La traición de Donbás; No más guerra que la guerra de clases (2025)

La guerra entre Rusia y Ucrania se presenta a menudo como un claro enfrentamiento entre la agresión imperial y la defensa nacional. En el discurso dominante, se presenta a Rusia como el único agresor, y a Ucrania como una víctima que defiende valientemente su soberanía. Sin embargo, esta simplificación sirve a los intereses del imperialismo occidental, el expansionismo de la OTAN y las potencias capitalistas mundiales, al tiempo que ignora convenientemente las complejidades del conflicto, en particular las tensiones de larga data en la región de Donbass.

Desde una perspectiva anarcocomunista, la historia no trata del bien contra el mal, sino del imperialismo, el nacionalismo y la manipulación de la clase trabajadora por las élites gobernantes. Un análisis más matizado reconoce que las semillas de esta guerra se plantaron mucho antes de la invasión de 2022, especialmente en los acontecimientos políticos y militares que siguieron al levantamiento de Maidan en 2014 y al posterior conflicto en Donbás.

Reconocer que Ucrania desempeñó un papel en la escalada de este conflicto -en particular a través de sus acciones en Donbás- no justifica el imperialismo ruso. Por el contrario, los anarquistas deben rechazar tanto la violencia estatal rusa como la ucraniana, abrazando el derrotismo revolucionario. En esta guerra, como en todas las guerras entre estados, el verdadero enemigo no es la «otra» nación, sino la clase capitalista y las estructuras estatales que se benefician del derramamiento de sangre. Nuestro grito de guerra debe seguir siendo: No más guerra que la guerra de clases.

El conflicto del Donbás: las raíces de la guerra

Para entender los orígenes de la guerra, es esencial centrarse en la región de Donbas, un corazón industrial en el este de Ucrania, hogar de una importante población de habla rusa. Tras el levantamiento del Maidán de 2014, que derrocó al presidente prorruso de Ucrania, Víktor Yanukóvich, el nuevo Gobierno de Kiev se alineó más con las potencias occidentales y la OTAN. Este cambio desencadenó profundas tensiones políticas y culturales en Donbás, donde muchos se sintieron alienados por las políticas cada vez más nacionalistas del gobierno central.

Muchos en Donbás consideraron opresivas las acciones del Gobierno ucraniano tras el Maidán. Los esfuerzos por suprimir los derechos lingüísticos en ruso, promover discursos nacionalistas y marginar los intereses económicos de la región aumentaron el resentimiento.A ello se sumó la decisión de Kiev de lanzar una operación militar contra los separatistas en Donbás, conocida como Operación Antiterrorista (ATO). Aunque los movimientos separatistas contaron sin duda con el apoyo y la explotación de Rusia, no es menos cierto que su surgimiento se vio alimentado por agravios y temores reales de borrado cultural y marginación económica.

La guerra en Donbás se convirtió rápidamente en un conflicto brutal, en el que tanto las fuerzas ucranianas como los separatistas apoyados por Rusia cometieron violaciones de los derechos humanos. Ciudades enteras quedaron devastadas, miles de civiles murieron y la clase trabajadora de ambos bandos se llevó la peor parte de la violencia. Los habitantes de Donbás se convirtieron en peones de una lucha geopolítica entre el nacionalismo ucraniano, el imperialismo ruso y los intereses capitalistas occidentales.

Desde una perspectiva anarquista, este conflicto revela los fracasos tanto del nacionalismo como del poder estatal. Los habitantes de Donbass no luchaban por su liberación, sino que se encontraban atrapados entre dos sistemas opresivos, cada uno de los cuales utilizaba su sufrimiento para justificar sus propios objetivos políticos.

El papel de Ucrania en la escalada del conflicto

Las narrativas dominantes a menudo ignoran el papel de Ucrania en la escalada de la guerra, en particular a través de sus acciones militares en Donbass y las políticas que alienaron a la población de habla rusa de la región.Tras la revolución de 2014, el gobierno ucraniano siguió una agenda nacionalista que incluía leyes que restringían el uso de la lengua rusa y glorificaban a figuras nacionalistas con vínculos históricos con movimientos fascistas.

