Escribimos con el fin de arrojar luz sobre la situación actual de la nueva ultraderecha santanderina, las posiciones antifascistas con las que queremos enfrentarla y algunas propuestas de trabajo para conseguir que no supongan en un futuro un peligro para nadie.
El pasado uno de octubre la asociación ultraderechista Alfonso I organizó una jornada llamada «Galerna» en la cual tenían previsto hacer una presentación de un libro conmemorando su décimo aniversario y una manifestación para hacer una demostración de fuerza en las calles de Santander.
Frente a ella, la Asamblea contra el racismo y la discriminación logró reunir a 150 personas para expresar su rechazo por la presencia de este grupo en las calles de Santander.
Tanto la jornada como la manifestación llevan haciéndola varios años y nunca han tenido una presencia importante. Solamente debido a que convocan a seguidores de otras organizaciones con el mismo nombre en Asturias, Aranda de Duero y Logroño lograron juntar a alrededor de 50 personas en la calle. Esto es una buena muestra de la debilidad de su colectivo en cuanto a convocatoria y seguimiento se refiere. Teniendo en cuenta que llevan haciendo propaganda en Santander desde hace 10 años ya, no parece gran cosa.
Otra cosa son sus apoyos institucionales, que son potentes. Por poner solo un ejemplo, el ex director del Diario Montañés, Manuel Ángel Castañeda, es su valedor en el Ateneo de Santander y ha presentado actos suyos y los ha defendido públicamente en la prensa, defendiéndolos como si fueran una asociación cultural cualquiera e ignorando, por ejemplo, su promoción de campañas en contra de la acogida de refugiados o su evidente ideología posfascista o neofascista, según el autor que lo califique.
Tampoco se quedan cortos en financiación los ultraderechistas santanderinos: alquilan discotecas, salas de hoteles o barcos para hacer sus actos, la cartelería que pegan siempre es a todo color y con papel de alto gramaje, imprimen todas las pancartas de los actos que hacen en imprenta… digamos que no les falta financiación y sospechamos que esta financiación les viene de ciertos poderes económicos que apoyan directamente este nuevo fascismo del siglo XXI, como les gusta llamarse a sí mismos a sus aliados italianos de Casa Pound.
Una cosa que puede llevar a la preocupación es que en su propaganda ya empiezan a llamarse a sí mismos escuadristas, como puede verse en las camisetas que venden y que publicitan en sus redes sociales. Una simple búsqueda en internet revela lo que es el escuadrismo y está muy claro: grupos de fascistas italianos armados que sembraron el terror en los ayuntamientos, sindicatos, grupos socialistas y democristianos en los años 20 del siglo XX en Italia. Toman el término directamente del fascismo italiano y no lo ocultan.
Nos preguntamos: ¿cuándo empezarán a ejercer estos escuadrones en Santander? ¿Es una muestra de este ejercicio cuando asaltaron la manifestación antifascista en 2019 e intentaron arrancar una pancarta a unas feministas y pegaron a unas compañeras? ¿Quizás las pintadas amenazantes del pasado verano en la Libre o el sindicato CNT?
Vamos, que lo que están haciendo desde la ultraderecha santanderina lo consideramos un salto cualitativo. Se sienten fuertes y respaldados como para decir públicamente que son escuadristas y tarde o temprano ejercerán de ello, si no lo han hecho ya de una manera más o menos velada.
Desde Briega sostenemos que no nos podemos permitir el lujo de que crezcan y nos atemoricen en las calles. Sabemos a por quién irán, porque ya lo declaran en sus medios de difusión: antifascistas, feministas, gente LGTBIQA+, migrantes, sindicatos, centros sociales y todo aquel que defienda los derechos humanos… son sus principales objetivos. Nos culpan de los problemas de la sociedad. Sus discursos, que en los años 90 del siglo XX solamente se podían leer o escuchar en medios marginales nazis o fascistas, hoy en día se escuchan en sede parlamentaria. También se pueden escuchar día sí y día también en los medios de comunicación masivos como la televisión en momentos de máxima audiencia.
Esta extrema derecha también se mueve bien en redes sociales y tiene una influencia importante en ciertos jovenes que abrazan discursos nacionalistas españoles, antifeministas, xenófobos o directamente racistas como si fueran una opinión respetable más.
Aquí queremos citar al antifascista italiano Giacomo Mateotti: el fascismo no es una ideología, ya que sus intenciones son totalitarias y violentas; sino un crimen. Y este nuevo fascismo del siglo XXI está penetrando en nuestra sociedad desde arriba hasta abajo y está obteniendo una gran victoria: está consiguiendo abrir lo que se conoce como la ventana de Overton. Están consiguiendo que opiniones xenófobas, fervientemente antifeministas o contra los derechos de las personas LGTBQIA+ alcancen un cariz de sentido común entre ciertas gentes que se sienten respaldadas y sostienen estas opiniones en la barra de cualquier bar, en cualquier discusión familiar o en el patio de cualquier instituto. Incluso cuando estas opiniones están proponiendo socavar los derechos humanos más básicos.
Ante este panorama creemos que los grupos antifascistas no estamos a la altura del desafío al que nos enfrentamos. Necesitamos conseguir transmitir a la sociedad que lo que está en juego son derechos humanos básicos que deberían ser innegociables.
Creemos que, dado el peligro al que nos enfrentamos deberíamos ser capaces de juntar en las calles a toda persona que tenga la mínima sensibilidad por los derecho humanos y en contra del fascismo. Nos jugamos mucho.
Reconocemos que es un tema que no es fácil abordar y que cuando pensamos en ello solamente se nos ocurren algunas vías de acción que convendría explorar. Pero no tenemos todas las respuestas. Tampoco aspiramos a tenerlas, ya que estas respuestas tienen que construirse colectivamente e implicar a la diversidad de colectivos y personas que están amenazadas directamente por el aumento de la fuerza de estos discursos.
Algunas propuestas de actuación:
Creemos que son necesarias muchas conversaciones en torno a este problema entre el máximo de colectivos afectados por el crecimiento de estos grupos con el fin de abordar la creación de un movimiento antifascista inclusivo, abierto y plural que pueda hacer frente a la amenaza a la que nos enfrentamos.
Proponemos el estudio de estos grupos, su ideología, sus tácticas y estrategias para estar mejor preparados ante su crecimiento.
Proponemos el estudio de las tácticas y estrategias del movimiento antifascista en el estado español e internacional: cómo en los años 90 se consiguió mantener a raya en las calles a los grupos de nazis que salían «de cacería» a aterrorizar a migrantes, personas sin hogar o antifascistas. O como en la segunda década de los años 2.000 en Grecia se consiguió acabar con Amanecer Dorado.
Leer a Alba Sidera sobre el fascismo persistente en Italia, a Miquel Ramos sobre la historia del antifascismo desde los 90 en el estado español o Hibai Arbide sobre la victoria del movimiento antifascista griego contra Amanecer Dorado creemos que podría arrojar mucha luz sobre estos asuntos y cómo abordarlos.
Son solamente unas humildes propuestas de trabajo que no tienen por qué ser las únicas ni las mejores, pero esperamos que contribuyan a enfrentar un fenómeno creciente y con muchos peligros.
* Noticia de útima hora: en la madrugada del 22 al 23 de octubre se produjo una agresión homófoba en Santander en la que dos ultraderechista dieron una paliza a dos personas al grito de «maricones». Las dos personas acabaron en Valdecilla y los agresores permanecen impunes.
** Texto publicado en el boletín Briega número 37 de noviembre de 2022



