«La Libre es una ventana a un mundo para pensar otras maneras de estar»

La librería alternativa está a punto de abrir una campaña de crowdfunding para recaudar dinero y devolver el préstamo con el que ha salvado su local de la Rampa de Sotileza de Santander. Uno de sus socios, Tomás González, nos cuenta cómo han vivido esta situación tan estresante.

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Entrevista: «La Libre se queda», el reto de comprar un espacio colectivo

Entrevistador (Pablo – El Faradio): Estamos en El Faradio y hoy queremos hablar sobre un espacio del que ya habéis visto varias veces noticias publicadas por las actividades que llevan a cabo: es la librería La Libre de Santander, en la rampa de Sotileza, Cabildo de Arriba, bastante cerca de las estaciones y del Ayuntamiento. Un barrio del que hemos hablado muchísimo, pero hoy no vamos a hablar con alguien de los que gestiona, sino de los que se asoció en su día con la librería, que es Tomás González. Muy buenas, Tomás, ¿cómo estás?

Tomás González: Muy buenas, muy bien. Un poco congestionado, pero bien.

El Faradio: Bueno, esperemos que sea una cosita breve y te dure poco. Sobre todo, queremos que nos expliques la dinámica en la que está ahora mismo La Libre, porque ha surgido un crowdfunding para apoyar que la librería siga permaneciendo en el local que tiene en la rampa de Sotileza. Me gustaría que nos explicaras, Tomás, por qué ha surgido la necesidad de hacer un crowdfunding para quedarse en ese espacio.

Tomás: Sí, a ver, el crowdfunding aún no ha empezado, pero ahora cuento un poco. La Libre es un espacio que lleva alquilado en Sotileza unos 15 años. Antes estaba unas calles más arriba, pero en el local donde está ahora lleva 15 años de alquiler. Recientemente, a mediados de diciembre, las dueñas del local decidieron poner en venta el espacio. Supongo que la crisis nos toca a todos y ellas, que siempre han tenido muy buena relación con La Libre, dijeron que querían vender. Nos pilló a todas un poco de sopetón. Nadie se lo esperaba y, desde luego, La Libre no tenía esa capacidad para hacer frente.

No se sabía muy bien cómo actuar ante esta sorpresa y se convocó una asamblea con todas las socias, amigas y personas cercanas para contar a lo que nos estábamos enfrentando. Básicamente: el local se vende por un precio que no podemos asumir y las alternativas de irnos a otro lugar son muy complicadas para un proyecto que no tiene dinero ni intención de lucro, que es totalmente militante, altruista y se mantiene a base del apoyo mutuo.

Esta asamblea se hizo en enero y en un tiempo récord se consiguió el apoyo, gracias a esta gran red social que sostiene a La Libre, para que la gente de La Libre se sintiera con la seguridad suficiente para dar el paso y lanzarse a comprar el local. Ahí es donde nos encontramos. Inicialmente, un proyecto tan precario económicamente no disponía de las hipotecas que te puede dar un banco, incluso las de finanzas éticas que se estuvieron sondeando. Así que este respaldo económico se consiguió gracias a personas alrededor del proyecto que decidieron hacer un préstamo para que La Libre pudiera quedarse en el espacio.

Desde esa asamblea de enero, se han avanzado muchas cosas. la compra del local se formalizó me parece que ayer, y la situación actual es que La Libre se encuentra hipotecada con este préstamo recibido. Ahí es donde nace la necesidad de conseguir un montón de dinero para lograr que este espacio se aleje de la precariedad del alquiler y del miedo a que te puedan echar, para que tengamos todas un centro donde reunirnos. Hay muchas maneras de financiación y el crowdfunding es por la que se está apostando ahora. Calculo que de aquí a mayo o junio se abrirá la campaña.

Pablo: Digamos que se ha conseguido cierta garantía de permanencia, y lo que hace falta ahora es devolver ese préstamo de forma colectiva. Que entre todas las personas que forman parte de La Libre de alguna manera digan: «Oye, este sitio tiene mucho interés, vamos a echarle un cable». Es como formar una comunidad en un momento que imagino habéis vivido de una manera crítica.

Tomás: Claro, se ha vivido con mucho estrés y miedo. Imagínate que estás en tu casa y de un día para otro te dicen: «O pagas 150.000 € o te tienes que ir». Te tiembla el suelo. Por suerte, La Libre lleva 25 años en Santander y tiene una red muy amplia que permitió decir: «Creo que tenemos capacidad para lanzarnos a la piscina con esto».

