapercibidas para la industria. Por un lado, la manipulación genética de los cultivos permite asegurar mayores ventas de productos químicos; por otro, favorece el control de la producción y distribución de alimentos. Las semillas, llave de toda la cadena alimentaria, son la materia prima de este nuevo negocio. La adquisición de compañías semilleras es por tanto un objetivo prioritario de la industria biotecnológica.
Gestionado por empresas familiares hasta hace relativamente poco, el negocio de las semillas ha experimentado una vertiginosa reconversión en la última década, siendo adquiridas las principales compañías por las grandes transnacionales de los transgénicos. Hoy las 10 empresas semilleras mayores del mundo controlan el 55% de las ventas, situándose en el primer puesto Monsanto, el gran gigante agroquímico y biotecnológico, seguido de otras dos empresas punteras en el sector de las ciencias de la vida, Dupont y de Syngenta.
Se estima que las variedades transgénicas representan la cuarta parte del mercado mundial de las semillas, controlado por un número menor aún de compañías. Monsanto acapara nada menos que el 88% de las ventas mundiales de semillas manipuladas genéticamente, comercializando el 91% de las variedades transgénicas de soja, el 97% de las de maíz, el 63,5% de las de algodón y el 59% de las de colza. [3]
 
LAS 10 EMPRESAS SEMILLERAS MAYORES DEL MUNDO (2006)

Compañía Valor ventas en 2006
(millones $$)
1. Monsanto (EEUU) 4.028
2. Dupont (EEUU) 2.781
3. Syngenta (Suiza) 1.743
4. Groupe Limagrain (Francia) 1.035
5. Land O`Lakes (EEUU) 756
6. KWS AG (Alemania) 615
7. Bayer Crop Science (Alemania) 430
8. Delta & Pine Land (EEUU)
(a punto de ser adquirida por Monsanto)
418
9. Sakata (Japón) 401
10. DLF-Trifolium (Dinamarca 352
 

 
FUENTE: ETC. Las 10 compañías de semillas más importantes del mundo – 2006.
En el extremo opuesto de la cadena alimentaria figuran las grandes compañías de alimentación y las cadenas de distribución, verdaderos gigantes del sector agroalimentario. Wall Mart, el coloso estadounidense de los hipermercados, es actualmente la compañía más grande y poderosa del planeta, permitiéndose dictar sus propias normas de a quien y cómo compra, cómo contrata y cómo vende.
Este tipo de empresas no sólo controla el sector alimentario por su descomunal dimensión, sino por la enorme influencia que ejerce su poder de compra sobre otros eslabones de la cadena alimentaria. El rechazo de los consumidores a los alimentos transgénicos ha llevado a algunas de estas grandes compañías a comprometerse a no utilizar productos manipulados genéticamente en sus líneas blancas [4] . Todo un triunfo que en Europa ha logrado frenar –aunque no detener- el avance de los transgénicos.
HIPERMERCADOS: LOS GRANDES GIGANTES DE LA ALIMENTACION (2006)

Compañía Ventas anuales
(millones $$)
1. Wal-Mart Stores (Estados Unidos) 312.400
2. Carrefour (Francia) 92.600
3. Tesco (Reino Unido) 69.600
4. Metro Group (Alemania) 69.300
5. Kroger (Estados Unidos) 60.600
6. Ahold (Holanda) 55.300
7. Costco (Estados Unidos) 52.900
8. Rewe (Alemania) 51.800
9. Schwarz Group (Alemania) 45.800
10. Aldi (Alemania) 45.000
 

FUENTE: M. Hendrickson & W. Heffernan. Concentration of Agricultural Markets 2007.
Pero la ingeniería genética es una “plataforma tecnológica”: los conocimientos, equipos y técnicas que emplea se pueden aplicar en diversos sectores, creando sinergias muy útiles para rentabilizar las fabulosas inversiones que requiere su desarrollo. [5] Esta particularidad ha propiciado no sólo una concentración, sino una interconexión empresarial extraordinaria.
