Comunicación para defender la vida

COMUNICACIÓN COMUNITARIA, PUEBLOS EN LUCHA Y TERRITORIOS EN DISPUTA EN TIEMPOS DE GUERRA

En un contexto global atravesado por el avance del extractivismo, la mercantilización de la vida, la crisis climática y la intensificación de conflictos territoriales, la comunicación dejó de estar interesada en informar con responsabilidad y de la búsqueda de la certeza, o de dar a conocer diferentes miradas frente a un mismo hecho noticioso. Hoy comunicar es disputar sentidos, narrativas y horizontes de futuro. Es disputar el poder de los discursos que construyen realidad. En Abya Yala, donde los territorios son asediados por mega proyectos mineros, petroleros, forestales e inmobiliarios, la comunicación comunitaria se vuelve una herramienta vital de defensa de la vida, del agua, de la tierra, del aire y de los modos de habitar el mundo.

En este tiempo donde las potencias mundiales se encuentran disputando los territorios, desde un proceso de crisis multidimensional que ha generado el mismo neoliberalismo; las corporaciones de mass media, construyen una narrativa para el beneficio de lxs más ricos. Nos exponen a todo tipo de violencias en sus redes sociales, a genocidios en tiempo real, mostrándonos además la impunidad de muchos de los que ostentan el poder económico y político actual. Lo que, sin exagerar, nos recuerda a ratos los tiempos del holocausto nazi o las dictaduras del cono sur. Pero, como nos dijera Berta Cáceres, defensora de tierra-territorio, Lenca, antes de su asesinato: “Ya no hay tiempo humanidad, ya no hay tiempo…” Para recordarnos la necesidad de accionar y organizarnos en torno a la defensa de este planeta.

Frente a los grandes conglomerados mediáticos, las plataformas digitales controladas por corporaciones transnacionales y la lógica de la domesticación algorítmica, los pueblos originarios, las comunidades campesinas y los movimientos sociales autónomos construyen, desde hace décadas, sus propias formas de decir, contar y escucharse, a través de diversas plataformas como: radios comunitarias, medios alternativos, fanzines, murales, festivales, asambleas, encuentros, proyecciones en el territorio, ceremonias, cantos, caminatas, fogones y conversaciones cotidianas, las que forman parte de una trama comunicacional que no se limita a transmitir información, sino que produce comunidad, memoria y conciencia colectiva.

En este preciso tiempo, los medios alternativos, comunitarios, independientes o como se llamen, se han transformado en un espacio de resistencia y rebeldía, de construcción colectiva para encontrarnos, informar, comunicar, mantener la red comunitaria viva, haciéndonos parte de la lucha para defender lo que somos, tierra-territorio, y con ello colaborando en construir ese otro mundo posible, con lucha y dignidad.

Desde la cosmovisión de muchos pueblos originarios, la palabra no es mercancía: es vínculo, es memoria viva, es forma de cuidado de tierra-territorio. Comunicar no es “informar” en el sentido moderno-occidental, sino tejer relaciones entre personas, fuerzas de la naturaleza, ancestros y generaciones futuras. En este sentido, la comunicación comunitaria es una práctica espiritual, política y territorial al mismo tiempo. Defender el río, el bosque o la montaña es también defender la palabra que los nombra desde una relación de identidad, de reconocernos parte y no de dominio.

Paulo Freire ya advertía que no existe comunicación sin diálogo, ni diálogo sin una relación horizontal entre sujetos. Para Freire, la comunicación emancipadora no es un acto de “transferir” contenidos, sino una práctica de encuentro entre personas que se reconocen como protagonistas de su propia historia. En contextos de opresión, la comunicación es siempre una pedagogía política: puede reproducir la dominación o abrir caminos de conciencia crítica. La comunicación comunitaria, en esta clave, no busca “imponer” sino generar procesos colectivos de reflexión, organización y acción transformadora.

