Breve recorrido por la historia de la okupación en Cantabria

Breve recorrido por la historia de la okupación en Cantabria

Imagen de portada; Pegatina de la okupa «La Kasuka»

Para hacer este breve recorrido por la okupación en Cantabria debemos partir de algunas premisas. La primera es que aunque hablamos de Cantabria, casi todos los lugares que vamos a señalar se centran en Santander, cuestión que no debe ser pasada por alto ya que es posible que hayan existido otros intentos de centros sociales okupados en Cantabria en el pasado y preferimos sabernos en la ignorancia de ello antes que limitar este recorrido a los lugares conocidos hasta ahora. La segunda es delimitar qué entendemos por okupación. Okupación con K en este artículo se refiere a la tradición autónoma anticapitalista de okupar para crear espacios de cultura, comunidad y política que vienen a resumirse en la etiqueta de centros sociales okupados autogestionados (CSOAS). Ello no implica que debamos ignorar aquellas ocupaciones que, siendo protagonizadas por personas participantes de estos centros sociales o no, son llevadas a cabo para satisfacer una necesidad de vivienda. No todo los actos políticos son pensados en clave politizada, pero satisfacer las necesidades humanas mediante formas al margen del capital es un accionar político. Por ello no queremos caer en la división de los medios periodísticos entre okupas malos y okupas buenos. Eso no quiere decir que queramos caer tampoco en la confusión intencionada de la k para describir cualquier acto que implique una ocupación. Es habitual hoy en día que los medios usen la k para hablar de narcopisos, ocupaciones utilizadas para hacer negocio, allanamientos de morada, impagos de alquiler, etc.; es decir, cuestiones muy alejadas del movimiento okupa autónomo anticapitalista que nace y se propaga por Europa desde los años 70 en adelante y que hoy en día está en el punto de mira; la integración subvencionada, la negociación mediante sobornos económicos, el uso de la fuerza extralegal mediante empresas de desocupación y, finalmente, la de toda la vida, la represión policial y judicial cuya dureza varía según la legislatura, la coyuntura social y el contexto geográfico donde se practique.

Todas estas herramientas para acabar con el movimiento okupa no serían tan preocupantes sino fuera por la influencia sobre la opinión pública que los medios de información tienen sobre el pensamiento popular. La realidad ha cambiado mucho en los últimos años en este aspecto. Sólo hay que documentarse con documentales de canales de televisión sobre centros sociales okupados de los años 90 en el estado español y compararlo con el trato mediático de hoy, para entender que el grado de hostilidad ha aumentado sin medida.

Pintada encontrada en el centro de Santander

Dicho esto ya podemos empezar. La okupación de centros sociales para llevar a cabo actividades culturales, sociales y/o políticas en Cantabria ha sido, que sepamos, reducida y contada con los dedos de las manos, pero presente en un hilo de relevo generacional constante desde que un grupo de jóvenes punks okuparan el Mercado del Este a finales de los 80 para organizar, entre otras cosas, conciertos. La mejor prueba de ello es la grabación de un concierto en directo del mítico grupo de punk «Pugen Virta» en esta okupación en 1986 que podéis encontrar en la red.

1º intento de desalojo policial en la calle del carmen

A finales de 1994 se okupa el cuartel de la policía armada en la calle del Carmen de Santander. Más tarde, en enero de 1995 se continúa la resistencia okupa en La Pereda con una okupación de más de año y medio, lo que vendría a llamarse «La Kasuka» un centro social de tendencia anarcopunk en donde se realizaron jornadas antifascistas, jornadas anarquistas y conciertos cada fin de semana, talleres de fotografía y grabaciones de videoclips para las bandas que ensayaban allí. Todas estas okupaciones fueron tan atrevidas y salvajes, como intensas y breves.

 

En 2003 tenemos que alejarnos de Santander para irnos a Cabuérniga en un caso peculiar. Como informaba Diagonal Cantabria hace años, un proyecto nuevo nacía en Ruente, un espacio juvenil de tintes libertarios que impulsó otros proyectos de este carácter, entre los que se encuentra el propio medio de contrainformación Briega. El edificio había permanecido desalojado lo menos dos décadas cuando comenzaron a desarrollarse las primeras actividades, pero la idea de ocupar no se planteó en un principio. El grupo decidió ponerse en contacto con el propietario de la vivienda, para determinar la situación. Un año después, en el verano de 2004, se aprobó un contrato (de tipo simbólico) y desde entonces las actividades realizadas en la casa han sido de todo tipo; charlas, conciertos, comidas populares… La Casa El Toju sigue siendo en 2025 uno de los espacios emblemáticos de la cultura libertaria en Cantabria.