En 1998, el gigante genético Syngenta era la primera empresa del ramo agroquímico, la tercera en semillas y la cuarta del farmacéutico, mientras que Aventis ocupaba el segundo lugar del sector agroquímico y del farmacéutico. [6]
Paralelamente, las grandes transnacionales biotecnológicas tejían provechosos lazos con diversas empresas a lo largo de la cadena alimentaria, reforzando la integración vertical –ya preocupante- de este sector. Por ejemplo, Monsanto anunciaba en 1998 su alianza con Cargill, considerada la mayor corporación privada estadounidense y una de las 4 grandes compañías que dominan el comercio mundial de granos, mientras Syngenta (entonces Novartis) se asociaba con ADM, otro de estos cuatro gigantes. [7]
Cada vez más, un conglomerado de empresas muy poderosas e interconectadas controla la producción de alimentos desde la semilla a la mesa, dominando la producción de abonos, pesticidas y todos los insumos necesarios para la agricultura, así como la elaboración, envasado y distribución de alimentos. El agricultor va quedando reducido a peón de la industria, sin apenas autonomía ni capacidad de decisión. –aunque, eso sí, corriendo con los riesgos de posibles pérdidas si viene un año seco o si el rendimiento de una variedad transgénica no es el esperado o resulta peligrosa para la salud o para el medio ambiente, ya que la industria biotecnológica no quiere aceptar responsabilidad alguna por los daños de las variedades transgénicas.
Tampoco sale bien parada en estos tratos la tan cacareada libertad de elección del consumidor, que va quedando limitada a si las personas comen patatas fritas con sabor a queso, con sabor a bacón o estilo mexicano: desaparece la diversidad de los productos locales, remplazada por artículos uniformes hiper-transportados, hiper-empaquetados e hiper-publicitados que la industria ofrece en sus grandes establecimientos a lo largo y ancho del planeta.
¿ALIMENTAR A LAS PERSONAS O A LOS COCHES?
Recientemente, la industria ha descubierto un nuevo filón de negocio para los cultivos transgénicos. No se trata ya de dar de comer a las personas, que además se resisten a consumir transgénicos, sino de saciar el voraz apetito de los coches. Legitimado por la urgencia de atajar el calentamiento global y respaldado por una mayoría de gobiernos, el negocio de los transgénicos se está reorientando hacia el mercado infinitamente más solvente y mayor del automóvil. Shell, que presume de ser el mayor distribuidor de carburantes, se ha asociado con Volkswagen y con la empresa genética canadiense Iogen, pionera en los denominados carburantes de segunda generación, para la construcción de una planta piloto de etanol celulósico en Alemania. Mientras que la petrolera BP colabora con Ford y con Dupont desde 2003 en el desarrollo de un proceso biotecnológico para reducir costes en la producción de biobutanol. Y casi todas las transnacionales de los transgénicos, como Monsanto y Dupont, están desarrollando cultivos manipulados para la producción de carburantes “bio”. Si al rapidísimo proceso de fusiones de los últimos años entre industria agroquímica, farmacéutica y de semillas propiciado por la ingeniería genética, sumamos ahora el desembarco de las empresas automovilísticas y las petroleras en el negocio de los alimentos, el panorama es francamente preocupante.
FUENTE: CEO. The EU’s agrofuel folly: policy capture by corporate interests.
Por otra parte, las grandes compañías aprovechan la capacidad profesional e infraestructuras de las universidades y centros de investigación públicos, logrando mediante proyectos y convenios que todos los ciudadanos subvencionen indirectamente sus actividades, al tiempo que ejercen un enorme control e influencia sobre el I+D público. A pesar de que un importante porcentaje de la investigación agrícola mundial se sigue produciendo todavía en el sector público, de la mano de la ingeniería genética la orientación de esta investigación está pasando a ser controlada por el sector privado, que co-financia la investigación y se apropia de sus resultados por medio de patentes. Universidades y otras instituciones dependen cada vez más de programas universidad-empresa y acuerdos que abren las puertas de estos centros al sector privado, otorgándole una gran capacidad de influencia. La dimensión económica de la industria de las ciencias de la vida le permite también intervenir en los ámbitos donde se toman decisiones cruciales para el futuro de la ingeniería genética.
