1O AÑOS SIN AMPARO
RECORDANDO LA ACAMPADA DE RESISTENCIA
Imagen extraída de la web del centro social okupado La Lechuza Febrero 2025
Conocer experiencias de lucha en otros lugares puede ayudarnos a ampliar imaginarios con el fin de que no nos sean ajenas aquellas tácticas de lucha que se usan en otros contextos para defender la vida. Hace nueve años una comunidad de lucha se construyó apoyando a una vecina que sólo quería permanecer en su hogar. Amparo podría haber optado por otros caminos, pero escogió denunciar la situación y buscar solidaridad. Poner este recuerdo en contexto nos ayuda a orientar las luchas que están por venir si no queremos que el territorio siga siendo asediado con proyectos de infraestructuras innecesarias que, como muchas carreteras del litoral norte, sólo responden a una meta especulativa, pasando a ser «chatarra paisajística». Pero también con proyectos que finalmente se llevan a cabo y que preparan un futuro inhabitable con una economía basada en el extractivismo turístico en un entorno finito.
Con este párrafo concluíamos el año pasado, 2024, un artículo en memoria de Amparo Pérez llamado «¿Para qué? De la memoria de Amparo Pérez a las luchas contra las carreteras». En dicho artículo recordamos, como cada año, la historia de esta mujer de 86 años que pidió ayuda ante la expropiación de su hogar para construir el vial de la S-20. Quisimos vincular la lucha de Amparo, sus personas cercanas y la gente que se solidarizó con ella, con una larga tradición de resistencias contra las grandes infraestructuras innecesarias y más concretamente con las movilizaciones contra la construcción de viales y carreteras. Lo hicimos con el propósito de encontrar similitudes y diferencias que nos sirvieran de aprendizaje e inspiración ante futuros conflictos similares que tenemos a la vuelta de la esquina.
A su vez, también en 2024 escribimos «Un hecho y un deseo. «De las acampadas por Palestina a las zonas a defender en defensa de la tierra». En este artículo intentamos poner en valor el potencial de las acampadas por Palestina como la que inició un grupo de estudiantes en el Interfacultativo de Santander y lo relacionamos con la capacidad de transformación que las acampadas de resistencia tienen en las luchas en defensa del territorio en otros lugares, para preguntarnos si pudiera ser una herramienta útil para todas las amenazas del desarrollo y la especulación urbanística en marcha en Cantabria (teleférico del valle del Pas, polígonos eólicos planeados y en construcción, el polígono de las Excavadas, el polígono de La Pasiega, territorios afectados por la ley del suelo y la apertura al turismo de masas como las residencias y el campo de golf planeados en Langre y Loredo, la ampliación del tren de alta velocidad hasta Reinosa etc
Al fijarnos en la acampada de Palestina de 2024, la referencia más cercana que tuvimos en cuenta fue el conocido 15M en 2011, sin embargo, lo cierto es que en la ciudad de Santander hubo una acampada de resistencia más reciente pero no tan tenida en cuenta, a pesar de que supuso un punto de encuentro que marcó un antes y un después en las redes creadas entre grupos de vecinas afectadas por la especulación urbanística y la gentrificación en Santander (El Pilón, San Roque, Cueto, etc), colectivos sociales y activistas, grupos de afinidad sin siglas, así como colectivos por la vivienda, especialmente la PAH. Hablamos de la acampada que se llevó a cabo para defender el hogar de Amparo Pérez ante el asedio de las excavadoras que ya habían iniciado las obras de la construcción del vial de la S-20 y que fue conocida como «Amparosequeda»
«Amparo Pérez: Sigamos caminando» Vídeo con el testimonio de Amparo Pérez en su resistencia ante el acoso urbanístico del ayuntamiento de Santander. Este pequeño homenaje se ha mostrado por primera vez en el aniversario de la muerte de Amparo, provocada por la situación de hostigamiento al que fue sometida.
La acampada tuvo una importante repercusión mediática en los medios locales, apuntando casi todos a unas 150 personas. No faltaron tampoco las declaraciones de Iñigo de la Serna, apuntando a que dicha protesta sólo respondía a una campaña utilitaria de la PAH, cuestión que dicha organización desmintió rápidamente. Ni el frío invernal ni las amenazas de que la policía llegara impidieron que se dieran debates y surgieran propuestas de acciones. Con mantenimiento oficial de la acampada o sin él, la presencia de personas aquellas semanas estuvo garantizada.La resistencia al desalojo y la negativa al derribo del hogar de Amparo era una posibilidad. Sin embargo, Amparo no pudo soportar la situación de acoso y de violencia mediática, institucional y urbanística, por lo que fue hospitalizada en el hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV) por problemas respiratorios. En los días en los que la vecina estaba en el hospital, finalmente llegó el desalojo sobre el que no hubo resistencia activa y cuyas fuerzas sólo dieron para apoyar en la recogida de enseres de la vecina por parte de muchas personas que habían estado presentes en esas semanas entre acciones, debates y encuentros. El 9 de febrero una excavadora derrumbó el hogar que Amparo había construído junto a su marido décadas atrás, mientras ella permanecía ingresada. Finalmente, Amparo fallece a mediados de Febrero después de estar más de una semana ingresada.

