Escribimos este texto para traer las últimas noticias sobre el caso y también aportar algo de análisis sobre los hechos, pero en primer lugar, lo vamos a refrescar y situar un poco.
Durante la manifestación del 1 de Mayo de 2022 se hicieron destrozos en algunas entidades bancarias a lo largo de su recorrido. En agosto del mismo año, 5 personas fueron detenidas a raíz de estos hechos, bajo acusaciones de daños y desórdenes públicos. Se enfrentan a un total de 3 años de cárcel y 35.000€ de indemnización a la entidad.
En 2024, surge una campaña en apoyo a este caso, que pretende señalar la responsabilidad de Caixabank y hacer presión colectivamente para que se retiren las acusaciones. Carteles y pegatinas de la campaña son repartidas en múltiples centros sociales de Barcelona y se difunde un comunicado para el inicio de la campaña. Una vez más, en junio de este año, la policía va puerta por puerta deteniendo a 5 compañeres, bajo acusaciones de daños, grupo criminal y obstrucción a la justicia.
Estas 5 personas están aún a la espera de juicio. El juez aprobó la intervención de sus teléfonos desde mayo hasta junio del 2024, cuando fueron detenidas. 2 de ellas han sido citadas a declarar el día 19 de febrero.
Podría entenderse que en esta espiral represiva sólo se busca perseguir-castigar unos daños a la propiedad. Sin embargo, la manera de buscar gente, agruparla bajo “grupos criminales” y las otras acusaciones que se dan en estos casos, tampoco son casuales. Cuando a ojos de la mayoría esta es una simple ecuación de “delito de daños y consecuente castigo”, nosotras podemos entender claramente que para el Estado se trata de otra cosa.
Los destrozos en manifestaciones son casi una tradición histórica entre las anarquistas de la ciudad. Sabemos el potencial que tienen estos eventos para desbordar la violenta normalidad del sistema y golpear directamente a los responsables de esa violencia. Es por eso que la estrategia policial para hacerles frente ha ido cambiando, buscando, no solo perseguir individuos que rompen lunas, sino lanzar un mensaje a todo el mundo. Ahora se persigue “estar agrupadas” aun si no te conoces con tus supuestes compañeres de “grupo criminal”.
Lo mismo pasa con la campaña Sobren motius, donde pegar carteles puede ser acusación suficiente para sostener el grupo criminal que buscan. Lo que se persigue es la solidaridad. Si dejar cientos de carteles en centros sociales es suficiente para que aparezcan pegados en diferentes barrios; si lanzar un mensaje en internet es suficiente para que la gente salga a sabotear cajeros; todo ello sin necesidad de organización, líderes o agendas políticas; ahí está el gran potencial que la policía nunca ha sabido enfrentar. Intentaron acusarnos de terroristas y hoy intentan acusarnos de criminales organizados, pero detrás solo hay una careta que pretende tapar la farsa de su democracia. Sería más fácil si simplemente nos acusaran de ser anarquistas, que es lo que somos.
Hacemos de esto un llamamiento a que la acción directa y la solidaridad sigan siendo nuestras armas más valiosas. Por la Anarquía.