Los procesos de autonomía impulsados por el zapatismo en Chiapas aportan una referencia fundamental para pensar la comunicación como parte de la construcción de mundos otros. El EZLN no sólo disputa el sentido del territorio, sino también el corazón de la palabra pública. Desde los comunicados, los murales, los carteles en los caracoles, los encuentros nacionales e internacionales y los manuales de formación en medios comunitarios, el zapatismo propone una comunicación desde abajo, desde la digna rabia, desde el “mandar obedeciendo”. En ese horizonte se inscribe el manual de lxs tercios compas “toma los medios, sé los medios, haz los medios” https://www.centrodemedioslibres.org/wp-content/uploads/2017/05/toma-los-medios-nueva-web2016.pdf Lo que amplía la noción de comunicación más allá de lo tecnológico, reconociendo que comunicar es también caminar, conversar, sentir, pensar, bailar, pintar, abrazar, y sobretodo organizar-se, que es el llamado permanente del zapatismo a los demás pueblos, tribus y comunidades.

En este marco, compartimos el siguiente texto como parte de una reflexión situada, nacida de la experiencia directa en territorio zapatista y del recorrido por las artes de la comunicación:

El audiovisual como atomizador o como catalizador

ComunicAcción: Contracción de palabras devenida de la comunicación al servició de la acción y de la acción en sí misma hecha territorio del diálogo común.

Recuerdo mi primera visita a los caracoles zapatistas en las cascadas Roberto Barrios, recuerdo y siempre comparto la amabilidad de las personas, los más peques llevándome de recorrida por la selva, las doñas preguntándome a donde iba o si estaba perdido. Recuerdo LO QUE SENTÍ, lo recuerdo como si fuese hoy.

Claro, yo estaba con mis ojos deslumbrados por leer en persona ese mismo cartel que yo tenía como imagen de perfil en mi ICQ o Messenger, uno que decía “Usted está en territorio Zapatista, aquí el pueblo manda y el gobierno obedece. Un simple cartel, una frase, habían llegado a lo más profundo de mi corazón y pensamiento político.

Esos carteles, esas imágenes llegaron en mi adolescencia como un bálsamo y una certeza que se fue consolidando con el correr del aprendizaje sobre lo que el EZLN estaba llevando adelante allí por el 94.

Días más tarde de mi visita a las cascadas Roberto Barrios se inauguró el 2do congreso “Conciencias por la humanidad” y allí pude comprar el libro “El pensamiento crítico contra la hidra capitalista” y un texto se me clavó en la esperanza.

Uno que decía así: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2013/02/11/ellos-y-nosotros-vi-las-miradas-parte-4-mirar-y-comunicar/

Por algún motivo decidí formarme en las artes de la comunicación y últimamente siento que lxs comunicadores tenemos el compromiso y la misión de desentramar este misterio entre lxs emisores que somos y lxs receptores que también somos, utilizando todos los medios posibles para lograr transmitir una idea.

Un manual Zapatista de los tercios compas amplía el espectro más allá de lo televisivo o radial entendiendo muchas más formas de comunicar como podrían ser: una charla en la fila del supermercado, una mural en una pared, salir con un cartel a la calle, proyectar una imagen en algún lugar, siento de este modo que eso puede desentrañar la dicotomía en la que estamos envueltos y que plantea el título de este escrito.

La comunicación como atomizador atiende al inconveniente generado en las últimas décadas donde fácilmente podemos caer en la trampa de creer que la “democratización” de los medios de comunicación como ser la posibilidad de que cualquiera con un teléfono celular puede hacer un streaming o publicar lo que le dé la gana en su red social preferida cayendo así en ese océano de sobreinformación y fake news que , algoritmo mediante, genera un circulo de sesgos de confirmación y nos invita a ver infinita cantidad de publicaciones que solo confirman lo que creemos generando más segmentación y fragmentación y nos hace creer que republicando o dando likes estamos formando parte de una lucha y nos miente al creer que la estamos ganando simplemente porque republicamos y vemos otra cantidad de gente que cree lo mismo que nosotrxs adhiriendo a las mismas ideas, así y todo, tampoco podemos dejar de hacerlo, porque como ya han reconocido muchos líderes y emisarios de este mundo cruel, allí se está librando una parte importante de la 3er guerra mundial, la guerra cognitiva. Hoy, el campo de batalla es tu gnosis y se llega a ella a fuerza de flujos infinitos de información (independientemente de si es mentira o no, predominantemente mentiras) y generando así una idea dominante en manos de quien más medios tiene y claro, la alineación de sus dueños teniendo la posibilidad de censurar, banear o darle más visibilidad a una cosa o la otra (meta, tik tok, google, etc). Es por eso que también estamos trabajando en redes autónomas con servidores descentralizados e independientes, ciberseguridad y narrativas audiovisuales. (Escuela común)