Aunque estas medidas se presentaron como un avance hacia la unidad nacional y la descomunización, en Donbass se vivieron como una agresión cultural. La negativa del gobierno central a entablar un diálogo significativo con las regiones separatistas y la imposición de soluciones militares en lugar de negociaciones políticas exacerbaron la crisis.

La campaña militar ucraniana en Donbás fue brutal e indiscriminada, con informes de bombardeos de zonas civiles, desapariciones forzadas y abusos por parte de milicias nacionalistas integradas en las fuerzas armadas, como el Batallón Azov. Estas acciones alienaron no sólo a los separatistas prorrusos, sino también a mucha gente corriente de la clase trabajadora de la región que deseaba la paz pero se encontraba atrapada entre la agresión de Kiev y el oportunismo de Rusia.

Reconocer estos hechos no exime a Rusia de su responsabilidad, ni implica apoyar sus ambiciones imperiales. Por el contrario, pone de relieve la realidad de que tanto el Estado ucraniano como el ruso han utilizado a la población de Donbass como herramientas en su lucha por el dominio regional.

El imperialismo ruso y la manipulación de Donbás

Sin dejar de reconocer el papel de Ucrania en la escalada de tensiones, es igualmente importante reconocer la cínica manipulación rusa del conflicto de Donbás. Desde el principio, el Kremlin utilizó los auténticos agravios de la población de la región como pretexto para intervenir. El apoyo de Rusia a los movimientos separatistas, incluido el suministro de armas, financiación y personal militar, no fue un acto de solidaridad, sino una estrategia geopolítica calculada.

El interés de Rusia en Donbás nunca fue proteger a los civiles rusoparlantes, sino mantener su esfera de influencia y desestabilizar las ambiciones occidentales de Ucrania. La anexión de Crimea y el apoyo a los separatistas de Donetsk y Luhansk formaban parte de una estrategia imperialista más amplia diseñada para socavar la expansión de la OTAN y asegurar el dominio regional de Rusia.

Para los anarquistas, esto subraya la realidad de que el imperialismo ruso no es menos opresivo que el imperialismo occidental. El Estado ruso, como cualquier Estado, sirve a los intereses de una élite gobernante. Su participación en el Donbass nunca tuvo que ver con la liberación de la clase obrera, sino con el poder, el control y la expansión de los intereses capitalistas bajo el pretexto de proteger a los rusos étnicos.

El pueblo de Donbás, que inicialmente se levantó en protesta contra las políticas nacionalistas ucranianas, fue traicionado en última instancia tanto por Moscú como por Kiev.En lugar de encontrar solidaridad, se les manipuló para que sirvieran a los intereses de dos poderes estatales rivales, sin tener en cuenta su autonomía, libertad o bienestar.

Derrotismo revolucionario: la respuesta anarquista a la guerra de Ucrania

Frente a este brutal conflicto, los anarquistas deben rechazar cualquier intento de ponerse del lado de Rusia o de Ucrania. La guerra en Ucrania ilustra el fracaso del nacionalismo y del poder estatal para servir a los intereses de la gente común. Desde una perspectiva anarco-comunista, el derrotismo revolucionario ofrece la única respuesta basada en principios.

El derrotismo revolucionario significa oponerse a la propia clase dominante en tiempos de guerra y negarse a apoyar las ambiciones imperialistas de cualquier Estado. Este enfoque reconoce que el verdadero enemigo de la clase obrera no es el pueblo de otra nación, sino su propio gobierno, que pretende explotarlo para obtener beneficios y poder.

Para los trabajadores ucranianos, el derrotismo revolucionario significa rechazar los llamamientos nacionalistas a morir por un Estado que suprime los derechos de los trabajadores, colabora con el imperialismo occidental y militariza la sociedad. Para los trabajadores rusos, significa negarse a luchar por la agenda imperialista de Putin, que explota el nacionalismo para justificar el autoritarismo y la desigualdad económica.

