«De las cenizas…» es un grupo que surge a raíz de una de las actividades de las Jornadas «La cosa está que arde» realizadas en enero del 2024 en el Centro Social La Libre de Santander. Fuimos interpeladas y detonadas por la presentación de «Qué hacer con las cenizas después de que todo arda», a raíz de la denuncia de una compañera que tuvo el coraje de compartir una situación de agresión que había vivido en un espacio de Cantabria. Tras su intervención y de forma espontánea se multiplicaron las intervenciones comentando situaciones similares. Quedó claro que el problema de las agresiones/tratos desiguales de género dentro de los movimientos son algo que se da no sólo en otros lados, sino entre nosotres.
No debería sorprendernos, la violencia de género es un problema estructural del que no podemos escaparnos. Es fácil tratarlo desde lejos y hablar de ello por encima como problema de otra gente, pero es muy difícil de reconocerlo y enfrentar que somos parte de él. Nadie supo bien cómo reaccionar, pero ante el calor de los acontecimientos se hizo una lista de emails de gente que estuvo interesada en crear un grupo que quisiera tratar el tema y ver cómo se le podía hacer frente.
Sin saber muy bien qué queríamos pero con la idea de «hacer algo» entendimos que de momento no teníamos la capacidad para enfrentar distintas situaciones concretas que se nos plantearon. No sabíamos si ser un grupo de formación, de apoyo, de mediación, de amigues, de intervención… queríamos ser todo pero éramos apenas una semilla. El tema está ahí entre nosotres, y no es solo a unas pocas personas a quienes les ha tocado, es un problema de todes y para hacerle frente y empezar a cambiar cosas hay que nombrarlo y reconocerlo como propio.
Para profundizar en el complejo mundo de las violencias que generan las opresiones y las respuestas punitivas a la misma en nuestros entornos, decidimos trabajar con un texto que es el que queremos presentaros en varias entregas. Se titula ¿Cómo se mantiene, apoya y fomenta la opresión de género dentro de los movimientos progresistas, radicales y revolucionarios? Es una traducción y adaptación libre que hemos hecho de una parte del informe «Responsabilidad comunitaria de personas de color progresistas dentro de los movimientos» de la organización INCITE Mujeres de color contra la violencia. El texto, por su extensión, lo hemos dividido en tres partes que se publicarán sucesivamente en este mismo medio.
Durante todo un año hemos estado trabajando el documento y pensamos que es una herramienta muy útil que nos puede ayudar a identificar y reconocer mecanismos que utilizamos en nuestros grupos, asambleas y organizaciones y que mantienen, apoyan y fomentan la opresión de género. Esto sucede porque: La opresión de género no es solo un acto, es un estado mental y una forma de actuar.
El escrito aborda cómo el patriarcado sostiene y apoya la opresión de género, enumerando cuatro herramientas principales para mantenerla y/o y evitar hacerse cargo. Estas son: la negación, la minimización, la culpabilización y la contraorganización. Porque las pautas de poder y control, los actos de abuso y violencia y las culturas y condiciones que toleran, aprueban, fomentan y perpetran el abuso y la violencia parecen seguir ciertos patrones. Reconocer estos patrones que son parte de la herencia del mundo en el que vivimos, nos ayuda a enfrentarnos a ellos e intentar no reproducirlos. Como expresa Nerea Barjola en su Microfísica sexista del poder: «No es una cuestión de mala suerte, no son cosas que ‘a veces pasan’, es una noción política que vertebra y estructura el sistema social».
Pensar desde la estructura ha de pasar, también, por cuestionar las lógicas que mantenemos en nuestros entornos y preguntarnos qué papeles opresores ejercemos y se ejercen en ellos. Hacer esto requeriría no situar las agresiones como algo ajeno, sino como algo que nos atraviesa en conjunto y de lo que queremos y necesitamos hacernos cargo.
Así, pensarse machista, racista u opresor/a en cualquier sentido, analizar la forma en la que ejercemos los privilegios que rodean y constituyen nuestra posición subjetiva, nos facilita la asunción de procesos de responsabilización consciente comunitaria que deriven en alternativas más fructíferas.
Esperamos que el escrito que aquí os compartimos sirva como material de reflexión para iniciar un trabajo colectivo que nos ayude a afrontar desde un horizonte no punitivo las opresiones y las violencias y el daño que estas generan en nuestros grupos, relaciones y entornos. Intentando no recrear nuevos daños al hacerlo.
Deseamos que el texto pueda ayudar a nombrar y afrontar para transformar. ¡Buen provecho!
De las cenizas…
PRIMERA PARTE
(Del texto RESPONSABILIDAD COMUNITARIA DE PERSONAS DE COLOR PROGRESISTAS DENTRO DE LOS MOVIMIENTOS
Selecciones del Informe 2004 de INCITE! Mujeres de color contra la violencia)
¿CÓMO SE MANTIENE, APOYA Y FOMENTA LA OPRESIÓN DE GÉNERO DENTRO DE LOS MOVIMIENTOS PROGRESISTAS, RADICALES Y/O REVOLUCIONARIOS?
PATRIARCADO: LA RAÍZ DE LA OPRESIÓN DE GÉNERO
El sistema patriarcal es la raíz de la opresión de género. Habitamos en un sistema de opresión, que asume unos géneros binarios rígidos, de mujeres y hombres, femenino y masculino:
- que valora a los hombres y a los que se identifican como hombres y devalúa a las mujeres y a las que se identifican como mujeres; que asume la cisheteronormatividad; y ni siquiera reconoce otras identidades.
