DESMONTANDO MITOS RENOVABLES Y TRANSICIONES/TRANSACCIONES ENERGÉTICAS/ECONÓMICAS
Los «nuevos» sueños «milagrosos», en forma de alta tecnología mal llamada renovable, nos prometen falsamente que nos «salvarán» de nuestra gula energética, pero lo único que están haciendo es agravar aún más otras serías amenazas de las cuales no se habla, o prácticamente no se habla, al no interesar.
De los nueve límites planetarios ya hemos superado siete y sólo se «habla» a la sociedad del cuarto en importancia, el cambio climático en visión túnel finalista, CO2.
La REI, («Renovable» Eléctrica Industrial), sólo «produce» electricidad y ésta es apenas el 20% del consumo energético total. Hay una pequeña parte de todas las actividades modernas que podrían electrificarse, pero entre más motivos, hay uno que es determinante para hacer inviable esa electrificación del «todo». Esta es la escasez de materias primas indispensables, pero muy escasas, tierras raras, materiales críticos, etc. Organizaciones como la Agencia Internacional de la Energía, la OTAN, o la UE entre otras, están «recomendando» acaparar todas esas materias.
El 80% de nuestro desmesurado gasto energético han sido, son y serán, aunque ya no por mucho tiempo, los combustibles fósiles. Éstos en un periodo de tiempo histórico brevísimo, unos 140 años, y muy específicamente éstos últimos 70 años con sobre todo el petróleo y también el gas, han hecho posible este lapsus de confort, lujos, comodidades, derroche y facilidades para una pequeña parte de la población humana, pero a costa de destrozar las bases que sustentan la vida en todas sus formas y la explotación, sufrimiento y abusos a la gran mayoría. El carbón, el petróleo especialmente, y el gas, han creado un determinismo energético debido a su altísima densidad energética, versatilidad, gestionabilidad en forma de stock y disponibilidad creciente hasta hace bien poco.
La cultura occidental ha sido posible gracias a estos combustibles y reactivos químicos de todo tipo también de origen fósil, para crear todos los materiales sintéticos y mecanismos cada vez más sofisticados que gobiernan y dirigen toda nuestra «vida».
Esta densidad energética enorme, creó, y aún mantiene una soberbia y prepotencia inconmensurable. Un litro de gasolina, o gasoil, te permite desplazarte en una máquina que pesa más de una tonelada unos 15 o 18 kilómetros. Prueba a realizar ese mismo trayecto, esta vez empujando tú, esa máquina y tendrás idea de la gigantesca capacidad de realizar trabajo de sólo ese litro de combustible fósil. Teniendo además en cuenta que esos motores de combustión interna, lo que más producen es calor, y como subproducto, energía mecánica, pues son máquinas térmicas.
El determinismo energético fósil crea una cosmovisión, una sensación de omnipotencia, una cultura, una manera de ver el mundo, un tipo de sociedad, que ninguna otra fuente energética puede, ni de lejos, cubrir, o sustituir.
Las modernas tecnologías mal llamadas renovables, para producirlas consumen ingentes cantidades de energía, para una vida útil media de esos efímeros polígonos eólicos, o fotovoltaicos, de unos 20, o 25 años. Consumen energía y materiales de origen fósil. Por lo tanto, ¿de qué transición estamos hablando?
Para crear una turbina eólica, o un panel fotovoltaico hace falta un extractivismo depredador con maquinaria producida, mantenida y que funciona con combustibles fósiles. Esas materias primas hay que arrancarlas de las entrañas de la tierra, procesarlas, transportarlas, montarlas, mantenerlas y eventualmente (que no acostumbran a hacerlo para maximizar beneficios), desmontarlas con energías fósiles. Sencillamente, las tecnologías mal llamadas renovables son totalmente dependientes de sus mecenas fósiles. Sin ellos, todo ese tinglado no se puede realizar. Son un tentáculo o subproducto y subsidiarias de los mismos.
Como demostró el apagón del 28 de abril del 2025, este tipo de generación eléctrica necesita de un respaldo por su intermitencia, inestabilidad y características.