Desde mediados de los años 90 el poderoso lobby biotecnológico, representado por la Biotechnology Industry Organisation (BIO) en Estados Unidos y por Europa-Bio en la Unión Europea, ha desplegado toda su influencia tanto en las reuniones de organizaciones internacionales como la Organización Mundial de Comercio (OMC) y el Convenio de Biodiversidad, como en los ministerios de agricultura y otros departamentos clave de los gobiernos. Ampliar el campo de las patentes a los seres vivos para asegurar su monopolio, favorecer el acceso a los recursos genéticos mundiales y establecer una normativa lo más permisiva en lo que se refiere a liberación y “libre circulación” de transgénicos han sido algunas de sus prioridades.
BAILE DE INFLUENCIAS EN MONSANTO
Es notoria la vinculación de la compañía Monsanto con la administración de EEUU. Algunos ejemplos:
En sus tiempos de máximo ejecutivo de Monsanto, Robert Shapiro presidía el Comité Asesor para Política y Negociaciones Comerciales del Presidente de Estados Unidos.
Michael Kantor, representante de EEUU en las negociaciones comerciales de la Ronda de Uruguay del GATT (actual OMC), fue nombrado miembro del Consejo de Dirección de Monsanto al poco tiempo. Anne Veneman, nombrada Secretaria de Agricultura de EEUU en el gobierno Bush, había sido miembro del Consejo de Administración de Calgene, adquirida por Monsanto en 1997.
Marcia Hale, Directora de Asuntos Intergubernamentales y asesora del presidente Clinton pasó posteriormente a ocupar la dirección de asuntos gubernamentales internacionales en Monsanto. William D. Ruckelshaus, director de la Agencia de Medio Ambiente (Environmental Protection Agency, EPA) estadounidense, fue miembro del Consejo de Administración de monsanto durante 12 años.
FUENTE:. Hungry Corporations. Transnational Biotech Companies Colonise the Food Chain, de H. Paul & R. Steinbrecher y Revolving Doors < http://www.mindfully.org/GE/Revolving-Door.htm>
Cultivos transgénicos a la medida de la industria
No es de extrañar que la primera generación de cultivos transgénicos haya estado presidida por los intereses de la industria en consolidar y aumentar su negocio agroquímico con la venta de variedades resistentes a sus propios herbicidas. La característica “ventajosa” de más del 80% de la superficie mundial de cultivos transgénicos es la tolerancia a herbicidas totales [8] .
Su expansión está llevando a un incremento del volumen de agroquímicos utilizados en la agricultura: a raíz de la implantación de los transgénicos, en EEUU el uso de herbicidas había aumentado en 2004 en más de 60 millones de toneladas; en Argentina, se calcula que las aplicaciones del herbicida Roundup de Monsanto, que forma parte del “paquete tecnológico” de la soja transgénica, se disparó de 1 millón a 160 millones de litros en unos años con la introducción de este cultivo. [9]
Por otra parte, la utilización de un mismo herbicida en vastísimas extensiones está favoreciendo una proliferación alarmante de malas hierbas resistentes –las hay ya resistentes a tres herbicidas distintos- cuyo control requiere un auténtico cóctel de agroquímicos. En el caso de los cultivos insecticidas, se prevé asimismo que los insectos considerados plaga terminen por hacerse resistentes, obligando a los agricultores a recurrir a plaguicidas cada vez más agresivos y costosos. En resumidas cuentas: aumentan los problemas para los agricultores y crece el negocio de las transnacionales de la ingeniería genética.