- que delega en los hombres/niños/identificados con el género masculino roles y posiciones de mayor estatus y que implican mayores niveles de toma de decisiones que los que se delegan en las mujeres/niñas/identificadas con el género femenino;
- que asume los valores masculinos como universales y dados.
Este sistema patriarcal se entrecruza con el racismo, el clasismo, la homofobia/heterosexismo, la transfobia, el capacitismo, el edadismo y el nativismo (antiinmigración) para oprimir a las mujeres y otras identidades no reconocidas. Y con múltiples opresiones en caso de que sean de color o personas queer de color. En última instancia, [el patriarcado] nos oprime a todas, todos y todes. A pesar de nuestro compromiso con la justicia social y la liberación, como activistas, organizaciones y movimientos no somos inmunes.
La opresión de género no es sólo un acto, es un estado mental y una forma de actuar. Las pautas de poder y control, los actos de abuso y violencia y las culturas y condiciones que toleran, aprueban, fomentan y perpetran el abuso y la violencia parecen seguir ciertos patrones.
HERRAMIENTAS PARA MANTENER LA OPRESIÓN DE GÉNERO
Negación, minimización, culpabilización y contraorganización
El patriarcado sostiene y apoya la opresión de género. Las cuatro herramientas principales para mantener la opresión de género y evitar hacerse cargo son: (1) la negación, (2) la minimización, (3) la culpabilización y (4) la contraorganización. En este número se hablaremos de las tres primeras
1. 1. NEGACIÓN.
Nuestra gente progresista, radical y revolucionaria, como particulares y organizaciones y movimientos (al igual que el resto del mundo), ha sido bastante buena a la hora de negar que exista la opresión de género.
¿Cómo puede ser la negación?
Esta se lleva a cabo a través de:
- Silencio
- Incapacidad de actuar
- Desplazar los problemas, actos o pautas de opresión de género al final de nuestra agenda, a un segundo plano (para siempre).
- Caracterizar los problemas, actos o patrones de opresión de género como individuales, personales o privados en lugar de hacerlos visibles como actos de opresión de género que requieren responsabilidad y soluciones públicas y colectivas.
- Calificar el acoso sexual o la agresión sexual, p.ej como «cita», “muestra de afecto», «demostrar que le gustas», «flirteo» o «malentendido».
- Ver cualquier cuestión de opresión de género (que requiere algo más que una discusión abstracta) como «burguesa», «de clase media», «feminista blanca», «dividir nuestro movimiento» o «hacerle el juego al enemigo de raza/clase/nación»
2. MINIMIZAR.
Nuestra gente progresista, radical y revolucionaria, com2. MINIMIZAR.o particulares o organizaciones y movimientos (al igual que el resto del mundo), ha sido bastante buena a la hora de minimizar la opresión de género como un problema, y/o minimizar situaciones/actos/patrones de opresión de género.
¿Qué aspecto puede tener la minimización?
- Como en el caso de la negación encontramos formas que se repiten. En primer lugar hacer que los problemas, actos o pautas de opresión de género pasen al final de nuestra agenda en un segundo plano (para siempre) y caracterizar los problemas, actos o patrones de opresión de género como individuales, personales o privados, en lugar de actos de opresión de género que requieren responsabilidad y soluciones públicas y colectivas.
- Además, calificar los problemas, actos o patrones de opresión de género como individuales o «sólo un malentendido».
- Ignorar el acoso y/o la agresión sexual tildándolo, por ejemplo, como «salir con alguien» o «invitar a alguien a salir».
- Ignorar la violencia doméstica o de pareja tildándolo, p.ej., como «una pelea», «una discusión», «tienen problemas», «ambos tienen problemas» o «ella debería dejarlo».
- Considerar cualquier cuestión de opresión de género (que requiere algo más que un debate abstracto) como algo que resta importancia al trabajo «real» y/o «importante».
- Esperar que desaparezca o que desaparezcan las personas que plantean o causan los problemas.
- Abordarlo de manera muy ineficaz (y saberlo)
3. CULPAR A LAS VÍCTIMAS.
Nuestra gente progresista, radical y revolucionaria, como particulares y como organizaciones y movimientos (al igual que el resto del mundo), ha sido bastante buena a la hora de «culpar a la víctima» o a otros que piden responsabilidades cuando surge la opresión de género como problema o situación. Culpar a la víctima o a les aliades suele combinarse con la negación y/o la minimización.
¿En qué puede consistir la culpabilización de la víctima?
- Caracterizar a las personas (normalmente mujeres) que plantean la cuestión del abuso, la opresión o la violencia de género como «burguesas», «de clase media», «feministas blancas» o «enemigas de raza/clase/nación»; acusarlas de «dividir el movimiento», «destruir la unidad», «linchar» o «apartarnos del trabajo ‘real’ o ‘serio'».
- Calificar a las mujeres/niñas/personas trans que plantean la cuestión de la opresión, el abuso o la violencia de género como «que se lo merecen», «coquetas», «jóvenes», «que quieren llamar la atención», «que deben haber hecho algo malo», «zorras», «que odian a los hombres», «lesbiana/tortillera» etc. o «hacen el juego al poder».
- Caracterizar a las mujeres/niñas/trans que se oponen a la opresión de género como «zorras», «controladoras», «enfadadas», «odia-hombres», «lesbianas/adictas» o «feministas blancas».
- Convertir a los maltratadores en «víctimas», caracterizando a las personas (normalmente hombres) acusadas de actitudes y comportamientos sexistas, abusivos o violentos como «víctimas», «buenos chicos», «héroes» o «importantes para nuestro trabajo» (léase: más importantes que las mujeres/niñas/trans que plantean el problema o sufren el maltrato).
(Continuará)
* Texto publicado en el boletin Briega en papel nº73 en enero de 2026