Por el contrario, la comunicación como catalizador llega a lugares que sus redes sociales no pueden y que, tal vez, sea bueno practicar de manera urgente. Como dice ese manual de comunicación zapatista nunca fue más importante que ahora, practicar la comunicación “ALTERNATIVA”, siendo hoy la más básica, democrática y tecnológica de todos los tiempos, “la palabra”, hablar con el de al lado, o más profundo aún, hablar con nosotros mismos, expresar nuestros sentimientos, vincularnos con lo que sentimos, con nuestra humanidad más sensible, preguntarnos qué nos pasa, si nos gusta el mundo de guerra en el que vivimos, que sentimos al acariciar un gato o un perro o un “gatoperro” tal vez, que sentimos al ver un paisaje arder o un lago cristalino, es urgente conectar con la naturaleza de la que formamos parte y practicar juegos armónicos en relación a ella y a nosotrxs y desde esos lugares, tal vez si, poder emitir un mensaje al mundo, con una acción, con un mural, con un audio por WhatsApp, con un video, con una lágrima y una sonrisa.

Porque sí, porque vale la pena y vale la alegría,

Viva la digna rabia, la digna rebeldía.

Vivan lxs que luchan, lxs que dicen y lxs que escuchan!

Este testimonio dialoga de manera profunda con los desafíos actuales de la comunicación comunitaria. La guerra, la sobreinformación, la manipulación algorítmica y la mercantilización de la palabra no sólo fragmentan los lazos sociales: también debilitan las capacidades colectivas de defensa del territorio y de la vida. En este escenario, la comunicación como catalizador —como encuentro, como afecto, como práctica territorial— se vuelve una urgencia política.

Los movimientos socio ambientales que defienden ríos, montañas, humedales y territorios comunitarios lo saben: no alcanza con denunciar en redes; es necesario reconstruir tramas comunitarias, generar espacios de escucha, recuperar la palabra situada, producir relatos propios que nombren el dolor, pero también la esperanza. En la comunicación comunitaria se juega, en buena medida, la posibilidad de imaginar y construir futuros donde la vida no sea sacrificada en nombre del capital.

En Abya Yala una experiencia fundamental es la que desarrolla el Laboratorio Popular de Medios libres de México en conjunto con otras organizaciones: “estamos trabajando en redes autónomas con servidores descentralizados y autónomos, cuidados digitales y narrativas audiovisuales. Una de estas experiencias es la Escuela de Comunicación y tecnologías Libres para la Defensa Común del Territorio, surgida tras años de trabajo colaborativo y que tiene como objetivo aportar a la soberanía tecnológica de las comunidades. Creando un espacio pedagógico basado en la educación popular se busca apoyar los procesos de lucha de las comunidades indígenas, medios alternativos y organizaciones políticas con herramientas digitales seguras y descentralizadas para brindarles la libertad que necesitan para proteger su entorno y defender sus derechos. Esto incluye documentación de video, audio e imágenes para procesos legales, archivo digital y servidores propios para proteger sus datos y comunicaciones de la vigilancia”.

“Abra ahora habla español: una herramienta clave para la soberanía digital en América Latina”https://cuidados.yanapak.abyaya.la/2026/02/23/abra-ahora-habla-espanol-una-herramienta-clave-para-la-soberania-digital-en-america-latina/?fbclid=IwdGRjcAQKkBtjbGNrBAqQCmV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkDDM1MDY4NTUzMTcyOAABHrmJou3d0bh1HheKRnTfDP7ScRnq3yJJa9qLg1xhDtIC_FdKACLhTTMMI3Ej_aem_Peksl3NAKcX5n2KVtcLAMQ

De esta manera, la comunicación comunitaria es mucho más que una herramienta: es un acto de valentía y un compromiso profundo con la verdad y los territorios. En América Latina, informar desde las comunidades, denunciar injusticias y defender la vida ha significado muchas veces arriesgarlo todo. El asesinato del fotógrafo argentino José Luis Cabezas marcó un antes y un después: su imagen reveló entramados de poder que algunos quisieron mantener ocultos. Como él, cientos de comunicadores y comunicadoras han sido silenciados por ejercer el derecho a informar.