Tampoco sorprende que la mayoría de las transnacionales biotecnológicas estén desarrollando una segunda generación de semillas transgénicas cuyas características valiosas sólo se activarán ¡¡cuando se rocíen los cultivos con determinados productos químicos producidos por la propia industria!!
Ni extraña que una mayoría de los supuestos rasgos ventajosos de los futuros cultivos manipulados genéticamente consistan en cualidades que facilitan su procesamiento por la industria alimentaria, o su almacenamiento y transporte a grandes distancias. El primer alimento que salió a la venta en EEUU fue un tomate “larga vida” con un proceso de maduración retardada que simplificaba su transporte: todo un invento para una producción de alimentos globalizada. Y gran parte de la investigación biotecnológica reciente se orienta al desarrollo de mejoras cualitativas (menos calorías, menos colesterol…) destinadas a una minoría de la población mundial cuyos excesos de alimentación están ocasionando graves problemas de salud. Si el desarrollo de una variedad comercial lleva 10 años y cuesta 300 millones de dólares, evidentemente interesan los grandes mercados de las sociedades opulentas donde rentabilizar la inversión, no los problemas de los pequeños agricultores y de la población hambrienta. [10]
Por si nos cupiera alguna duda de hacia adonde apunta el desarrollo comercial de la ingeniería genética, cabe recordar que uno de los grandes milagros que persiguen las grandes compañías de las ciencias de la vida es el desarrollo de tecnologías genéticas para producir semillas suicidas. Conocidas como Terminator, este tipo de tecnologías están siendo desarrolladas para proteger los intereses de la industria semillera y aumentar sus ganancias. Su objetivo es impedir que los agricultores guarden simiente de su propia cosecha para la siguiente siembra. Se trata de la última triquiñuela de un sector cada vez más poderoso y concentrado para asegurarse su extenso monopolio. Si el problema del negocio de las semillas es su empeño en reproducirse, la solución es evidente: diseñar semillas estériles. Además de asegurarse la fidelidad de sus actuales clientes, los agricultores de los países ricos, Terminator permitirá a las empresas semilleras ampliar sus ventas al mundo empobrecido, donde sus expectativas de lucro son actualmente muy limitadas.
Patentes y biodiversidad: el control de la ingeniería genetica
Los principales cultivos alimentarios tienen su origen en las zonas tropicales y subtropicales de Asia, de África y de América Latina. Estas regiones se consideran centros de diversidad y en ellas se concentra la mayor variedad de estos cultivos y de los parientes silvestres de los mismos, por lo que constituyen una fuente valiosa e insustituible de material genético para la agricultura.
Han sido las comunidades campesinas –particularmente las mujeres- quienes a lo largo de múltiples generaciones han mejorado los cultivos, seleccionando las semillas y desarrollando miles de variedades adaptadas a los diferentes ambientes. La generación y conservación de la biodiversidad agrícola, considerada hasta hace poco patrimonio de los pueblos, se ha basado en el libre intercambio de las variedades y en el derecho campesino a guardar semilla de su propia cosecha. Sin embargo, en la actualidad la industria biotecnológica se está apropiando de esta diversidad y reclamando derechos exclusivos sobre su utilización.
Para controlar eficazmente el apetecible mercado biotecnológico, la industria ha conseguido ampliar el campo de las patentes no sólo a los procesos tecnológicos y avances de la ciencia, sino a los propios seres vivos, adueñándose así de la materia prima de la ingeniería genética –la biodiversidad- y asegurándose el monopolio de su utilización futura.