Se ha conseguido lo inicial, ganar confianza y adelantar ese préstamo, y ahora toca socializar esa compra. Para que realmente La Libre sea de todos, hay que intentar que todas las personas se enteren y colaboren en la medida de sus posibilidades y de su voluntad. Hay que hacer esto lo más colectivo posible y aprovechar esta amenaza como una oportunidad para darnos a conocer, crecer y relacionarnos aún más de cerca con la gente.

Pablo: No sé si hay pensada algún tipo de contraprestación para quienes decidan apoyar el proyecto, como escoger un par de libros o formar parte de una asamblea para las decisiones futuras, aunque la tranquilidad de quedarse en el local esté asegurada.

Tomás: Si, en cuanto a qué implica apoyar, hay que entender qué es La Libre. No es un negocio, no vas a apoyar a una empresa, sino que es un nodo, una casa de todos que se sostiene por un grupo de personas que altruistamente, sin cobrar nada, meten horas para que el local esté abierto. La casa es de todos; des o no des un duro, siempre eres escuchado en ese espacio.

Sobre las donaciones, ya hay gente que está donando, pero cuando hablamos del crowdfunding nos referimos a las donaciones a través de Mi grano de arena. Una plataforma que ofrece algunas ventajas. Entendemos que mucha gente tiene economías precarias, y hacerlo a través de esta plataforma permite declarar la donación y, como se dona a una entidad sin ánimo de lucro, esto desgrava y te devuelven un poco.

Como todas las campañas de micromecenazgo, siempre tienes alguna compensación anecdótica como algún libro o camiseta, que todavía está por definir.

Pero sobre todo, lo que se consigue no es solo comprar un local, sino asegurar un espacio que lleva medio siglo sirviendo al barrio, a Santander, a Cantabria y a todos esos movimientos sociales y colectivos. Estamos pidiendo dinero para que eso siga siendo así de una manera mucho más segura de lo que ha sido hasta ahora. Eso es lo que creo que tenemos que entender cuando queremos apoyar a La Libre.

Pablo: Creo que sirve incluso para gente de Cantabria que no vive aquí pero conoció La Libre en su día. Hacerlo a través de una plataforma es la garantía de que, desde donde vivas, puedes ayudar a resguardar un pedacito de tu Cantabria. Dices que se abrirá a lo largo de la primavera la oportunidad del crowdfunding, ¿no?

Tomás: Sí, seguramente entre mayo y junio se hará la campaña de financiación. Se hará una rueda de prensa y se avisará.

Pablo: ¿Sabéis cuánto va a durar la campaña?

Tomás: Estas campañas suelen durar poco, en torno a un mes, por lo que hay que intentar que lo conozca cuanta más gente mejor antes de que empiece para que estemos todas listas.

Pablo: Cuando se anuncie, desde El Faradio lo contaremos para que todo el mundo esté pendiente. Te quiero preguntar, Tomás, tú que no formas parte de la asamblea de La libre, sino que eres socio: ¿cómo dirías que está la cultura alternativa? La Libre no es un espacio de lo más común por su forma de funcionar. ¿Cómo ves este tipo de espacios ahora mismo?

Tomás: La Libre no es un espacio normal o, al menos, no es lo más habitual. Es una librería asociativa que se sostiene gracias a las cuotas de las personas socias. Forma parte de lo que llamamos la edición y distribución alternativa. Editoriales y librerías independientes que ponen a disposición del público textos que cuestionan el sistema establecido: ecología, feminismos, pensamiento antiautoritario… un montón de textos que en otras librerías no puedes encontrar.

Es una ventana a un mundo para pensar otras maneras de estar. Hay poco de eso en todas partes. En Cantabria durante muchos años solo estuvo La Libre; ahora por suerte hay otros espacios como La Vorágine, pero siempre son insuficientes desde mi punto de vista.

Como centro social, es un espacio donde cualquier persona con inquietudes puede desarrollar una charla, un taller o una reunión de su colectivo. La Libre tiene la suerte de disponer de 100 metros cuadrados para eso. No hay tantos espacios en Santander con estas características, pero aunque los haya, siempre está bien que haya más.

Pablo: ¿Echas en falta un mayor apoyo de instituciones, como el Ayuntamiento, o cómo ves que pueda haber un mayor tejido en torno a un local como este?

Tomás: No lo echo en falta. Creo que desde La Libre nunca hemos buscado un mayor apoyo institucional, porque no es el objetivo. Miramos a las personas, a nuestras vecinas y vecinos, y es ahí donde se trabaja la red y la construcción de alternativas.