En México, Javier Valdez Cárdenas fue asesinado por narrar la violencia del narcotráfico y sus complicidades. En Colombia, Jaime Garzón pagó con su vida su voz crítica e incómoda. Y en la defensa del territorio, la comunicación también ha sido trinchera: Samir Flores Soberanes, comunicador comunitario nahua, fue asesinado por oponerse a megaproyectos que amenazaban su comunidad; Berta Cáceres, referente lenca y defensora del río Gualcarque, fue asesinada por enfrentar intereses extractivistas; como también lo fue Marielle Franco, cuya voz denunció la violencia estructural y estatal en Brasil.

Cada uno y cada una encarnó una comunicación comprometida con su pueblo, con la memoria y con la justicia socioambiental. Nombrarlos es sostener su presencia y reconocer que la palabra libre sigue siendo peligrosa para quienes sostienen la impunidad.

Los movimientos feministas y antipatriarcales también se gestaron germinando en micrófonos abiertos, radios comunitarias, periódicos autogestivos y transmisiones en vivo desde las plazas. fueron primero y siempre palabra sembrada, lucha construida desde abajo también por comunicadoras populares y comunitarias que hicieron de la comunicación una herramienta de emancipación.

En Argentina, la colectiva Ni Una Menos no sólo convocó a las calles: transformó la narrativa pública sobre la violencia de género, articulando periodistas, escritoras y comunicadoras que disputaron sentido en medios tradicionales y alternativos. En ese entramado, el legado de Lohana Berkins también fue profundamente comunicacional: su irrupción en el espacio mediático rompió el cerco de silencio sobre las identidades travesti-trans y obligó a revisar lenguajes, marcos informativos y formas de nombrar.

Desde Chile, el colectivo Las Tesis convirtió una performance en un mensaje global replicado en múltiples idiomas. Su intervención mostró que la comunicación feminista puede ser cuerpo, canto y ocupación del espacio público; puede viralizarse sin perder raíz territorial ni densidad política.

En Centroamérica, comunicadoras indígenas como Lorena Cabnal resignificaron la palabra desde el concepto de “territorio-cuerpo-tierra”, articulando radios comunitarias y procesos formativos donde la comunicación no es mercancía sino defensa de la vida.

Las comunicadoras comunitarias de los movimientos feministas entendieron que no hay transformación social sin disputa cultural. Crearon observatorios de medios, manuales de lenguaje inclusivo, coberturas colaborativas de vigilias y movilizaciones, y transmisiones federales desde las plazas. Construyeron agendas propias, donde la igualdad de género no aparece como “tema de mujeres y disidencias” sino como cuestión estructural en el capitalismo y el patriarcado.

En radios barriales, en portales autogestivos, en periódicos feministas y en redes digitales, miles de mujeres y disidencias tejieron una red continental de comunicación popular. Allí la noticia no se vende: se comparte. La palabra no se impone: se construye en asamblea.

Desde la perspectiva de la comunicación comunitaria, los movimientos feministas también son una revolución del lenguaje: cuestionan quién habla, desde dónde se habla y para quién se habla. Democratizar la palabra es parte inseparable de democratizar la vida.

Al mismo tiempo de estos procesos históricos, en la actualidad hay comunicadores y comunicadoras que continúan de pie, ejerciendo la palabra como herramienta de organización y resistencia. Desde radios comunitarias, medios autogestivos, colectivos audiovisuales y redes territoriales, atravesando muerte y represión como Pablo Grillo —y tantos otros y otras que siguen luchando— mantienen viva la convicción de que comunicar es cuidar la vida y el territorio.

Defender la comunicación comunitaria es defender el derecho de los pueblos a narrarse a sí mismxs. Es honrar a quienes dieron su vida por informar y acompañar a quienes hoy, pese a las amenazas, siguen sembrando verdad y conciencia en cada palabra, imagen y transmisión.

Comunicar, entonces, no es sólo informar. Es cuidar. Es sembrar. Es defender. Es volver a mirarnos a los ojos y reconocernos parte de una misma trama viva que incluye al río, al monte, al viento… a la vida toda y a quienes todavía no nacieron.

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abya yala rompe el cerco

Tejido de resistencias y rebeldias adherentes a la Sexta y a la Declaración por la Vida EZLN-CNI. Diversos territorios de Abya Yala enlazando sus construcciones colectivas, siempre con la mirada puesta en la experiencia de las comunidades zapatistas.

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