El buen migrante o cómo salvar a un europeo te puede sacar del paro
La migración como proceso intrínseco a la humanidad se encuentra desde hace siglos atravesada por factores sociales, económicos, políticos, culturales, etc. Desde la creación de líneas imaginarias a cargo de los Estados-nación y su necesidad de que la gente esté dispuesta a ser asesinada en guerras por preservarlas, el impulso de los nacionalismos ha sido fundamental. Esto implica que las empresas, también denominadas naciones, buscarán por todos los medios posibles diferenciar entre un “nosotros” y un “ellos”. Y casi siempre la categoría de “ellos” es, como mínimo “menos buena” que el “nosotros”, aunque casi siempre es definida como inferior. Así, la creación de bandos está asegurada, y lo que en principio podría parecer imposible, como la probabilidad de que una persona guiada por una idea abstracta, por unos colores en un pedazo de tela, a partir de identificar a otra persona como un “no nosotros”, esté dispuesta a lastimarla o incluso matarla o que, en defensa de una quimera, acceda a arriesgar su integridad y hasta su vida, se hace posible. Para ello se hace fundamental incentivar el orgullo por la patria y el himno, la aceptación del orden social impuesto, el capitalismo, la civilidad, la legalidad como “sentido común”, sus instituciones como parte fundamental y hasta lógica de la organización social, entre muchos otros aspectos con distintas aristas.
Y cuando el sistema político-económico entra en su habitual fase de crisis, se torna en facetas abiertamente violentas como el fascismo, y señala culpables echando mano de las categorías que previamente construyó en la población. El chivo expiatorio por excelencia en estos periodos (antes supuestamente pasajeros y hoy constantes con matices de permanentes) es la otra, la diferente en todas sus formas posibles. Así, el relato se construye redondo y se conforma por piezas perfectamente intercambiables, listas para usarse según las necesidades del momento: este periodo de “crisis” (perfectamente calculado) es “una fase” que está siendo provocada/remarcada por un “no nosotros” (que puede ser el Estado-nación malvado en turno, el suceso no occidental que se prefiera, el sector de la población mundial de piel no blanca preferiblemente y aquellas personas fuera de la norma, entre otros).
En este sentido, las personas migrantes han sido un sector habitual en cual depositar responsabilidades eludidas por un sistema que precisa de víctimas para alimentarse.
A lo largo de la historia, los sectores de población migrante han tenido diversas lecturas, aunque de forma frecuente cuando la migración sale de Europa suele ser en términos heroicos, salvadores, como embajadores de progreso y cultura. En cambio, cuando la migración es hacia Europa, suele verse como un empobrecimiento social y cultural, una carga para las sociedades que la reciben o un peligro en diversas esferas de la vida. La “buena migración” sólo es posible si viene respaldada por el dios omnipotente dinero. Si no es así, desde los sectores de ultraderecha se apuesta por su erradicación, y en sectores más “moderados” (o un poco menos gilipollas), se considera posible su “integración” a través de la meritocracia.
Del enfoque meritocrático para la integración, que es el dominante actualmente en la burocracia estatal, se desprenden una serie de elementos dignos de análisis. Para empezar, la noción de que la persona migrante es culpable, peligrosa o estorba, a menos que demuestre lo contrario. Por lo tanto, acceder a la aprobación social de la cultura dominante de un país (de los orgullosos defensores de las líneas imaginarias también denominadas como fronteras) será un premio que será merecido una vez que la persona “otra” demuestre su valía. El 30 de marzo del 2022, una persona migrante proveniente de África de 22 años salvó a otra cuando se estaba ahogando en el río Pisuerga. Fue sólo hasta entonces cuando su situación cobró relevancia, y sólo hasta entonces importó que llegó en patera a Italia a los 17 años y que en el momento del suceso se encontraba sin empleo. El Ayuntamiento de Valladolid organizó un homenaje y lo calificó de héroe, y una empresa le hizo una oferta de empleo. Aún así en la prensa se hace un espacio para matizar que, en el homenaje por su heroicidad, al momento de agradecer, el castellano de esta persona no fue perfecto “aunque sí entiende el idioma”. Las personas migrantes que no tienen la suerte de encontrarse con un paisano ahogándose en un río para poder salvarlo, pero que también llegaron en patera (si es que antes no fueron asesinadxs en el mar o por otros medios), o buscando un mejor panorama para su familia, y que se encuentran sin empleo o en una condición legal que las hace vulnerables a deportaciones, tendrán mayores dificultades con el racismo y la xenofobia que, además de los ataques cotidianos, les impedirán acceder en igualdad de condiciones a una vida digna.

El siguiente aspecto por considerar es la idea de que el “buen migrante” se “integra”. La premisa para esta necesidad es la de que el extranjero tiene que dejar de serlo, o al menos minimizar esta condición, y pasar a hispanizarse. Como persona que desea incorporarse a la sociedad española, el extranjero entrará en un proceso de unificación con ella, pues se asume al mismo tiempo que la sociedad española es una, unificada, homogénea. Esta integración será verificada en términos institucionales y con fines legales a través de la prueba de conocimientos constitucionales y socioculturales de España (prueba CCSE), y en la cual, además de incluir preguntas de índole histórico, geográfico o cultural, se incluyen otras como el nombre del aperitivo según su tamaño o presentación (tapa, banderilla, pincho o ración) o los representantes de la música moderna española, entre las que destacan Enrique Iglesias o Rosalía. Aprobar o no esta prueba tiene repercusión directa en la solicitud de la nacionalidad española para la persona solicitante pues sin ella no podrá serle otorgada la misma. De entre los requisitos para obtener el permiso de residencia legal en sus diversas modalidades, el carecer de antecedentes penales en el país de origen y en el Estado Español es uno frecuente. La criba aquí en términos morales/cívicos deja fuera a todas aquellas personas que han sido obligadas a enfrentar al sistema legal de control social. Y si la migrante pretende obtener la nacionalidad española, es requisito obligatorio «jurar o prometer fidelidad al Rey y obediencia a la Constitución y a las Leyes«.
Ante este panorama, es importante destacar el absurdo que las fronteras imaginarias representan, y denunciarlas cuando estas a su vez implican muros y concertinas hechas para lastimar a personas que, por el azar, nacieron en una ubicación distinta y buscan nuevos caminos. Es importante enfrentar y desenmascarar a todos aquellos discursos que siembran odio hacia las personas migrantes y asumir que el fascismo se ha anotado múltiples victorias (incluso en aspecto “inofensivos” de lo cotidiano como las “bromas” que agreden a “las otras”) al no ser combatido en este frente. También es importante hacer eco de organizaciones migrantes que, priorizando la digna lucha antes que la aprobación social o la certidumbre legal, hacen del apoyo mutuo y la fuerza colectiva una herramienta para enfrentar al racismo, la xenofobia y el fascismo. La migración desobediente, insumisa, y «lxs malxs migrantes» que toman parte de la realidad social, que no serán fieles ni obedientes, que no callan y se rebelan, tienen un papel activo en el devenir de las circunstancias sociales de aquel lugar en el que se encuentren. Los discursos de la ultraderecha deben ser confrontados por el antifascismo, del cual las personas migrantes forman parte esencial. La respuesta ante la escalada fascista será también en un castellano imperfecto.
Artículo publicado en el boletín Briega en papel nº39 de Enero de 2023