En el contexto de Donbás, el derrotismo revolucionario requiere solidaridad con toda la clase obrera afectada por el conflicto, independientemente de su nacionalidad. Significa apoyar las redes de ayuda mutua de base, oponerse al reclutamiento militar y apoyar a quienes se resisten a la maquinaria de guerra en ambos bandos. También significa rechazar a la OTAN y al imperialismo occidental, que han alimentado el conflicto para su propio beneficio geopolítico.

No más guerra que la guerra de clases: solidaridad con el pueblo de Donbás

La verdadera tragedia de la guerra es que ha aplastado a la clase obrera entre dos sistemas de poder en competencia. El pueblo de Donetsk y Luhansk ha sido bombardeado por las fuerzas ucranianas, manipulado por el imperialismo ruso e ignorado por las potencias occidentales que lo consideran prescindible en un juego geopolítico más amplio.

La respuesta anarquista debe ser clara: No más guerra que la guerra de clases. Esto significa rechazar todas las formas de nacionalismo y de poder estatal, reconociendo que ni Rusia ni Ucrania representan los intereses de la gente corriente. La única forma de avanzar es a través de la solidaridad internacional y la lucha de clases.

Solidaridad con los trabajadores de Donbas – Las comunidades obreras de Donbas han sido devastadas por la guerra. Los anarquistas deben apoyar los esfuerzos de base para proporcionar ayuda humanitaria, reconstruir comunidades y promover iniciativas dirigidas por los trabajadores que rechacen tanto el nacionalismo ucraniano como el imperialismo ruso.

Apoyo a los movimientos antibelicistas en Rusia y Ucrania – Miles de rusos se han resistido al reclutamiento, han participado en actos de sabotaje y han huido del país para evitar los combates. En Ucrania también hay quienes cuestionan el militarismo del gobierno y se oponen a ser utilizados como peones en una lucha imperialista de mayor envergadura. Estas voces deben ser amplificadas.

Rechazar la OTAN y el imperialismo occidental – La expansión de la OTAN sólo ha aumentado las tensiones en Europa del Este, sirviendo a los intereses de los capitalistas occidentales y los complejos militares-industriales. Los anarquistas deben oponerse al papel de la OTAN en alimentar el conflicto y rechazar cualquier llamamiento a la intervención militar bajo el disfraz de «liberación.»

Promover la solidaridad internacional de clase – Las clases trabajadoras de Rusia, Ucrania, Donbas y Occidente comparten un enemigo común: el sistema capitalista global. Construir la solidaridad internacional a través de huelgas, acción directa y ayuda mutua es la única manera de desafiar los sistemas de opresión que perpetúan la guerra.

La traición de Donbás y el camino a seguir

La guerra no es una lucha por la libertad o la democracia, es un conflicto brutal impulsado por el nacionalismo, el imperialismo y los intereses capitalistas. El pueblo de Donbás ha sido traicionado por todas las partes: manipulado por Rusia, bombardeado por Ucrania e ignorado por Occidente.

Para los anarquistas, la única posición justa es la del derrotismo revolucionario.Debemos rechazar todos los llamamientos a la solidaridad nacionalista y reconocer que el verdadero enemigo no es el pueblo de otra nación, sino la clase capitalista y las estructuras estatales que nos explotan a todos.

El lema «No más guerra que la guerra de clases» no es sólo retórica, es una llamada a la acción. Exige que nos opongamos a todas las formas de imperialismo, nos resistamos a la militarización y construyamos la solidaridad internacional entre los trabajadores. Sólo a través de la lucha de clases podremos desmantelar los sistemas que perpetúan la guerra y crear un mundo en el que nadie sea sacrificado por los intereses de los poderosos.

El sufrimiento en esta guerra es un recordatorio de que las guerras entre Estados nunca se libran en interés del pueblo. Nuestra solidaridad no está con las banderas ni con los gobiernos, sino con la clase trabajadora, los oprimidos y quienes se resisten a la violencia del Estado en todas sus formas.

 

https://theanarchistlibrary.org/library/aotearoa-workers-solidarity-movement-the-betrayal-of-donbas-no-war-but-class-war

 

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