¿Cómo llegar a más gente? No lo sé, tenemos la ilusión de transformar el mundo pero a veces no somos los más hábiles dándonos a conocer. Pero esto que ha hecho La Libre me ha parecido súper humilde: enfrentarse al ‘marrón’ de comprar el local y decidir que no lo va a hacer sola, sino que lo entrega a su red. Nos dijo «Quiero que lo hagáis conmigo». Y de repente nos dio la responsabilidad a personas para que, aunque no estemos en la asamblea de gestión, hablemos o preparemos cosas. Eso es tejer red y crear comunidad, y, en este sentido, creo que La Libre lo ha hecho muy bien estos años. El foco va por ahí, no por una visibilización institucional que creo que no ayudaría a largo plazo.

Pablo: Ya nos hacemos una idea del proyecto, pero ahora te pregunto personalmente: ¿cómo conociste La Libre y qué te nació por dentro para decir «aquí es donde tengo que estar como socio»?

Tomás: La conocí hace muchos años en torno al 2002 o 2003, casi al poco de empezar el proyecto. Estaba en la calle Cisneros. Era un local pequeño y escondido, poco más grande que una habitación. Tenías que atravesar un patio interior y nada indicaba que iba a haber un comercio allí. Entrabas y había cinco estanterías apretadas llenas de libros. Yo tenía unos 16 o 17 años y empezaba con esa sensibilidad y conciencia política; vi libros de ecología, feminismo, anarquismo… cosas que nunca había visto en ningún otro lado. Me sentí muy vinculado, fue como un amor a primera vista. Era un sitio raro, pequeñito, y aunque me sentí un poco intimidado al principio, desde el primer día supe que tenía que venir. Durante años solo iba a Santander para ir a La Libre.

Años después se formalizó como librería asociativa y, en cuanto tuve la oportunidad, me hice socio para colaborar económicamente.

Pablo: Supongo que habrás ido a muchos eventos. ¿Tienes alguno guardado en la memoria que te haga pensar «menos mal que conocí este sitio»?

Tomás: Tengo muchísimos recuerdos, y muy buenos todos, tanto en el local antiguo como en el nuevo. Recuerdo que cuando se empezó este nuevo local se hizo una llamada a todos para construirlo; no llamaron a una empresa, sino que los propios socios arreglaron el local. Tengo recuerdos de muchas asambleas de colectivos en los que he estado, pero sobre todo, el agradecimiento que le debo a La Libre es que ha formado parte de mi formación política.

Hace más de 15 años que no vivo en Santander, pero estuve unos cuantos años estudiando allí, entre los 16 y los 20 pico años, iba dos o tres días por semana a charlas y asambleas. Todo eso, a nivel teórico y vivencial, me ayudó a formarme una idea del mundo y una manera de interaccionar para transformarlo. Sobre todo, sentí que no estaba solo, que había un tejido y un espacio donde encontrarme con otras personas con las mismas inquietudes. Estoy muy agradecido.

Pablo: Tiene mucho valor la posibilidad de conversar con un socio. Vivas donde vivas en Cantabria, hay proyectos con los que colaborar: La Libre, La Vorágine, la gente de Cabezón por Gaza… Estamos en un momento de noticias negativas y quizá estos proyectos sirven de abrigo para pensar entre todas cómo revertir lo que nos afecta negativamente.

Tomás: Estamos en un momento complicado a nivel global y local. Los movimientos sociales están un poco de capa caída y la situación política mete miedo. Espacios como La Libre y oportunidades como esta de comprar el local sirven para afianzar los nodos que asientan estos movimientos. Necesitamos espacios físicos para reunirnos, preparar actividades y acogernos, igual que necesitamos medios que amplifiquen nuestra voz.

Apostar por comprar La Libre es una apuesta política por fortalecer las alternativas a un mundo que a muchas personas nos cuesta un poco digerir.

Pablo: Tomás, ha sido un auténtico placer charlar contigo. Esperemos que el crowdfunding sea todo un éxito, porque espacios como La Libre hacen más sano el sitio donde están. Es algo que hay que regar a menudo para que no se nos muera.

Tomás: Muchas gracias. Solo recordar que cualquiera puede ayudar a difundir esta historia. Hay canales en Instagram y Facebook. El eslogan de la campaña es ‘La Libre se queda’. Ánimo a la gente a que lo busque por internet y lo comparta con sus contactos. Trabajemos todas en difundir esto.

Pablo: Dicho queda. Hay diversas fórmulas de apoyar: si no llegas al crowdfunding, puedes hacerte socio directamente. Muchas gracias, Tomás, y que salga todo a pedir de boca.

Tomás: Muchas gracias, Pablo. Un abrazo.

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