El apoyo mutuo toma las calles de Santander frente a la deriva racista en Cantabria

Bajo un temporal de lluvia, cientos de personas se manifestaron este sábado en la capital cántabra contra la xenofobia institucional y en solidaridad con los menores migrantes acogidos en Cartes. La movilización, que recorrió el centro de la ciudad, señaló directamente la gestión de la alcaldesa Lorena Cueto y el «discurso del miedo» de la extrema derecha.

Una jornada de resistencia bajo el agua

A pesar del temporal que azotó Santander este sábado 14 de febrero, la determinación de la población desbordó lo simbólico para instalarse en lo político y confrontar los discursos de odio que han tensionado la convivencia en la región durante las últimas semanas.

Convocados por los colectivos Pasaje Seguro y Las Calles Contra el Fascismo, más de 500 personas se concentraron a las 12:00 horas en la Plaza del Ayuntamiento. La marcha avanzó por las principales calles de la ciudad hasta la Delegación del Gobierno, formando un frente común contra la intolerancia. Bajo el lema «Bienvenidos & Bienvenidas. El odio no cabe en Cantabria», las manifestantes recordaron, entre consignas como «todos los derechos para todas las personas», que la protección de la infancia debe prevalecer sobre cualquier cálculo partidista.

Cartes y la arquitectura del racismo institucional

Lo sucedido en Santander es la respuesta colectiva a la crisis vivida en el municipio de Cartes, donde la llegada de menores no acompañados a un centro de acogida fue recibida con arengas segregacionistas alimentadas desde las propias instituciones.

Las múltiples voces de solidaridad de estas semanas, que hoy han tomado la calle, han dejado al descubierto el fracaso del racismo institucional. Durante la lectura del manifiesto, se calificó de «absolutamente impresentable» la gestión de la alcaldesa de la localidad, Lorena Cueto, a quien se acusa de utilizar a la infancia como moneda de cambio política y de instigar el miedo en lugar de garantizar la protección de un colectivo doblemente vulnerable por su condición de menores y migrantes.

«Buscamos reparar el daño causado por las agresiones verbales y los intentos de bloqueo», subrayó Jesús Puente, de Pasaje Seguro, insistiendo en la necesidad de desmontar el falso marco de «inseguridad» que ciertos sectores pretenden instalar frente a la llegada de los jóvenes.

También se hizo un llamamiento a la organización y la lucha enfatizando en la idea de que el enemigo no son los migrantes, sino los Estados y el Capital, situando el apoyo mutuo como la herramienta clave frente a la exclusión.

Recuperar la narrativa de la acogida

La jornada del sábado supone un golpe en la mesa de la sociedad civil cántabra frente a la «fábrica del miedo» y sus tentáculos mediáticos. La movilización no solo fue un acto de apoyo a los menores de Cartes, sino una impugnación directa a un sistema que permite la criminalización de la vulnerabilidad, dejando claro que el silencio y la equidistancia no son una opción.

El conflicto de Cartes sigue abierto, pero Santander ha hablado: la sociedad organizada ha entendido que la batalla contra el racismo no se libra solo en los despachos o en las redes sociales, sino recuperando el espacio público y la narrativa de la acogida real. La solidaridad, como se demostró bajo la lluvia, sigue siendo la herramienta más eficaz para desactivar el odio y la fractura social.

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