
Cualquiera que esté un poco atento estas semanas podrá encontrarse con alguna presentación del libro de Sebastián Gertrudix titulado Enrique Pérez Simón, un maestro de la escuela Freinet, que cuenta la trayectoria vital de Enrique como profesor en distintas escuelas de Cantabria. Todo ello mediante una entrevista que Sebastián realiza, desmenuzando poco a poco distintos aspectos de la vida profesional de Enrique, así como las motivaciones, alegrías, frustraciones, afectos y desencuentros en su paso por cada proyecto educativo. Sin ir más lejos y por aventurarnos a anunciar una de estas presentaciones, será en la librería asociativa y autogestionada La Libre el día 16 de Junio a las 20:00 h, pero quien no pueda ir tendrá más ocasiones de escuchar al mismo maestro que responde a las preguntas en el libro.
Hoy en día, dentro de los movimientos que cuestionan el sistema de enseñanza actual, existen diferencias que emanan de un aspecto clave; reformar, cambiar, mejorar la escuela, o definitivamente acabar con esta, renunciar a la institución por completo. Entre estos dos polos, existen distintas prácticas pedagógicas que beben de teorías y metodologías de antaño, ya puestas en práctica en infinidad de rincones del planeta, para crear hoy sus propios espacios de aprendizaje, ya sea en un entorno profesional, o bajo estructuras autogestionadas.
En todo caso, el libro que Enrique está presentando en Cantabria no sólo es un ejercicio de divulgación de una de estas pedagogías, la Freinet, sino un ejercicio de memoria histórica, de intercambio generacional donde poder conocer las iniciativas educativas que ya por entonces un compañero llevaba a cabo en distintas escuelas de Cantabria (Barrio Covadonga, Peñacastillo, Abionzo, Selaya, Villacarriedo, Guriezo, Castañeda, Santander) desde el franquismo hasta nuestros días, con todas las dificultades y ventajas que cada contexto histórico y social aportaban a la situación.
Enrique es historia viva de la pedagogía Freinet. Desde que a finales de los años 60 del siglo pasado toma contacto con dicha pedagogía y sus técnicas, ha luchado sin descanso por una escuela popular, al servicio de los intereses de los niños y las niñas. Este objetivo le ha llevado a ocupar cargos de responsabilidad dentro del movimiento Freinet y a protagonizar diversos enfrentamientos con la administración educativa que, como todos sabemos, suele ser reacia a las innovaciones, y menos aún si no están bajo su control. Sebastián Gertrudix, el autor de este trabajo, que es también compañero freinetiano, tiene el mérito de haberlo convencido para que, a través de un formato de entrevista, con preguntas y respuestas, el protagonista venza su pudor inicial y acceda a explicar su experiencia vital y profesional como educador. Una experiencia en la que, con toda seguridad, se verán reflejados otros muchos educadores y educadoras progresistas de su generación.
Sinopsis del libro: Enrique Pérez Simón, un maestro de la escuela Freinet.
A continuación dejamos un extracto de cada capítulo de esta publicación editada por “taller el patio” y del movimiento cooperativo de Escuela Popular.
Mi infancia y adolescencia:
“Fíjate lo que son las cosas. De pequeño, tenía muy buena memoria, pero después de haber sufrido un sistema de enseñanza tan memorístico, lo que hice fue aborrecerla.”
Me hago maestro:
“No entendía como no se podía levantar uno entre clase y clase. Te ponían una falta de orden por las cosas más absurdas y, en general, por todo aquello que no estuviese autorizado por la dirección. Aquello me producía mucho malestar”
El despertar:
“Yo entonces ando por los 23-24 años, soy un chaval con unas ganas de aprender impresionantes, no de estudiar, que eso no se me dio nada bien.”
Mi práctica pedagógica:
“Ese es para mí el momento cumbre de mi trabajo, en el momento que conscientemente me planteo que desde la pedagogía también se puede y se debe hacer la revolución, que era lo que queríamos hacer entonces”
El patio, escuela pública:
«Poníamos nombres de letras a los grupos A,B,C, porque los números dan sensación de jerarquía. La lengua, las matemáticas, el dibujo, la lectoescritura y el cáculo eran normalmente individuales. Siempre preferí el trabajo en equipo pues permite el intercambio entre ellos y ellas.
El fin de la arcadia, el haya:
“En el nuevo centro, para empezar, ya hay un timbre que llama, un autobús que traslada a los niños y niñas, unas madres que se quedan fuera de la escuela sin poder entrar, un horario y un director. En fin, todas esas cosas horribles.”
El instituto:
“Cuando hay buena voluntad, afinidad personal y un objetivo común, es mejor olvidarse de purezas metodológicas y ponerse a trabajar conjuntamente, aquello de poner en común lo que nos une y dejar fuera de la mesa lo que nos desune.”
La lucha por el poder en el MCEP:
“Al mismo tiempo tengo que decir que el MCEP es la organización más asamblearia, más anarquista organizativamente hablando, que conozco. La asamblea es el máximo órgano de poder, en ella se decide todo. Los estatutos permiten un poder delegado, pero hemos funcionado más como un grupo de democracia directa, de acción directa. Ello no evita que haya personas con poder y que lo ejerzan…”
Otras luchas:
“Hubo un enfrentamiento muy fuerte con la delegación de Cantabria, pero me sentía respaldado por unas doscientas personas, bastante cabreadas. Tuvimos mucho cuidado de mantener alejados a los partidos y sindicatos para evitar contaminaciones, pero al final empezaron a meter las narices en las asambleas…”
Lo que queda del día:
“Los que estamos en estado de jubileo debemos formar parte de ese sustrato de compañeras y compañeros que aportan experiencia, que colaboran, pero las riendas y las responsabilidades importantes deben estar en manos de la gente joven”