En efecto, muchas de las plantas de interés para la medicina y la agricultura están protegidas por derechos de patente. Y en los últimos años se han concedido numerosas patentes sobre los cultivos básicos para la Humanidad a media docena de grandes empresas transnacionales, que ostentan un amplísimo monopolio sobre las semillas y exigen a los agricultores el pago de royalties si éstos guardan semilla de su cosecha para siembra. Monsanto ha demandado a cientos de agricultores estadounidenses por guardar simiente de variedades patentadas por la compañía y en 2004 ganó un juicio contra un agricultor canadiense, Percy Schmeiser, cuyo único delito había sido sembrar semilla de su propia cosecha contaminada por variedades transgénicas cultivadas en campos cercanos. [11]
La ingeniería genética está convirtiendo la práctica ancestral de guardar e intercambiar semillas en un acto altamente subversivo. Interesa que la gente no produzca su propia comida y -caso de hacerlo- que se vea obligada a comprar los “insumos” necesarios para producir. Pero -al menos mientras la Humanidad no renuncia a su vieja costumbre de comer casi todos los días- controlar la alimentación supone controlar a las personas. Por ello, recuperar las viejas variedades de semillas, cultivar un huerto o comprar en la pequeña tienda de la esquina equivale a proclamar nuestro derecho a existir sin permiso de nadie. Y el rechazo a los transgénicos significa rebelarse frente al progresivo control que las transnacionales ejercen sobre nuestra vida.
Notas:
[1] La renta bruta española ascendía en 2004 a 875.817 millones de dólares. Fuente: Banco Mundial, citado en ETC, Oligopolios, S.A. 2005.
[2] ETC. Oligopolios, S.A. 2005. Communiqué. Nº 91. Nov./Dic. 2005.
[3] ETC. Op. cit.
[4] Ver Greenpeace Guía Roja Y Verde de Alimentos Transgénicos
[5] Sólo en EEUU, la investigación en ingeniería genética ha engullido inversiones de más de 100.000 millones de dólares y soportado unas pérdidas netas acumuladas que superaban los 45.000 millones de dólares en el período 1990-2004. Su desarrollo requiere inversiones privadas y públicas desorbitadas, acaparando grandes partidas presupuestarias y detrayendo recursos fundamentales para otras líneas de investigación. La urgencia no sólo de rentabilizar sino de atraer inversiones hace que la comercialización de los transgénicos resulte apremiante para la industria.
Ver: D.P. Hamilton. Biotech’s dismal bottom line- more than US$ 40 billion in losses. Wall Street Journal, USA, 20 May 2004.
P. Elias. Biotechnoogy Loses Billions a Year. The Associated Press. I June 2005.
[6] Silvia Ribeiro. Transgénicos: un asalto a la salud y al medio ambiente. Conferencia en Buenos Aires organizada por Acción por la Biodiversidad el 3.4.2000.
[7] Ver, por ejemplo, informes sobre concentración en el sistema agroalimentario de W. Heffernan para la National Farmers Union de EEUU. < » title=»http://www.nfu.org/issues/economic-policy/resources/heffernan-report/>»>http://www.nfu.org/issues/economic-policy/resources/heffernan-report/> Visitada el 5 Agosto 2007.
Datos Cargill y Syngenta en Greenpeace. Transgénicos. Cómo reconocerlos. Revista Greenpeace nº. 70. 2004.
[8] Herbicidas totales: aquellos que aniquilan todo tipo de plantas (de hoja ancha, estrecha, etc.), salvo las resistentes al producto.
[9] Ch. M. Benbrook. Genetically Engineered Crops and Pesticide Use in the United States: The First Nine Years. Biotech InfoNet, Technical Paper Number 7, October 2004.
M. A. Altieri y W.A. Pengue. La Soja transgénica en América Latina: una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socio ecológica. Enero 2006
[10] Naciones Unidas. Human Development Report. 1999. Capítulo 2. “New Technologies and the global race for knowledge”. P. 68-71. www.undp.org/hdro/contents/html Visitada 5 Junio 2001
[11] Amigos de la Tierra Internacional. Who benefits from GM crops? FOE. Enero 2006.
 

Extraido de Libre Pensamiento nº56

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