Facilitación: 10 pasos para mejorar la toma de decisiones

Uno de los principales trabajos del facilitador es ayudar al grupo a alcanzar una decisión, Con esto no me refiero a decirle al grupo lo que tiene que hacer, sino más bien guiar el proceso de la discusión hasta el punto en que el grupo tiene suficiente información y claridad para hacer una elección. En mi experiencia, esta tarea poco fácil presenta dos riesgos principales para el facilitador. Uno es cortar la discusión muy pronto y el otro es alargarla demasiado tiempo. Si el facilitador busca la decisión prematuramente, el grupo no tendrá el tiempo para recibir y procesar toda la información que necesita y puede ser que se sienta manipulado o presionado a tomar una decisión. Si el facilitador espera demasiado tiempo para llegar al final, algunos participantes se aburrirán y el grupo perderá energía. A la larga, la habilidad para leer la energía del grupo y saber cuándo buscar la decisión es una destreza que viene con la práctica.
El “momento de toma de decisión” es una poderosa oportunidad para el grupo de afirmar su identidad, su unidad y sus intenciones.
Bien manejado, el “momento de toma de decisión” es una poderosa oportunidad para el grupo de afirmar su identidad, su unidad y sus intenciones. He aquí algunas sugerencias para ayudar a un grupo a prepararse para tomar decisiones al respecto de las cuales los miembros se sientan bien, y por lo tanto sea muy probable que implementen. Hay que mantener en mente que no todos estos pasos son necesarios en cada caso. Sin embargo, sí proporcionan una gama de opciones a considerar.
Nota: Este escenario toma por caso un grupo de pequeño a mediano (5-30 personas) que busca lograr una decisión al respecto de un tema específico en una sola reunión. Una mejor alternativa, si las circunstancias lo permiten, es alargar la discusión por dos o más reuniones, dándoles a todos la oportunidad de procesar la información, contribuir con ideas, refinar la propuesta y llegar a un consenso. En cualquier caso los principios básicos se mantienen igual.
Yo algunas veces pregunto, “¿Hay alguien que se va a sentir realmente molesto (o profundamente infeliz, triste etc.) si esta decisión es adoptada?”
1 Verifica. Pasa alrededor del círculo preguntando a cada persona, “Por favor dinos cómo te sientes hoy”, o “Compártenos algo que haya estado en tu mente últimamente”, o “¿Qué otros asuntos en tu vida tienes que poner de lado para poder estar completamente presente en esta reunión?”. Establece un límite de tiempo de 1-2 minutos para cada quien. Si el grupo es muy grande invita a los participantes a compartir en grupos de 3-4. Pídeles dividir el tiempo equitativamente de tal forma que cada uno tenga la oportunidad de hablar, que no se interrumpan, y que no den consejos, etc., ¡que sólo escuchen! Esto les da a los participantes la oportunidad de despejar su mente de preocupaciones ajenas para que puedan dar su atención plena a la decisión que está por ser tomada.
2 Introducción al tema. Pídele a alguien del grupo que esté familiarizado con el tema que está por decidirse que haga una breve presentación, esbozando la información disponible. Si eres afortunado, habrá una propuesta por escrito en la cual enfocar la discusión. Averigua si hay preguntas aclaratorias antes de dejar que la gente empiece a dar sus opiniones.
3 Discusión abierta. Obtén los “primeros pensamientos” de todos sobre el tema; registra los puntos centrales en un papel de rotafolio. Resume las áreas en las que parecen estar en acuerdo e identifica dónde están las inquietudes todavía sin resolver.
4 Toma un receso en silencio. Dale al grupo unos cuantos minutos para procesar la información y formular sus propias preguntas o posiciones en silencio. Algunas personas no pueden pensar bien cuando otros están hablando.
5 Trabaja en parejas. Pídele a las personas que hablen de sus sentimientos e ideas relacionadas al tema en grupos de dos. Tener la atención plena de otra persona puede ayudar a clarificar la posición de uno mismo.
6 Identifica los puntos sobresalientes. Si parece haber grandes divisiones, pregunta a los participantes con qué partes de la propuesta no pueden vivir y por qué. Si estás trabajando con un proceso formal de consenso, este paso puede ayudar a identificar bloqueos potenciales.
7 Últimas rondas. Pasa alrededor del círculo tres veces más, dándole a todos tiempo para clasificar, explorar y sugerir formas de resolver inquietudes todavía no resueltas. Continúa articulando los cambios a la propuesta. Si la conversación esta dando vueltas o hundiéndose en minucias, pregunta: “¿Estamos atorados aquí?” Cuando sientas que estás cerca del final, pregunta: “¿Estamos listos para decidir?”.
8 Repite la propuesta final. Asegúrate de que todos sepan que la etapa de discusión está llegando al final y que la decisión está por tomarse.
9 Verifica si todavía hay fuertes sentimientos inexpresados. Yo algunas veces pregunto, “¿Hay alguien que se va a sentir realmente molesto (o profundamente infeliz, triste etc.) si esta decisión es adoptada?” Normalmente, a esta altura, estos fuertes sentimientos ya han salido a la superficie y han sido tratados; por lo tanto, hacer esta pregunta es una forma de dejar que la gente se dé cuenta de que están de acuerdo con la propuesta.
10 Instrumenta la decisión (por consenso o votación). Asegúrate de que la decisión sea registrada en las minutas de manera exacta y que los pasos de seguimiento estén claramente definidos
Algunas veces un “no” es la mejor decisión.
No te sientas fracasado como facilitador si el grupo no logra consenso o si la propuesta es rechazada. Recuerda, tu trabajo es guiar el proceso, no garantizar un resultado específico. De cualquier manera algunas veces un “no” es la mejor decisión. Da lo mejor de tí y desentiéndete de los resultados.
Fuente: Fogata. Publicación del IIFAC

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