No hay palabras para describir el dolor y la indignación que sentimos ante el genocidio que comete Israel en Gaza, televisado y en tiempo real. Siendo una herida de insondable profundidad, no es la única y forma parte de un concierto de ataques. La agresión es brutal y homicida y va más allá de Palestina- intenta establecer globalmente que el genocidio, y la violencia generalizada de los poderosos contra las poblaciones es la nueva normalidad. Estamos ante el fin de la era del “capitalismo de postal” como lo llamó Rita Segato.
En el camino, Naciones Unidas sigue publicando abrumadoras evidencias. Este 16 de septiembre de 2025, después de 2 años de investigación, la comisión internacional de ONU sobre Gaza, dirigida por la jurista sudafricana Navi Pillay, confirmó que Israel ha cometido genocidio en Gaza.
“Es evidente que existe la intención de destruir a los palestinos de Gaza mediante actos que cumplen los criterios establecidos en la Convención sobre el Genocidio”, declaró la presidenta de la Comisión, Navi Pillay, que anteriormente ocupó el cargo de Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y fue relatora y jueza del Tribunal Penal Internacional para el caso de Ruanda.
“Al matar, causar lesiones graves a la integridad física o mental, someter deliberadamente a condiciones de vida que hayan de acarrear la destrucción total o parcial de los palestinos, e imponer medidas destinadas a impedir la natalidad, las autoridades y las fuerzas israelíes cometieron cuatro de los cinco actos genocidas definidos en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 1948” (…)
El actual Alto Comisionado de ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, expuso esta masacre y otras. “Sobran desfiles militares y faltan ministerios de la Paz” declaró Türk ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 8 de septiembre de 2025.
Denunció el asesinato deliberado de civiles palestinos, de periodistas y personal de la ONU y organizaciones humanitarias y en general, la comisión por Israel de “crímenes de guerra tras crímenes de guerra”, conmocionando la conciencia mundial. “¿Dónde están las medidas decisivas para prevenir el genocidio?¿Por qué los países no hacen más para evitar crímenes atroces? La inacción no es una opción”, enfatizó. Urgió a detener inmediatamente todo comercio de armas con Israel.
Mostró además como hay cada vez menos derechos para más millones de personas; listó entre otros casos, la guerra entre Rusia y Ucrania, las repetidas y sangrientas violaciones de derechos en Sudán contra toda la población, la crisis en Myanmar donde el ejército ataca a la población civil en sus hogares, aldeas, escuelas y campamentos con ataques aéreos y bombardeos, detenciones arbitrarias, tortura, violencia sexual y reclutamiento forzado; también la violencia y violaciones multiples a derechos en la República Democrática del Congo, Haití, Nigeria y otros.
En suma, denunció un panorama mundial en el cual la glorificación de la violencia y la erosión del derecho internacional aparecen como las constantes principales (Sergio Ferrari, 14/9/25).
Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, demandó en julio 2025 el embargo total de armas a Israel y juicio penal contra las entidades corporativas y los ejecutivos involucrados en el genocidio, entidades que denunció con detalle en su informe “De la economía de la ocupación a la economía del genocidio”. Informe que le valió que Estados Unidos, en una violación sin precedentes del derecho internacional, le impusiera sanciones a una funcionaria de la ONU por cumplir el rol para el cual fue nombrada.
El informe de Albanese ilumina un aspecto de alta relevancia que complementa la imagen del nuevo escenario global: no se trata de intereses de gobiernos únicamente como Israel, Estados Unidos y otros. En el sustrato del genocidio, las guerras y las masacres hay un campo de experimentación de las grandes empresas que da cuentas a nadie, especialmente, pero no únicamente, de las grandes tecnológicas en colaboración de mutua conveniencia con las industrias bélicas y las que desarrollan nuevas formas digitales de control de población. “El genocidio continúa” declaró Albanese, “porque es lucrativo para muchos”.
Un efecto colateral de la brutalidad y la violencia extrema, es que puede hacernos sentir impotentes. No obstante, las muestras locales y globales de indignación contra el genocidio en Israel y de solidaridad con Palestina se siguen expandiendo y se manifiestan aún con alto riesgo, como es el caso actual de la flotilla Sumud y otras protestas. Esos movimientos siguen creciendo y se entretejen con las resistencias a muchas otras formas de violencia del capitalismo, de género, ambientales, climáticas, contra las y los trabajadores. Violencias que son intrínsecas a un sistema basado en el despojo, la explotación y la injusticia contra la gente y la naturaleza.
Es un momento de muchos desafíos y no hay una única respuesta, hay y habrá muchas y diversas. Además del horror, tenemos que enfrentar dimensiones nuevas de mentiras masivas y manipulación de la información para evitar que entendamos contextos y fondos.
Comprensión que por eso mismo solo podemos armar en colectivo, pensando y construyendo desde nuestras propias formas de cuidar el común, como plantean los zapatistas.



