¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DEL RECHAZO A LOS CHICOS DEL CENTRO DE ACOGIDA DE MIOÑO?
El pasado 29 de mayo vecinas de Castro X La Igualdad en Castro Urdiales presenciaron como un grupo de jóvenes perseguía a un chico del centro de acogida de Mioño. Tardaron segundos en activarse y denunciarlo. Es muy importante que haya una comunidad de lucha en este municipio que se esté disputando el discurso en clave antirracista ante meses y meses de escalada de tensión ocasionada por distintos grupos reaccionarios que se esconden tras un supuesto apoyo vecinal. Es más, si no fuera por ésta red de denuncia del racismo que hay detrás de toda la criminalización y persecución sobre los chicos que han llegado, probablemente la situación hubiera sido aún más hostil e impune. Probablemente muy poca gente se hubiera enterado de esta persecución y nadie hubiera salido a la calle a denunciarlo como el pasado 7 de junio, donde decenas de personas dejaron claro que «nativa o extranjera, la misma clase obrera».

El pasado 20 de junio, un dia antes del fracaso de concentración racista que distintos grupos escuadristas del estado tuvieron en el pueblo castreño, Danilo Albin escribía para Público un artículo llamado «Un grupo xenófobo con vínculos con ultras italianos agita las protestas contra un centro de menores en Cantabria». En el mismo afirmaba que La plataforma Remigración y Reconquista, que acababa de participar en Roma en un acto promovido por sus aliados de extrema derecha, instaba a sus seguidores a movilizarse contra el hogar para migrantes en Castro.
Razón no le falta a Danilo, sin embargo, esta campaña conspiranoica y racista, importada por el grupúsculo Alfonso I en Cantabria, no es la única iniciativa de carácter neofascista que está detrás de las protestas contra los chicos migrantes en Castro Urdiales. Es necesario mostrar al resto.
Echemos la vista atrás y veamos que ha pasado para llegar hasta este punto. Es innegable que cuando se supo que en Mioño se iba a a abrir una casa para acoger a personas menores no acompañadas que venían del continente africano hubo rechazo de una minoría vecinal de la población. Sin embargo, ¿Fueron estas personas de Castro las que activaron toda una serie de movilizaciones que duran hasta hoy? La respuesta es, probablemente no, seguramente no solas. La certeza es que esta negativa minoritaria no ocurrió de manera espontánea.
Como ya se describe en el artículo «Castro-Urdiales se moviliza al grito de «Ningún ser humano es ilegal» ante la campaña contra el centro de menores», el pasado 1 de marzo, una convocatoria de una plataforma autodenominada «Patrullas Castro, con el respaldo de cargos públicos de Vox —como los concejales Agustín Fernández y Laura Velasco, además de diputados regionales—, derivó en una protesta marcada por proclamas xenófobas y supremacistas, acompañadas de un acoso sistemático diseñado para amedrentar a cualquier voz disidente. Este modus operandi, ya testado en municipios como Cartes, sigue un patrón claro:
Detección del objetivo: Elección de municipios donde la extrema derecha cree que es más sencillo maximizar el impacto del miedo y movilizar a una masa mediante la desinformación.
Difusión de bulos: Desinformación activa sobre supuestos riesgos para la seguridad, a menudo apoyada por cargos públicos que actúan como agitadores.
Coacción y acoso: Señalamiento directo a trabajadores del centro y cargos institucionales para forzar el bloqueo administrativo y cambios políticos bajo coacción. Esto ha llegado hasta el hostigamiento personal hacia la alcaldesa, Susana Herrán, incluso en presencia de sus hijos.
Si miramos a todo el resto del estado español, observaremos que la estrategia política de Vox tiene una serie de propuestas de acción que se repiten en distintos puntos geográficos. Uno de ellos, cerrar los espacios relacionados con la igualdad de género y la atención a las mujeres víctimas de violencia de género. No es casualidad que Vox intentara cerrar el Espacio Mujeres de Torrelavega porque estaba haciendo lo mismo en otros municipios y localidades del estado español. Fracasó, como de costumbre, pero lo utiliza como campaña política. De la misma manera, no es casualidad que Vox tuviera una presencia notoria en redes y en la calle en las movilizaciones contra el centro de acogida de Mioño, puesto que es lo mismo que intentó en Cartes y está intentando en el barrio santanderino de Cazoña. No sólo en Cantabria, también Madrid, Albacete y otras localidades. Las movilizaciones no surgen de una espontaneidad vecinal causada por el descontento y el hartazgo del vecindario de Castro, surgen por una estructura de partido con pequeños ayudantes extraparlamentarios que les hacen el trabajo sucio. Es necesario desnaturalizar estos brotes racistas porque su promoción tiene nombres y apellidos.
Es necesario desnaturalizar estos brotes racistas porque su promoción tiene nombres y apellidos.
La gama de grupos reaccionarios que se han acercado a Castro Urdiales a intentar rascar visibilidad en los últimos meses ha sido bien variado. Sin embargo, Vox es la formación con mayor capacidad de hacerse notar por lo evidente de que es una fuerza política parlamentaria con mucha financiación detrás. Sus integrantes no son los únicos que hicieron kilómetros para ir de domingueo a este pueblo a gritar racistadas. También tuvieron mucho protagonismo sus exjuventudes «Revuelta», las cuáles, después de su estratégica escisión tras el desfalco de dinero a costa de las víctimas de la Dana en Valencia, andan mandando militantes fascistas a manifestaciones contra centros de menores en distintos puntos del estado.

