Mientras la maquinaria de guerra europea acelera su marcha y los Estados miembros incrementan sin reparos sus presupuestos militares en nombre de una supuesta «seguridad», distintas voces críticas se alzan para denunciar lo que esconde esta nueva ola belicista: más control social, más recortes de libertades, más negocio para la industria de la muerte y, sobre todo, más y más muertes.
El rearme de Europa no traerá la paz, sino que nos acercará aún más a la guerra […] escenario idóneo para normalizar mecanismos de represión y de autoritarismo que ya se están empezando a ver
Esta mañana se presentó el «Manifiesto contra el rearme y la guerra en Europa», un pronunciamiento colectivo que rechaza frontalmente el rearme promovido desde Bruselas y las principales capitales europeas. Firmado por activistas, académicos y personas comprometidas con la paz, el texto pone en evidencia la deriva belicista de unas élites políticas y económicas que están dispuestas a sacrificar la vida, los derechos y los recursos de las personas comunes. «El rearme de Europa no traerá la paz, sino que nos acercará aún más a la guerra; un escenario idóneo para normalizar mecanismos de represión y autoritarismo que ya se están dejando ver», señalan sus impulsores. Rechazan el aumento de la militarización y exigen una Europa desmilitarizada, donde la solidaridad y el diálogo prevalezcan sobre la violencia institucional.
La idea de que la paz depende de dominar a los otros bandos solo conduce a la escalada, y la guerra
Este no es el único pronunciamiento reciente. En el manifiesto «Científicos contra el rearme», expertos de distintas disciplinas denuncian que «los políticos reaccionan con poca visión de futuro, llamando a movilizar a escala continental una cantidad colosal de recursos para producir más armas de muerte y destrucción». Los científicos alertan sobre cómo el conocimiento está siendo capturado por el complejo militar-industrial, despojando a la humanidad de herramientas para abordar los grandes retos globales.
En el documento se recuerda que «la idea de que la paz depende de dominar a otros bandos solo conduce a la escalada y la guerra», instando a una verdadera diplomacia basada en el diálogo y la tolerancia.
Paralelamente, el «Llamamiento a favor de la paz y el desarme», firmado por más de cincuenta voces críticas del periodismo y la academia, pide el fin del «lenguaje orwelliano» que se ha instalado en la política europea, en el que la guerra se presenta como el camino hacia la paz. Señalan también la responsabilidad de organizaciones como la OTAN en la escalada de tensiones bélicas.
Estos manifiestos se suman a una creciente movilización en las calles. Hace pocos días, activistas del colectivo BBVA sin armas realizaron una acción directa en Bilbao, denunciando la implicación del banco en la financiación de la industria armamentística. Denunciaron que BBVA es cómplice del negocio de la guerra, invirtiendo en empresas que fabrican y exportan armas utilizadas en conflictos de todo el mundo. Durante la acción, las paredes de la sede bancaria fueron cubiertas con mensajes en contra del militarismo y en favor de un mundo sin ejércitos ni fronteras.
Las políticas de rearme europeo, impulsadas por gobiernos y organismos que se presentan como «garantes de la libertad y la democracia», representan una nueva vuelta de tuerca a un sistema de dominación que crece a costa de las vidas de millones de personas. Mientras el gasto militar no para de crecer, se recortan derechos, se militarizan los espacios públicos y se criminaliza la disidencia. La paz se convierte en una simple fachada para justificar la guerra permanente.
En respuesta, los manifiestos y las acciones de denuncia nos recuerdan que la lucha contra el militarismo está directamente ligada a la lucha por una sociedad verdaderamente libre. Una Europa que renuncie a las armas no es solo una utopía, es una necesidad urgente para quienes no estamos dispuestos a aceptar que el futuro esté determinado por los mercados de la muerte y los intereses de los poderosos.
Con la publicación del «Manifiesto contra el rearme y la guerra en Europa», se reafirma una idea sencilla y radical: la guerra no es inevitable. Lo que sí es inevitable es la respuesta de quienes no vamos a rendirnos.



