Identificados los restos de Mirones: tres soldados republicanos fusilados en 1937 recuperan su nombre

 Identificados los restos de Mirones: tres soldados republicanos fusilados en 1937 recuperan su nombre

La memoria emerge en Cantabria tras décadas de silencio: Cecilio Romaña, Alejandro Miquelarena y Luis Portillo vuelven a la historia- Durante años fue apenas un relato transmitido en voz baja. Una historia contada dentro de casa, con cautela, casi como si todavía doliera pronunciarla en alto. Ahora, ese relato tiene confirmación. Y nombres. Los cuerpos hallados en una fosa común en Mirones, en el municipio cántabro de Miera, pertenecen a tres soldados republicanos: Cecilio Romaña, Alejandro Miquelarena y Luis Portillo. Tres hombres que fueron fusilados en 1937 por falangistas y cuyos cuerpos terminaron en el río antes de ser enterrados por vecinos de la zona. Así, sin más. Como si fueran anónimos.

La identificación no solo cierra una investigación. También abre algo más complejo: la constatación de que durante décadas hubo quien supo lo que había pasado. Y lo guardó. 

Un hallazgo guiado por la memoria 

Los restos fueron localizados el pasado mes de noviembre en un punto muy concreto. No fue casualidad. Allí, junto al cementerio de Mirones, un vecino —ya fallecido— había señalado años atrás el lugar exacto donde él y otros habían dado sepultura a los cuerpos. Se lo contó a un familiar de las víctimas. Ese detalle, aparentemente menor, terminó siendo clave. El 28 de noviembre, investigadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi confirmaron lo que durante tanto tiempo había sido solo una sospecha. Allí estaban. Los tres. No es la primera vez que la memoria oral guía una exhumación. Pero sigue impresionando. Porque demuestra que, incluso en contextos de miedo o represión, hubo quienes no olvidaron. Quienes, de alguna manera, dejaron una pista para el futuro. Y esa pista ha permitido reconstruir lo ocurrido. 

Fusilados en la montaña, enterrados en silencio

Los tres soldados se dirigían hacia Castro Urdiales. Habían optado por una ruta a pie, atravesando la montaña. Era una decisión arriesgada. Pero en aquel momento, pocas rutas lo eran menos. En la zona de Miera fueron interceptados por un grupo de falangistas. No hubo margen. Fueron fusilados allí mismo. Después, sus cuerpos fueron arrojados al río. Un gesto que se repite en demasiados relatos de la época. Borrar. Hacer desaparecer. No funcionó del todo. Un grupo de vecinos recogió los cuerpos. Los sacaron del agua y les dieron sepultura junto al cementerio. No fue un entierro oficial. Ni registrado. Pero fue un gesto. Quizá el único posible en aquel contexto. Y ese gesto ha llegado hasta hoy. Porque uno de esos vecinos, antes de morir, decidió contar lo que sabía. Se lo dijo a un familiar de los soldados. Sin esa conversación, probablemente los restos seguirían bajo tierra, sin nombre. Sin historia reconocida. 

Recuperar nombres, recuperar historia 

La identificación de Romaña, Miquelarena y Portillo no es solo un avance técnico o forense. Tiene otra dimensión. Más difícil de medir. Durante décadas, estos tres hombres formaron parte de una lista difusa. Soldados desaparecidos. Víctimas sin localización confirmada. Historias incompletas. Ahora no. Ahora hay certezas. Se sabe quiénes eran. Se sabe cómo murieron. Se sabe dónde estaban. Eso cambia algo. No todo. Pero algo. También reabre una cuestión que sigue presente: cuántas historias similares quedan todavía sin resolver. Cuántas fosas. Cuántos cuerpos. Cuántos nombres pendientes. El trabajo de entidades como Aranzadi ha permitido avanzar en muchos casos. Pero el mapa sigue incompleto. Y el tiempo, otra vez, juega en contra. Cada identificación es un cierre parcial. Una reparación limitada. Pero necesaria. En Mirones, al menos, tres nombres han dejado de estar perdidos. Tres historias han salido del silencio. Y eso, aunque llegue tarde, importa. Porque hay cosas que no desaparecen. Solo esperan a ser encontradas

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