Si bien Revuelta empezó fuerte en Castro, perdieron fuelle en pocos días. Una trayectoria distinta fue la de Frente Obrero, esta formación profundamente reaccionaria tiene como principal actividad la de sostener el negocio emprendedor de su líder, el cuál ha encontrado un nicho de mercado en redes, como la cobertura de programas televisivos como Horizonte de Iker Jimenez y la invitación a eventos de grandes empresarios como el «Madrid economic Forum». Este grupúsculo fue tomando presencia poco a poco mandando a sus caras más visibles a Castro en distintas ocasiones. Una de estas consistió en intentar boicotear una mesa redonda organizada por colectivos feministas y antirracistas del pueblo. También consiguió que los cuatro militantes de Cantabria pegaran carteles xenófobos y alguno de sus simpatizantes se presentara en un acto sobre bulos y desinformación en medios en Torrelavega para interrumpirlo. Además, en Santander, sus juventudes difundían la interrupción de una clase en el interfacultativo tras haber colgado una pancarta contra «Los menas». Por suerte, dicha pancarta no duró nada gracias a estudiantes que la tiraron a la basura.

Las caras más visibles de las protestas de Castro colaboran estrechamente con este grupúsculo rojipardo como con los neonazis de Santander, que también intentan hacerse un hueco marginal a través de la campaña con base conspiranoica llamada «Remigración», como señalamos al inicio de este texto. No hay ningún tipo de esfuerzo de investigación para demostrar que estos representantes de la minoría vecinal de Castro que se opone a la acogida tienen buena relación con agrupaciones escuadristas e incluso asumen discursos de carácter abiertamente fascistas. Prueba de ello es el alegato que el pasado 21 de junio en Castro hizo uno de ellos sobre Quentin Deranque, un nazi que murió en un enfrentamiento con militantes antifascistas que estaban en un acto por Palestina y fueron atacados por escuadristas de extrema derecha entre los que se encontraba él. Es decir, algo que no tenía nada que ver con la supuesta «seguridad» del vecindario de Castro y sí con la construcción de un mártir neonazi.


Tampoco faltaron los anteriormente citados neofascistas/neonazis santanderinos afines a Amanecer Dorado y con vinculaciones con Casapound llamados Alfonso I, que se unieron tarde a las movilizaciones pero acabaron acudiendo a las últimas.
Castro también ha sufrido visitas turísticas de la bajeza moral de pseudoperiodistas como Cake Minuesa y Vito Quiles. El primero, conocido por acosar a trabajadores manteros y antiguo invitado de los nazis de Santander a conferencias, decidió esta vez ir a insultar a un compañero de Castro X la Igualdad mientras trabajaba como educador social en el centro de acogida. No han sido las únicas amenazas e insultos que han recibido las personas antifascistas que viven en Castro y que están movilizándose día tras día por la libertad sexual y de género, por el pueblo palestino, por el pueblo saharaui y contra el racismo. Las amenazas más graves y recientes fueron las que ocurrieron días antes de la famosa concentración del 21 de junio, donde se lanzaron gritos contra una compañera diciendo que la iban a pegar y violar. Al final la concentración obtuvo una respuesta antifascista que se puso delante de poco más de un centenar de neofascistas venidos de distintos puntos del estado, principalmente Madrid, a pesar de un despliegue mediático sin precedentes auspiciado por matones como Daniel Esteve de Desokupa y Roberto Vaquero de Frente Obrero y su reciente iniciativa patrullas de España. De ahí la conclusión del colectivo «Las calles contra el fascismo» de que fuera un fracaso sin ningún tipo de respaldo social y vecinal de Castro más allá de un puñado de personas en estrecha relación con estos grupos.