 

Tendrían que pasar unos años sin noticias públicas de centros sociales okupados hasta que un grupo de personas decidiera liberar un nuevo espacio en Sierrapando (Torrelavega) el 19 de enero de 2008. «El Apeaeru»  abrió sus puertas con una jornada de limpieza en la que participaron alrededor de medio centenar de personas con el objetivo de crear un nuevo espacio común ante la necesidad de lugares para llevar a cabo actividades culturales y sociales. Durante la jornada se colgaron pancartas del edificio bajo los lemas: «contra la especulación, liberemos el suelo» y «las casas para quien las habita, la tierra para quien la trabaja». Al poco tiempo de entrar, el grupo de okupas buzoneó mediante un comunicado su interés por convertir un espacio abandonado en un lugar abierto que sea beneficioso para todas las personas que quisieran acercarse a él e invitando a todo el mundo a participar.

La iniciativa pretendió que el viejo edificio pasara a convertirse en un nuevo centro autogestionado abierto al ocio y la cultura denunciando además la especulación urbanística que está sufriendo la zona, reivindicando la falta de centros sociales en la ciudad. El Apeaeru tendría una breve vida pero marcó una huella en la Torrelavega de los movimientos sociales y culturales, que ha seguido practicando la okupación aunque, como entonces, llamaran a esta actividad de otras maneras, como  «espacio recuperado».

Actividad Espacio Argumosa 17 junio 2017 donde se observa el solar recuperado

En 2015 se «recupera» el espacio Argumosa, un solar abandonado que se llenó desde entonces hasta nuestra actualidad de bancos de pallets, bancales, flores y actividad social. En el inicio de este espacio tuvo mucha presencia la organización ACPT, pero otras personas vecinas de la ciudad que no pertenecían al partido, también formaron parte activa del acondicionamiento del espacio a cielo abierto que es este bello solar de la calle Argumosa.

Un poco antes de ese 2015 y justo después del 15M, en 2012-2013, un grupo de personas ligadas a este movimiento de las plazas y a otros colectivos antiautoritarios de la ciudad, okupa una casa abandonada en la calle Barrio La Torre, cerca de la vaguada de Las Llamas, pero ya en Monte, pueblo arrollado por la expansión urbana santanderina. Nacería así lo que hoy conocemos como el CSOA La Lechuza, el centro social okupado de mayor duración en la historia de la okupación en Cantabria, presente y activo en nuestros días y con una campaña política activa contra los planes de desalojo y demolición, destino que ya ha sufrido casi todo el vecindario de la calle. La constructora Robera 2000 es la protagonista en este caso de contribuir a la especulación urbanística de una zona asediada por la construcción de segundas residencias, viales, supermercados y demás infraestructuras proclives a revalorizar el suelo, gentrificar y turistificar la zona. Además es importante decir, aunque en el Diario Montañés salgan titulares amarillistas sobre alertas de ocupaciones como si fuera algo inédito y nunca visto en la zona, que desde que nace La Lechuza hasta la pandemia del COVID-19 y el confinamiento, la okupación como alternativa de vivienda se propaga en pequeños grupos que ocupan casas por Monte, Cueto, La Albericia, etc.

Los centros sociales okupados abren la posibilidad a la gente de creer en su capacidad de enfrentarse a la injusticia de un mundo donde existen miles de casas sin gente, miles de personas sin casa y unas cuántas con más de una en propiedad para acumular y especular. 

Esta pequeña aportación es una invitación a elaborar un trabajo más extenso, rico y complejo sobre la historia de estos lugares, así como el rastreo de otros, de cara a elaborar una historia más completa de la okupación en Cantabria. Porque quien no conoce lo que ha existido, tendrá siempre más dificultades para tomar el relevo. 

Como se ha demostrado, la okupación en Cantabria no es tan amplia y numerosa como en otros lugares, pero sí constante y diversa en sus formas, y depende de las personas y movimientos que la ven como una herramienta de transformación digna, el que siga existiendo. 

Más allá de la Kasuka, más allá del Apeaeru, más allá de La Lechuza, nadie sabe cómo se llamará el próximo centro social okupado. Está todo por hacer. Cada experiencia antes de un desalojo es una nueva semilla para una nueva okupación. ¡Démosle importancia!

* Artículo del boletín Briega nº69 Septiembre 2025.
 

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