«Contra el capitalismo rentista, poder feminista»: el 8M pone la vivienda y el antirracismo en el centro

Las Asambleas Feministas Abiertas de Cantabria (AFAC) convocan una manifestación que partirá a las 12.00 horas desde Puertochico, en Santander, bajo un prisma transfeminista y de clase. Denuncian que la precariedad habitacional es el eje de todas las violencias y alertan ante el avance de la ola reaccionaria y racista en los barrios.

«El feminismo empieza en las condiciones materiales de la vida». Con esta declaración de intenciones, que rompe con las visiones más institucionales o «de cristal» del 8 de marzo, las Asambleas Feministas Abiertas de Cantabria (AFAC) han presentado su hoja de ruta para este Día Internacional de la Mujer. La jornada de lucha en Santander no busca solo señalar al patriarcado como ente abstracto, sino impugnar la alianza estructural entre este y el capitalismo rentista, situando la crisis de la vivienda como la trinchera política de este año.

La movilización arrancará a las 12.00 horas en Puertochico, recorriendo el centro de la capital cántabra hasta la Plaza del Ayuntamiento. Tras la protesta, la jornada continuará con un carácter celebrativo y comunitario en la II Jarana Feminista, que tendrá lugar de 14.00 a 18.00 horas en el Rock Beer The New (calle Peñas Redondas, 15).

La vivienda como eje de las violencias

Para las asambleas feministas, la vivienda es el eje vertebrador de la precariedad de género, clase y raza. En una Cantabria donde el precio del alquiler sigue tensionado por la turistificación y la especulación, las asambleas denuncian que «el patriarcado y el capitalismo especulan con lo que debería ser un derecho».

La tesis del manifiesto es nítida: sin vivienda digna no hay posibilidad de vida digna ni de autonomía frente a la violencia. Bajo el lema «Ni gente sin casa, ni casas sin gente», el movimiento exige la desmercantilización de suministros básicos como la luz y el agua, recordando que la inestabilidad habitacional expulsa especialmente a las mujeres de sus entornos, condenándolas a habitaciones compartidas no elegidas o a la amenaza constante del desahucio.

Crítica a la institucionalidad racista y punitivista

El manifiesto de la AFAC pone el dedo en la llaga sobre la violencia institucional. El texto pone el foco en los servicios sociales, señalando casos de retiradas de custodias que afectan desproporcionadamente a madres migrantes, trabajadoras sexuales o mujeres en situación de pobreza. Frente a un sistema que «castiga la precariedad», reivindican:

  • Cuidados fuera del mercado: Un sistema público, universal y radicalmente antirracista.
  • Salario por cuidados: Colectivizar la responsabilidad de sostener la vida para que no recaiga en la explotación individual (a menudo de mujeres migrantes).
  • Freno al punitivismo: Denuncian los nuevos criterios del Ministerio de Igualdad que condicionan ayudas a posturas abolicionistas, lo que a su juicio «empuja a las mujeres a la clandestinidad y al estigma».

Cantabria frente a la ola reaccionaria

El texto alerta sobre el crecimiento del racismo en la región, mencionando las concentraciones contra la apertura de centros de acogida en Cartes y Castro Urdiales. Frente a discursos de odio de la extrema derecha, las feministas reivindican la fuerza de la organización popular que logró las 700.000 firmas para la regularización extraordinaria de personas migrantes, aunque advierten que la lucha debe ir hacia mecanismos permanentes de ciudadanía.

«Nosotras: las precarias, las obreras, las trabajadoras informales, las migrantes, las gitanas, las putas, las presas, las locas, las discas, las trans, las bolleras, las bi, las gordas, las madres, las vecinas… existimos y resistimos».

Solidaridad internacionalista

Finalmente, el 8M cántabro no olvida la coyuntura de militarismo y genocidio global. El grito por una Palestina Libre y la denuncia del genocidio en curso marcarán el paso de la manifestación, conectando la lucha local contra el fascismo con la resistencia de los pueblos de Líbano, Congo, Sudán o el Sáhara Occidental.

La jornada concluye con una advertencia al sistema: «La lucha será feminista o no será». Este 8 de marzo, Santander no solo marcha por la igualdad legal, sino por una transformación total de las estructuras que permiten que la vida siga siendo un negocio para unos pocos.

Contenido reciente

Contenido relacionado