Desde aquel preciso instante, la memoria de Amparo Pérez ha seguido siendo recordada, tal y como hemos comunicado cada año hasta nuestros días, mediante una marcha anual en su memoria que permanecío durante 7 años pero que a día de hoy no existe. Ello no impide que se lleven a cabo cada febrero pequeñas acciones que mantienen vivo su recuerdo contra la amnesia generalizada que impone el modelo urbanístico y especuladora de Santander y Cantabria.

La acampada «Amparosequeda» fue insuficiente para frenar el desalojo y el derribo del hogar de Amparo. Las acciones de repulsa que le acompañaron, así como los intentos de familiares y personas cercanas por dialogar con el ayuntamiento para llegar a otra salida también. Como ya dijimos otras veces, la lucha por que no echaran a Amparo de su casa no se ganó y aún peor, la construcción del vial de la S-20 se llevó una vida por delante. Amparo tuvo el calor de su gente cercana y de otra mucha que conoció tras pedir apoyo y, en consecuencia, la huella marcada en los movimientos sociales de la ciudad estuvo protagonizada por la confluencia de una diversidad de gentes que en algunos casos se mantiene 10 años más tarde.

POSIBLES MANERAS DE REFORZAR UNA ACAMPADA DE RESISTENCIA

– Una acampada que no amplia sus márgenes pidiendo apoyo a personas y colectivos que no están presentes pero que pueden aportar para alimentarla de otras maneras, es dificil que sobreviva. Un ejemplo importante es la entrega de alimentos que en la acampada «Amparosequeda» se dio por parte de algunas vecinas de la zona, un punto en común con la acampada 15M de la Porticada y con la acampada más reciente por Palestina de Santander.
– Una acampada que no pone en común los objetivos que tiene, es dificil que en los momentos decisivos pueda reaccionar con agilidad colectiva ante lo que pueda pasar de manera conjunta. Es decir, si las acampadas se vuelven solamente lugares donde pasarlo bien y gozar de encuentros que no son habituales en la normalidad cotidiana estudiantil, asalariada etc, pero no existe una puesta en común de a dónde se quiere llegar con ello y que se espera de la misma, es fácil que cuando la situación crezca en adversidad, la gente se disperse y se diluya en decisiones individuales o de pequeños grupos, disminuyendo las posibilidades de resistir colectivamente.

– Una acampada que se deje comandar por determinadas figuras que se autoelijan como portavoces, que tomen las decisiones importantes o que comuniquen en función de sus intereses y no acuerdos colectivos, corre el riesgo de depender de los giros que estas personas o grupos quieran dar a la situación en momentos clave. Neutralizar estas actitudes es responsabilidad de todo el mundo, no la culpa de unas pocas personas.
– Una acampada que se propone como mínimo protestar ante una situación y como máximo impedir un desalojo, un desahucio o un derribo, puede tener una caja de resistencia colectiva como posibilidad antes de que se den posibles situaciones como falta de recursos y material, multas, sanciones, detenciones etc La importancia de las cajas de resistencia no solo reside en el momento en que estas situaciones se dan, sino que sirven como colchón emocional y colectivo para las personas que integran la acampada de cara a adquirir más confianza y reducir el miedo a la represión económica. Si sabes que el colectivo puede hacer frente a los gastos, es más fácil plantearse determinadas decisiones como puede ser prolongar una acampada ante una orden de desalojo o, simplemente, llevar a cabo acciones directas o asumir consecuencias.

* Artículo publicado en el boletín Briega nº 62 en febrero de 2025.




