De Alepo a Cantabria: defender la revolución de las mujeres frente a la barbarie

El pasado 9 de enero, la plataforma Women Defend Rojava lanzaba un grito de auxilio que, aunque nace en el norte de Siria, resuena con una fuerza demoledora en cualquier rincón donde se entienda la libertad como un ejercicio colectivo. El comunicado «De Alepo a Europa: llamamiento urgente a la solidaridad» no es solo una crónica de guerra; es una advertencia sobre el ataque sistemático a uno de los proyectos emancipadores más avanzados de nuestro siglo, el Confederalismo Democrático.

La población de Alepo —especialmente en los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh—, que durante años ha apostado por la autoorganización, la convivencia entre pueblos y la centralidad de la liberación de las mujeres, está siendo atacada en un intento de aplastar cualquier alternativa real al “orden” estatal, capitalista y patriarcal.

Como señala el propio comunicado:

«Lo que está sucediendo en Alepo es un ataque político deliberado al derecho de los pueblos a la autodeterminación. El objetivo es destruir el modelo de vida democrático y confederal y someter a las sociedades a sistemas centralizados, patriarcales y autoritarios».

Un escenario de terror planificado

Los avances de grupos mercenarios vinculados a facciones islamistas radicales, con el respaldo directo del Estado turco, no son fruto del azar ni de un vacío de poder. Se trata de una ofensiva diseñada para desarticular una experiencia política que ha demostrado, en condiciones extremas, que es posible construir estructuras de vida basadas en la autonomía, el apoyo mutuo y la democracia radical.

Las compañeras de Women Defend Rojava insisten en que no estamos ante un avance militar fortuito. Los ataques contra barrios de mayoría kurda en Alepo buscan castigar a comunidades que decidieron organizarse fuera del control estatal y de la tiranía religiosa, demostrando que otro modelo de sociedad no solo es deseable, sino viable.

La mujer como objetivo central de la guerra

En este contexto, la violencia contra las mujeres ocupa un lugar central en la estrategia de la ofensiva. El modelo político desarrollado en Rojava sitúa la liberación de las mujeres en el corazón de la vida social, organizativa y defensiva, a través de herramientas como la Jineolojî, las estructuras autónomas de mujeres y la copresidencia.

Por eso, allí donde avanzan estas facciones —herederas directas de la mentalidad del Daesh— reaparecen el secuestro, la esclavitud, la expulsión de las mujeres del espacio público y la destrucción de sus formas de organización. No es solo una conquista territorial: es un intento de borrar la memoria de que otra forma de vida ha sido posible.

La caída de estas zonas supondría mucho más que una derrota militar. Sería la clausura forzada de una experiencia histórica que ha demostrado que la lucha feminista puede ser estructural y no meramente discursiva. Es, en palabras claras, el ataque del fascismo contra la esperanza de los pueblos.

El silencio cómplice de Europa

El llamamiento dirigido a Europa señala la hipocresía de unos Estados que se llenan la boca con discursos sobre derechos humanos mientras mantienen acuerdos comerciales y de control migratorio con Turquía, principal instigador de esta estrategia de desestabilización.

La pasividad internacional confirma que, para el capital y los equilibrios geopolíticos, resulta preferible un orden autoritario, patriarcal y represivo antes que una experiencia de autonomía popular que cuestione sus privilegios. La derrota del Daesh sobre el terreno por parte de las fuerzas populares y feministas de la región no fue suficiente para garantizarles legitimidad ni protección.

De Alepo a Cantabria: una solidaridad que desborde fronteras

Desde Cantabria, y desde cualquier territorio en lucha, la solidaridad no puede limitarse a la empatía distante. Defender Rojava es defender nuestra propia posibilidad de imaginar futuros no gobernados por el Estado, el capital y la violencia patriarcal.

Las compañeras de Women Defend Rojava nos piden acción: presión en las calles, boicot a los intereses del Estado turco y, sobre todo, la difusión constante de lo que allí está ocurriendo. Si la revolución de las mujeres cae en Alepo, todas habremos perdido un trozo de nuestra libertad.

Jin, Jiyan, Azadî
(Mujer, Vida, Libertad)

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