Todo ello implica y obliga a producir y consumir muchas más materias y energía para crear esas centrales y aparatos de respaldo, por lo que agravan, entre otras muchas cosas el extractivismo y las emisiones de CO2, o su equivalente, que decimos falsamente evitar.
Lo que de una manera interesada e irresponsable se ha venido haciendo durante estas últimas tres décadas es crear un falso relato de confundir flujos renovables, fotones que envía el sol y las diferencias de presión generadas por el calor del sol que producen los vientos, con energía renovable. Los captadores y toda la parafernalia hasta llegar finalmente al enchufe, no es renovable.
Los flujos renovables se han venido usando de forma más o menos sostenible en forma de molinos de viento, para mañana moler, que de ahí viene el nombre molino y denota en el inconsciente algo tradicional, cercano, y necesario. Molinos de viento de Castilla la Mancha, molinos de río, de marea, ferrerías tradicionales, batanes, etc. Hechas con materias primas locales, a pequeña escala, para cubrir necesidades reales y normalmente básicas con tecnologías de baja intensidad e impacto.
Las modernas «renovables» son totalmente dependientes de los combustibles y materiales de origen fósil. Son tecnologías de alto impacto e intensidad. Muy complejas y por lo tanto nada democráticas, pues sólo con un sistema tecno y termo industrial puntero es posible su existencia, y ese sistema que depende de última tecnología, sólo fue, y es posible, con energías fósiles y materias primas abundantes y baratas indispensables para esa vanguardia tecnológica. Lo que además aboca a su centralización, monopolio y vasallaje para el resto.
Se habla de forma irresponsable y mentirosa de transición energética, bien por malicia, o bien por ignorancia interesada. Desde que la especie humana aprendió a controlar el fuego, ha venido usando, y de hecho sigue usando madera más que nunca, (biomasa, principalmente, lo llaman ahora), deforestando sin medida, y como si no hubiera un mañana. Al empezar a no tener tanta madera en su momento de manera cercana y fácil, por esquilmación, se agregó carbón en la revolución industrial y se quema más carbón que nunca en la actualidad. Después se añadió, que no sustituyó, sinónimo de transitar en este contexto, el petróleo. Añadir además, que cada nueva fuente de energía y especialmente el petróleo, tenía cada vez más densidad energética, disponibilidad, versatilidad y gestionabilidad. Ello suponía una capacidad inmensa de generar más y más trabajo, dando pie a la suicida sociedad de consumo actual. También se sumó el gas, la hidroeléctrica, nuclear y las mal llamadas renovables, que en muchas ocasiones, lejos de ser una fuente de energía, pasa a ser un sumidero de energía, pues en todo su proceso se puede invertir más energía de la que generen en su efímera e impactante también, vida útil.
Por todo lo expuesto, no se puede hablar, sin faltar a la verdad, de transición energética, ni energía renovable, ni ecológica… Simplemente se han ido sumando y agregando más y más fuentes de energía y no se ha transitado, sustituido, o cambiado nada. El crecimiento exponencial es sencillamente imposible, pues esta es la lógica de las células cancerígenas, y lo único que consiguen de lograr su objetivo es extinguir el huésped que les permite existir. Aunque algunos lemas publicitarios para masificar más si cabe la región, sean Cantabria Infinita.
Y si para colmo de todo esto, no fuese suficiente, además estamos forzando la vida al límite de su capacidad para sustentarse. Existen nueve límites planetarios, de los que en la actualidad se han superado ya siete. Decir que con rebosar uno sólo de estos límites, la especie humana se encamina hacia su autoextinción en un plazo más o menos breve, de no revertir esa tendencia, la inercia es gigante y extremadamente poderosa, con ninguna voluntad real de cambio, y sin perspectiva ninguna de echar el freno de emergencia.
Por mentir de forma dolosa, o por ignorancia interesada, con la disculpa de la descarbonización, (visión túnel justificativa), la supuesta transición energética, ecológica…que en realidad es una transacción económica y el espantajo de las falsas energías renovables, se están matando moscas a cañonazos y agravando muchos de los factores que problematizan la deriva suicida de esta especie que se denomina inteligente y doblemente sabia, homo sapiens sapiens.



