El 28 de septiembre no es una fecha cualquiera. Se conmemora desde 1990, cuando los movimientos feministas y de mujeres de América Latina y el Caribe lo declararon como el
Día por la Despenalización y Legalización del Aborto. Allí, donde las legislaciones
restrictivas siguen costando vidas, las compañeras levantaron esta bandera para denunciar
que la penalización del aborto es violencia de Estado contra mujeres y personas gestantes.
Desde entonces, este día se ha convertido en una jornada de lucha internacionalista, que
une nuestras voces de un lado a otro del océano en defensa del aborto libre, seguro y
gratuito.
Por eso hoy nos concentramos en Santander para gritar alto y claro que el aborto es una
cuestión de salud pública y es un derecho humano fundamental. Negarlo, limitarlo o
criminalizarlo es violencia patriarcal, racista y de clase.
Desde las Asambleas Feministas Abiertas de Cantabria, un colectivo transfeminista,
anticapitalista, antifascista, y antirracista, recogemos que los derechos sexuales y
reproductivos son derechos humanos. Reclamamos aborto libre, gratuito y accesible en la
sanidad pública, y también educación sexual integral, anticonceptivos, acompañamiento
respetuoso y cuidados colectivos.
El aborto ha existido siempre. La pregunta no es si habrá abortos o no, sino si serán
seguros y accesibles para todas o si se seguirá condenando a las más pobres a jugarse la
vida. Porque lo sabemos bien: cuando el aborto se criminaliza o se dificulta, las personas
con recursos viajan al extranjero y lo pagan. Las personas sin recursos se quedan, lo hacen
en la clandestinidad, poniendo en riesgo sus vidas. Esa desigualdad es violencia de clase, y
por eso la lucha por el aborto es también una lucha contra el capitalismo.
Desde la Asambleas Feministas Abiertas de Cantabria reclamamos que no aceptamos
tutelas, ni estigmas, ni objeciones de conciencia que actúan como veto ideológico en los
hospitales.
Reivindicamos la memoria de nuestras compañeras que, en los años 70 y 80, en el estado
español se enfrentaron a la represión, a la clandestinidad y en multitud de casos al estigma.
Ellas demostraron que los derechos se conquistan en la calle. A nosotras nos toca
defenderlos y ampliarlos, porque hoy más que nunca siguen en peligro.
No podemos obviar el contexto en el que nos encontramos. Ayer mismo, en esta ciudad, se
celebraba un festival de ideología fascista que no es ninguna casualidad; el ascenso de la
ultraderecha en todo el mundo viene acompañado de ataques directos a nuestros derechos
sexuales y reproductivos, al transfeminismo, a las personas migrantes, al colectivo cuir y a
quienes defendemos la justicia social. Cuando avanza la ultraderecha, retroceden nuestros
derechos. Que nos oigan: ¡NO LO VAMOS A PERMITIR!
Denunciamos que:
● Las mujeres presas ven negados sus derechos sexuales y reproductivos como si ser
privadas de la libertad significara perder también el derecho a decidir sobre sus
propios cuerpos.
● Las menores tuteladas están sujetas a custodias institucionales que les arrebatan
autonomía y les niegan acompañamiento digno.
● Las personas trans y no binarias con capacidad de gestar siguen invisibilizadas y
expuestas a violencia médica, a barreras de acceso y al estigma.
● Las mujeres sin papeles son excluidas sistemáticamente del sistema sanitario y, en
la práctica, se les niega el acceso al aborto seguro.
● Las mujeres discas sufren estigmas, infantilización y decisiones forzadas sobre sus
cuerpos, siendo tratadas como incapaces de decidir.
Nuestra mirada es internacionalista, por eso hoy también estamos con las compañeras que
en distintos paises siguen luchando por la despenalización del aborto. El Salvador es uno
de estos lugares donde el aborto está totalmente penalizado y, ha llevado a que en la
actualidad 7 mujeres que se encuentren presas, y 11 hayan sido procesadas por la misma
razón. La gran mayoría de ellas han enfrentado o enfrentan condenas por homicidio
agravado de entre 30 y 50 años de prisión solamente por haber sufrido emergencias
obstétricas, el rostro más brutal del patriarcado punitivo. Exigimos su libertad y
denunciamos un sistema que convierte la maternidad en cárcel y la pobreza en condena de
muerte.
Por todo ello afirmamos que el aborto es salud pública, es cuestión de clase y es un
derecho humano, y exigimos para todas un aborto libre, seguro y gratuito en la sanidad
pública; garantías de acceso real para las mujeres, personas trans y no binarias, para las
presas, las discas y las menores tuteladas; y educación sexual integral y anticonceptivos
accesibles. Los exigimos también para aquellas que viven en otros territorios y por ello
exigimos también acciones desde una políitica exterior que se nombra feminista.
Nuestros cuerpos no son propiedad del Estado ni de la Iglesia.
Nuestros cuerpos son nuestros. Nuestras decisiones también.
¡ABORTO LIBRE, SEGURO Y GRATUITO PARA TODAS!
* Leído el 28 de septiembre en la concentración llevada a cabo en Santander, con motivo del Día por la Despenalización y Legalización del Aborto.



