Sobre los disturbios de Salt: Capitalismo racial y lucha por la vivienda

Sobre los disturbios de Salt

Capitalismo racial y lucha por la vivienda

Imagen de la portada extraída de redes de La Directa (Fotos de la protesta de Joan Aureli Martí i@CarlesPalacio). Una manifestación convocada por una veintena de colectivos recorrer Salt pra exigir medidas urgentes contra la crisis habitacional a mediados del pasado marzo.

El pasado 12 de marzo la localidad catalana de Salt fue noticia en distintos medios del estado por el inicio de unos disturbios que duraron dos noches y que tuvieron como detonante el desalojo de una familia tras haber ocupado la casa de la que fue lanzada días antes. Desde Briega nos hemos puesto en contacto con compañeres de la zona para realizar una entrevista en la que nos cuenten de primera mano lo que han supuesto esos días para los colectivos militantes y comunidades migrantes de la ciudad.Mientras tanto, vemos la necesidad de hacer una contextualización previa sobre los acontecimientos, tras observar con preocupación el operativo mediático racista en los principales medios de comunicación del estado tras las noches de disturbios y enfrentamientos con la policía.

¿Qué hace un medio de contrainformación en Cantabria escribiendo sobre unos sucesos en una localidad geronesa? Pues seguramente cometer algunas que otras imprecisiones, pero también mostrar una preocupación política por las repercusiones mediáticas de hechos de  este tipo. Los sucesos del pasado agosto de 2024 en Reino Unido con persecuciones a personas migrantes y/o racializadas, así como los ataques a centros de acogida de personas refugiadas estuvieron promovidos por un operativo de racismo mediático que ayudó a generar las condiciones necesarias para ello. No es de extrañar que esto pueda suceder también en el estado español dado el trabajo cotidiano de diferentes medios oficiales, youtubers, influencers y movimientos reaccionarios en redes. El abordaje periodístico de los disturbios de Salt apunta en esta dirección ante un notable silencio contestatario.

Los disturbios reaccionarios de Reino Unido tuvieron una respuesta antifascista ejemplar con miles de personas saliendo a las calles en rechazo de los grupos neonazis y fascistas y en contra del racismo. Ello debe ser tenido en cuenta en nuestro contexto geográfico y local como un elemento esperanzador e ilusionante. Por otro lado, una de las formas que tenemos quienes nos organizamos desde abajo para combatir el racismo mediático, callejero e institucional es la lucha por la vivienda.

En un acto organizado por las Asambleas Feministas Abiertas de Cantabria sobre feminismo y vivienda en el que participó una compañera del Sindicato de Llogateres de Catalunya, se habló de la contribución del movimiento por la vivienda a la hora de disputar el relato social que señala como nuestros principales problemas  la migración y la falta de seguridad, para aclarar que estos realmente son la falta de acceso a la vivienda y la ausencia de redistribución equitativa. Además, la lucha por la vivienda protagonizada por sindicatos de inquilinas y oficinas de vivienda ha contribuido en los últimos años a ampliar la diversidad de personas organizadas en luchas. Ello es tan sólo un ejemplo de lo que podemos hacer para romper las fronteras entre las comunidades migrantes precarizadas y las militancias anticapitalistas organizadas, de tal manera que en algún momento ello sea indivisible. Ejemplos los tenemos  en algunos contextos que no son el nuestro y donde esta frontera ya está rompiéndose hace tiempo.  Al final hablamos en ambos casos de las clases populares organizadas sea cual sea su origen y su condición de explotación laboral y/o desposesión de sus medios de subsistencia.

En este sentido, no podemos olvidar que en Salt existen redes activistas organizadas. Sin ir más lejos, el colectivo que en primer lugar dio la cara ante la criminalización con tintes islamófobos de la familia desalojada, fue el Sindicat de Habitatge de Salt, elaborando un comunicado en el que denunciaban la violencia policial del desalojo y exigían medidas de emergencia habitacional para todas las personas que habitan en Salt, las cuales tienen dificultades de acceso a un hogar digno. Días posteriores a los disturbios llevaron a cabo una manifestación con cientos de personas que recorrió las calles de la localidad. 

Gràcies a totes per omplir els carrers de #Salt per l’habitatge i contra la violència policial. Gràcies als joves que heu dit prou aquests dies. Fora fons voltor, policia i racistes. Prou discurs d’odi feixista. I als que governen: si no teniu solucions, plegueu! Força Sindicat! 15 marzo

Por otro lado, encontramos también en La Directa una entrevista de Gemma García a tres jóvenes de Salt: Aminata Traore, Hawa Kande e Ismael Jabi. Además Emma Granyer habla de racismo inmobiliario en otro artículo donde poder profundizar más en la situación en Salt. Toda esta información ayuda a contextualizar los hechos, puesto que explica la realidad de Salt de una manera más amplia y profunda.

