Frente a la precariedad de servicios en el medio rural, el Gobierno de Cantabria insiste en que el camino para «fijar población» pasa por derivar presupuestos públicos hacia el lobby taurino. La Fundación Franz Weber (FFW) denuncia que estas subvenciones tienen un impacto nulo contra la despoblación y reclama que sea la propia comunidad quien decida el destino de los recursos destinados al reto demográfico.
Desde 2024, la Consejería de Presidencia, Justicia y Seguridad ha desplegado una línea de ayudas específicas para municipios en riesgo de despoblamiento —como Pesaguero, Tudanca o Rasines— destinada a financiar hasta el 90% de los costes de corridas de toros, novilladas y encierros. Para este ejercicio 2026, la partida se mantiene bajo el mismo pretexto institucional: «dinamizar la vida social y económica».
Sin datos que avalen el «milagro» taurino
Desde la FFW han puesto el dedo en la llaga: no existe ni un solo dato objetivo que avale que la tortura animal en una plaza sirva para que una familia decida no abandonar su pueblo. Las ayudas pueden llegar hasta los 14.500 euros por municipio para corridas de toros, un montante que para localidades de apenas unos cientos de habitantes supone un porcentaje altísimo de su presupuesto de festejos.
Mientras se garantiza el beneficio privado de empresarios taurinos, las infraestructuras comunitarias y el apoyo a la soberanía alimentaria en los pueblos siguen infrafinanciados. Ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿Por qué no se consulta a las vecinas y vecinos en qué prefieren invertir esos recursos?
Opacidad y falta de soberanía rural
La negativa del Gobierno a mostrar los informes que justifiquen estas ayudas ha llevado el caso ante el Defensor del Pueblo. Para los movimientos que apuestan por la autogestión y el control popular de los recursos, esta opacidad es una forma de «secuestrar» el presupuesto público para favorecer a un sector que carece de demanda real y que no sobreviviría sin el goteo constante de dinero de todas.
El uso de fondos destinados al «reto demográfico» para estos fines se percibe como una maniobra de distracción que elude los problemas estructurales del campo. Dinamizar la vida social no debería ser una imposición desde una consejería, sino nacer de las necesidades y deseos expresados por las propias comunidades rurales en procesos de decisión colectiva.
Contra el maltrato, por una vida rural digna
Para la Fundación Franz Weber, este uso de los fondos no es solo «éticamente reprobable» por implicar maltrato animal, sino que supone un despilfarro que debería ir destinado a paliar la brecha de servicios que sufren las comarcas más aisladas de Cantabria. El modelo de «pan y circo» se demuestra incapaz de frenar el vaciado de los pueblos.
Frente a la imposición de tradiciones que requieren respiración asistida mediante dinero público, surge la demanda de una ruralidad viva, consciente y soberana. Una que pueda decidir si su futuro se construye sobre el maltrato animal o sobre servicios públicos que garanticen una vida digna para todas. Los problemas estructurales de Cantabria no se solucionan con una tarde de toros.



