El plan estratégico de SANTANDER 2010-2020,
Cuando lo militar es interpretado como civil, porque lo civil ya es militar.
Ciudades inteligentes para el tránsito de mercancías y el control de personas.
El plan estratégico de Santander 2010-2020 pretende llevar a cabo 124 proyectos para este último año, de los cuáles 30 se están impulsando desde 2012 hasta este año, 2014. Entre estos, por ejemplo, el centro cultural Emilio Botín. Los proyectos que se plantean para concluir el año en el que estamos, se dividen en distintos ejes estratégicos; Posicionamiento exterior, economía, cultura, bienestar y ciudadanía, y territorio y movilidad. En este texto nos centraremos en los proyectos de smartcity, enmarcados en el eje estratégico de economía, sin dejar de mencionar que todos los demás proyectos enmarcados, tanto en el eje económico, como en los demás, son necesarios para que el plan estratégico de Santander cumpla sus objetivos de acondicionar la ciudad a los niveles de competitividad y lucro que la Europa actual requiere en estos años que nos toca vivir.
Es representativo que la palabra “estratégico” venga de estratega- militar. En todo este megaproyecto santanderino que pretende convertir ( ya está en ello) los barrios de la ciudad en una esfera conectada al ayuntamiento bajo nombres tan propios de un anuncio publicitario como “ciudadmarketing”, “ ecociudad”, “ciudad inteligente (smartsantander)”, los dispositivos “smart” son una parte primordial en posibilitar ese estado de vigilancia preventiva sobre la población. En el caso de Santander, está claro que sus gobernantes no están apresurados por contener masas de gente que puedan rebelarse en cualquier momento. Santander no es sao paulo, ni Bombay, ni Santiago de chile, ni Nairobi. Pero nisiquiera es Barcelona, teshalónika, Hamburgo o París. Se trata de una ciudad pequeña con escasa contestación social. Por lo tanto, seguramente no sea la prioridad inmediata de sus gestores en este contexto, o al menos no tanto como, simple y llanamente, el crecimiento económico y el desarrollo científico y tecnológico de la ciudad como megaempresa competitiva y de atracción turística en Europa. Si bien esto es cierto, también lo es que todo esto no se puede conseguir sin un control preventivo de la población, de sus demandas, de los lugares por los que transita, de las relaciones con las que mantiene contacto…
Tampoco hay que olvidar que la pobreza no ha parado de aumentar en las últimas décadas, por mucho que los defensores de proyectos como éste mismo, es decir, quienes dominan el mundo a pequeña y gran escala, no se cansen de prometer sueños de escaparate para ganar elecciones y saquear recursos. El mal llamado “tercer mundo” va desapareciendo en la medida en que el empobrecimiento de las condiciones de vida ya no sólo afecta a los países histórica y actualmente expoliados por las potenciales mundiales, sino al propio corazón del mundo desarrollado, de los sistemas de ???bienestar” y las democracias occidentales, mundo del que Santander forma parte. Es más, en el caso de otros proyectos de smartcity en ciudades más conflictivas como Quito, directamente y sin tapujos se justifican para prevenir desastres naturales y actos terroristas. Cambia el lenguaje y el contexto, pero no el contenido y los objetivos.
Digamos que el hecho de que Santander 2020 tenga entre su principal justificación para llevarse a cabo, “afrontar los desafíos sociales de la crisis mediante la cohesión social” es un indicador de que no es ajeno a las turbulencias que el sistema capitalista está teniendo a nivel estatal, europeo y mundial. Sus prioridades están claras, prostituir Santander como ciudad-empresa para la gente pudiente de dentro y de fuera. Sin embargo, para ello es necesario que la ciudad desarrolle un urbanismo carcelario de cara a prevenir toda alteración del orden que vaya contra sus intereses, como puede ser un barrio con vecinxs de rentas bajas, una protesta social o unos manteros vendiendo ropa en el túnel, por poner tres ejemplos de tantos. Los dispositivos de smartcity probados en Santander, así como los que se están probando en otras ciudades del planeta son aplicaciones tecnológicas que se aplican para actividades estrictamente militares. Esto no es un hecho aislado, más bien es una práctica histórica la de aplicar en la vida cotidiana instrumentos que nacen originariamente para posibilitar intervenciones militares más efectivas, o lo que viene a resultar; poder matar, violar y controlar recursos de poblaciones de otros territorios con mayor efectividad. Pongamos un ejemplo muy cotidiano y que tiene que ver mucho con las posibilidades que ofrecen los dispositivos smarts. Las tecnologías GPS (Global positioning System), capaces de observar cada desplazamiento de un individuo, nacieron al calor de la aviación militar estadounidense. En Santander será posible que cualquier ciudadano pueda ver con su móvil con GPS si queda alguna plaza libre en un parking, o si va a llegar un autobús. Adelantos que pueden verse respaldados por una amplia mayoría de población al hacer de sus días un stress más llevadero, pero que permiten ampliar el conocimiento por parte de las administraciones y las fuerzas de seguridad de prácticamente todo movimiento: Quien entra, quien sale, cuántos hay, cuántos vuelven en tanto tiempo, quienes se dirigen hacia, cuántas veces hacia el mismo sitio… En todo caso se trata de que toda actividad quede registrada en un sistema informático y de que las máquinas jubilen a las personas en la gestión de su entorno. Pues la ciudad inteligente no sólo permite ordenar el aparcamiento y la circulación en aras de la administración y con el cuento de que es para todas, sino también que los parques y los jardines tengan sistema de riego inteligente por medio de sensores capaces de medir la temperatura, la calidad del aire, la contaminación acústica o la intensidad lumínica. Otro punto importante, volviendo a la circulación, es la red semafórica que permite controlar el flujo de vehículos en función de la densidad de la circulación que se detecte en el momento en que se surjan necesidades puntuales. Bondadosos ellos, ponen como ejemplo el paso de una ambulancia, pero podríamos hablar de cualquier otro vehículo sobre el que interesara dejar vía libre cuando fuese necesario. Del mismo modo, lo mismo puede pasar con todo vehículo cuya necesidad de interrumpir su tránsito se considere útil. Como bien dice el ayuntamiento de Santander, la ciudad entera es un “verdadero laboratorio vivo”, y así es si tenemos en cuenta que para 2013, año que hemos dejado atrás, 12000 sensores tenían que estar instalados por toda la ciudad.