 

Los medios, la despolitización de los disturbios y la figura del migrante malo

Ante la gran multitud de artículos amarillistas que ignoraron la violencia policial del desalojo y las dificultades de acceso a la vivienda, así como la cantidad de lanzamientos que se dan en la localidad, y que pusieron el foco únicamente en la criminalización de la okupación, la comparación de Salt con una banlieu francesa o el señalamiento de un integrante de la familia por ser imán de una mezquita; llama la atención el silencio periodístico alternativo y contrainformativo sobre dicho tema. Es más, lo poco que se ha podido encontrar apunta a un enfoque en el que, aun reconociendo el racismo mediático en los medios y apuntando a la falta de acceso a la vivienda como problema estructural básico que explica la rabia colectiva de aquellas noches, sigue habiendo un discurso en el que se apela a la gestión racional de las políticas migratorias y a la entrada razonada de personas migrantes, así como a la preocupación por la creación de guetos en barrios sin acceso a servicios básicos que imposibilitan su integración. Los estallidos sociales por las condiciones materiales inhabitables dentro de realidades cada vez más precarizadas no son excepciones aisladas y consideramos es importante superar el paternalismo y los anhelos de integración que muchas posturas antifascistas mantienen en la actualidad si queremos generar alianzas.

En enero de 2023 publicamos un artículo llamado El buen migrante o cómo salvar a un europeo te puede sacar del paro y lo recomendamos ahora para entender la postura de crítica a un discurso asimilador de las migraciones que en el fondo sólo aspira a gestionar las fronteras de una manera más “sostenible” sin cuestionar la condición colonial de las democracias occidentales: “La migración desobediente, insumisa, y «lxs malxs migrantes» que toman parte de la realidad social, que no serán fieles ni obedientes,  que no callan y se rebelan, tienen un papel activo en el devenir de las circunstancias sociales de aquel lugar en el que se encuentren. Los discursos de la ultraderecha deben ser confrontados por el antifascismo, del cual las personas migrantes forman parte esencial”.

Otra referencia más lejana geográficamente la obtenemos de Arun Kundnani, autor de Capitalismo racial. Arun afirma que “la raza no es solo un medio para dividir a las clases trabajadoras asalariadas, el argumento marxista ortodoxo, sino también el medio a través del cual el capitalismo implementa y gestiona las contradicciones entre asalariados y no asalariados, poseedores y desposeídos, ciudadanos dotados de derechos liberales y poblaciones trabajadoras «no libres», desde esclavizadas hasta indocumentadas. Esto significa que el racismo no se puede reducir a un legado del pasado, sino que se regenera continuamente, adquiriendo nuevas formas, a partir de las divisiones del trabajo dispersas por todo el mundo y de las luchas que se enfrentan a ellas. Detrás de las imágenes de la mujer negra dependiente de los subsidios estatales, del musulmán radical y del inmigrante violento se encuentran los temores al radicalismo negro real, al movimiento palestino real y a la politización real de las clases trabajadoras inducida por los trabajadores migrantes”.

 

En el medio The Objective el director de los servicios territoriales de Interior en Gerona, Eduard Adrobau, afirmaba que los sucesos de Salt eran “actos vandálicos sin demasiada relación con nada”. La despolitización y desmoralización de los disturbios es una constante de los políticos, periodistas y tertulianos cuando estos estallan por razones que suelen explicarse más allá de detonantes puntuales. En el caso de Salt no somos quienes para determinar dichas razones con absoluta certeza. Seguramente no es suficiente apuntar a la solidaridad con la familia desalojada, ni a la violencia policial del desalojo, ni a la falta de acceso a la vivienda por sí solo. Sin embargo, es importante contrarrestar los discursos que les vacían de motivaciones vitales, éticas y políticas en estos contextos sociales que es probable que cada vez se vivan más. Para ello, es necesario que en los movimientos sociales no calen los mensajes de islamofobia, entendida esta como la negación de una cosmovisión social y cultural y no como la simple negación de una religión concreta. También es importante abandonar las aspiraciones a reforzar la securitización de las calles. Una securitización que además de ser negocio en auge, es parte del programa político de partidos políticos como Vox, el cual ha tenido una importante presencia mediática en la condena de estos hechos, puesto que la islamofobia y la criminalización de la inmigración ilegal es su punta de lanza electoral en Cataluña, pero también a nivel estatal, en clara imitación y coordinación con sus alianzas a nivel internacional. Una trayectoria en donde la izquierda parlamentaria, la izquierda del capital, ha tenido y tiene un papel importante en tanto que gestiona unas políticas migratorias criminales a nivel europeo.

En todo caso, este mes de marzo cientos de personas en la localidad geronesa lo tenían claro después de los disturbios y la represión. “Contra la especulación y el capitalismo, organizades y combatives, les vecines defienden Salt”.

 Las fuentes citadas no tienen por qué compartir el enfoque de este artículo.

 

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