La ética de los cuidados como política subversiva

Hablar de una ética de los cuidados en clave de una política subversiva es situarla desde lo comunitario, lo territorial, y no desde el Estado, que ha institucionalizado y reducido los cuidados a la caridad, al establecimiento de una relación paternalista, fomentando mecanismos de seguridad y protección individualizantes, reproduciendo nuevamente políticas patriarcales al situarles exclusivamente como una función y un rol histórico de las mujeres. 

Es así que también en la actualidad podemos hablar de una neoliberalización de los cuidados, como un modo de empoderamiento y bienestar individual, desconociendo e invisibilizando las condiciones y violencias estructurales en que habitan pueblos y cuerpos racializados, empobrecidos y feminizados por los diversos sistemas de opresión.

Entonces ¿por qué seguir hablando de los cuidados? Quizás por la necesidad urgente de disputar sus sentidos y prácticas, y por ser un sentir compartido por pueblos, movimientos sociales y colectividades del Abya Yala.

Hablar de cuidados desde una política subversiva es entender la importancia que posee para subvertir el orden establecido, lo que hemos llamado tanto tiempo como “normalidad”, y como dijeran algunas feministas “la normalidad era el problema”. Es pensar los cuidados para sostener la vida ante la tormenta, como llamaran los zapatistas, a la situación actual de violencia, guerra y muerte. 

Los cuidados son nuestros refugios, nuestro modo de relacionarnos con el común, con los territorios, con todas las formas de vida humanas y no humanas.

En junio tuve la oportunidad de participar en Bogotá, Colombia, en un taller sobre cuidados subversivos, organizado por el Pacto EcoSocial e Intercultural del Sur, en que participaron diversas colectividades de América Latina, donde conversamos sobre el carácter relacional de los cuidados, en torno al territorio, lo colectivo, y también del autocuidado, pero sobre todo donde pudimos escuchar las experiencias de resistencias de comunidades del Cauca, en que nos fuimos conectando con sentires similares.

Como Asamblea de Mujeres y Disidencias del Movimiento por el Agua y los Territorios-MAT, en el territorio llamado Chile, hemos reflexionado sobre los cuidados para transformar los mundos, como un ejercicio de memoria histórica, para revertir estructuras de dominación coloniales, extractivistas, patriarcales y racistas, para pensarnos más allá del capitalismo y así imaginar y habitar otros futuros posibles.

Los cuidados subversivos se dan en contextos de disputas territoriales,  ante el arrase y el avance del extractivismo, las falsas soluciones y los narco-estados, y su radicalidad se fundamente justamente al evidenciar estos contextos, y posibilitar otros.

Nos cuidados entre todas, todos y todes, en colectivo, en comunidad, en el campo y en la ciudad, y por ello insistimos y persistimos. 

Cuidamos el territorio, la organización, la fiesta, la naturaleza, las relaciones y los tejidos. Cuidamos el agua, a los animales, las plantas, a los espíritus, y en esos cuidados también vamos sanando nuestros cuerpos y del mismo nuestros espacios vitales. 

Cuidar(nos) es sostener la triada de la vida, el agua, la semilla y la energía de los pueblos, es recuperar, regenerar y restaurar los ecosistemas, es hablar de justicia restaurativa social y de la naturaleza. 

Estas reflexiones son sólo un pequeño esbozo de lo que queremos posicionar como cuidados, en tiempos urgentes, cuidados para visibilizar los genocidios en curso en Palestina, el Congo, Sudán, la militarización del Wallmapu, las violencias hacia las mujeres, disidencias, niñeces, la intensificación de la criminalización y persecución de defensores territoriales, y cuidados para cuidarnos, para seguir existiendo y de esta manera tejer la vida, la buena vida, la vida digna.

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