Uno de los líderes del grupúsculo neofascista Alfonso I el 21 de junio en Castro Urdiales

Camisetas del grupúsculo.
La concentración del 21 de junio en Castro recordó demasiado al pasado 12 de marzo en Santander, donde más o menos los mismos grupos se reunieron en una concentración contra la acogida a chavales migrantes en Cantabria frente a Delegación de Gobierno. Una concentración que tuvo una respuesta antifascista contundente y logró que su acto perdiera toda capacidad de mandar el mensaje que querían, pero que fue totalmente denostada por medios como «Enbocadetodos» o el líder de Frente Obrero y posteriormente acosada por la Policía con decenas de identificaciones y dos multas.
Los medios, en sus distintos formatos, han jugado y juegan un papel fundamental monetizando odio. De hecho, la tergiversación de los distintos sucesos en estos meses en el pueblo de la costa oriental cántabra darían para otro artículo que enumerara la serie de bulos y manipulaciones utilizadas para convertir a los chicos de Mioño en monstruos, despersonalizandoles totalmente.
Lo cierto es que grupos neofascistas de distintas tendencias y medios de comunicación determinados han sido los principales instigadores de este odio a los chicos acogidos en el centro de la Fundación Cuin. Cabe señalar la importancia de entender que el carácter reaccionario de un vecindario no es un despertar natural, sino que tiene instigadores concretos, unos de corbata y otros más de calle. Un ejemplo oportuno por su gravedad y actualidad es el de los pogromos y linchamientos de Irlanda del Norte, donde el millonario Elon Musk y el nazi Tommy Robinson han sido cruciales para amplificar la ola de racistas unionistas saliendo a la calle a quemar coches y viviendas del proletariado migrante y racializado. Una de las pruebas de que no se trataba de un estallido natural del vecindario ante una agresión de una persona sudanesa, es que estos grupos nazis tenían listas de casas de personas migrantes y racializadas apuntadas previamente. Aquí en Castro Urdiales también hay personas que incitan al odio racista y que, conscientes o no, están sembrando un caldo de cultivo ideal para que se den prácticas similares a las vistas en Reino Unido e Irlanda.
El odio racista no es algo natural e intrínseco a las vecinas, sino una estrategia política de tensión entre iguales que beneficia a las grandes fortunas y a los aspirantes a tomar el gobierno. Sin embargo las pocas personas que sostienen estos discursos, exceptuando los nazis que andan por ahí intentando pillar cacho y fantaseando con levantar la zarpa de vez en cuando, suelen reclamar que no son racistas. El racismo actualmente no opera tanto desde argumentos biológicos sino securitarios. Sin embargo, la delincuencia no es un rasgo inherente de personas de un origen étnico determinado, sino una consecuencia de la marginación. Ello explica que en los años 80 hubiera barrios con grandes problemas sociales en sus calles donde chavales españoles utilizaban la delincuencia como forma de sobrevivir en una sociedad sin apenas oportunidades para ellos y con mucha droga alrededor. Si bien hoy en día no hay manera de demostrar, ni con datos materiales ni con argumentos, la relación entre inmigración y delincuencia de manera honesta y certera, sí la hay entre exclusión y delito. Sobre ello sería evidente y lógico que si una sociedad relega a la población migrante y/o racializada de determinada clase social e incluso de determinado perfil cultural y religioso a las posiciones más precarizadas de la clase trabajadora, pudiera darse el caso de que en efecto ocurriera una relación con ciertos comportamientos catalogados como delitos por el código penal. Sin embargo, no es el caso. Los datos desmienten el argumentario interesado de la reacción.
La simple y llana separación y comparación entre nacionales y extranjeros para medir cualquier cuestión social tiene un punto de partida racista y es que el racismo no es una característica exclusiva de la extrema derecha sino una estructura material y politica que forma parte de las democracias capitalistas en las que vivimos.
Recomendamos el texto de Nuria Alabao «El error de Rufián: contra la asociación entre migraciones y delincuencia» donde afirma que es imprescindible desmentir con datos el bulo que vincula a los migrantes con la criminalidad. «El problema no es el origen sino la pobreza, la precariedad y la crisis de vivienda: cuestiones de clase que exigen luchas conjuntas.» Otros autores como Alberto Cordero en «Belfast habla de nosotros» no da tanta importancia a legitimar nuestras posturas con datos puesto que piensa que las personas nos movemos por la emocionalidad politica. En consecuencia, piensa que lo importante está en generar contrapoderes comunitarios que permitan enfrentar estos fenómenos con solidaridad y lucha.
En ambos sentidos, la comunidad antirracista de vecinas de Castro Urdiales y los colectivos sociales de la localidad, están siendo una experiencia valiosa a la altura de sus circunstancias y suponen una referencia a seguir para articular una lucha cada vez más fuerte en Cantabria contra tentativas de pogromos, linchamientos, persecuciones y ataques que los grupos reaccionarios intentan promover y que seguro la gente vamos a tener que contener, evitar y/o confrontar.