Automatización, robótica, tecnologías de la comunicación, biotecnología, nanotecnologías, dispositivos electrónicos y demás infraestructura que se utiliza tanto en la industria militar como en la remodelación del territorio urbano. En unas zonas para hacerse con el control de la zona y con el de sus correspondientes recursos energéticos (véase irak, Afganistán, El congo, Somalia… más de medio mundo), y en otras, para aplicar la riqueza expoliada en el desarrollo económico y garantizar que la población interna esté lo suficientemente “contenta” como para no rebelarse o, en caso de hacerlo, se disponga de los dispositivos necesarios para aislar y neutralizar las sublevaciones (véase toda urbe de Occidente…). Por ello, la necesidad de diferenciar entre la guerra tradicional con la guerra preventiva o de baja intensidad. Pero insistimos, las cosas están cambiando y los polos comienzan a mezclarse en una misma forma de hacer las cosas.
El informe “urban operations in the year 2020” de la OTAN demuestra lo claro que a nivel mundial, los estados y los grandes organismos internacionales tienen la probabilidad del aumento de estallidos sociales, insurrecciones y revueltas que pueden darse, y que de hecho se están dando, en todas las grandes y no tan grandes ciudades del planeta, incluso de la parte más opulenta y desarrollada. Al mismo tiempo tienen claro que sus viejas estrategias no son capaces de neutralizar los focos de población peligrosa, principalmente los pobres que aumentan día a día y que se amontonan en los suburbios, en las afueras de las ciudades y cuyas condiciones de vida unidas a los problemas de abastecimiento amenazan la “paz” social. Por ello, la importancia de transformar las ciudades para posibilitar que sus mapas urbanos estén al servicio de posibles intervenciones militares capaces de contener posibles sublevaciones antes de que se extiendan y sin interrumpir los flujos principales de la ciudad. Para ello, es imprescindible que los focos de esta población estén separados entre sí y también de las zonas de mayor poder adquisitivo.
Igual que en una guerra al uso, los militares europeos y/o norteamericanos no construyen las carreteras para levantar el progreso del país y generar bienestar en su población, tal y como nos dice la tele, sino para poder transportar mercancías y vehículos con mayor rapidez, facilidad y seguridad, el eje de posicionamiento exterior, uno de los ejes estratégicos del plan estratégico Santander 2010-2020, sobre el cual se está llevando a cabo proyectos como el centro de arte y cultura de la fundación Botín, la red de ciudades del arco atlántico, el proyecto city marketing (marca Santander de cara al exterior), la integración del puerto en la ciudad, la mejora de la conexión ferroviaria regional de la cornisa cantábrica y el campus de excelencia internacional, no son iniciativas pensadas para la población, sino para convertir todo espacio en fuente de rentabilidad económica, para mejorar la llegada de mercancías y, en todo caso, para un puñado de ricos que viven en Santander y para otros cuántos puñados que vengan en Ferry, avión, carretera o tren a dejar su dinero y sus aires de grandeza.
Quienes dirigen Santander tienen asuntos más importantes que atender informes de la OTAN, pero la ciudad en la que vivimos y los planes de su ayuntamiento están dentro de la lógica que desprende este informe. Es más, si entendemos que el informe de la OTAN se hace para defender a las clases dominantes del sistema actual, con todos los cambios que se están produciendo en sus entrañas, entendemos que está hecho para proteger planes estratégicos de la transformación de las ciudades en megaurbes tecnológicas del futuro, y por lo tanto, entendemos que Santander forma parte de tal contexto, independientemente de que hablemos de una ciudad pequeña y tranquila como la nuestra.
“En todo caso, el hincapié no va dirigido en relacionar este informe con Santander, aunque sí darle el valor que tiene. Lo que se pretende es analizar, con las evidentes limitaciones, nuestro contexto más cercano (Santander) desde un plano más global (el mundo), y entender que ni una cámara de videovigilancia puede entenderse separada del sistema que le rodea, y viceversa. Es decir, que el control social reside desde lo más cotidiano de nuestras vidas y tiene un objetivo político y global, hacernos piezas de engranaje y dar las gracias por ello”.
Santander 30 mayo 2014.



