¿Maltrato animal al código penal?

Decía Audrey Lorde que «Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo». En ese sentido y en esa dirección algunos movimiento sociales llevan dećadas preguntándose por la utilidad de recurrir al código penal para cumplir sus objetivos de liberación. El ejemplo más claro y popular es la tendencia antipunitivista de algunos feminismos que intentan pensar otras formas de resolución de conflictos y de reparación del daño en clave antipatriarcal ante la violencia sexista. Ello implica reconocer los valores y los principios patriarcales que inculca la cárcel y el daño que genera la aplicación del código penal en las vidas de la población. Ya sea expropiando la posibilidad de reconocer la responsabilidad por parte de las personas agresoras, como la autonomía de las personas agredidas para exigir la reparación del daño según su voluntad y sin la tutela de ningún órgano superior como, en este caso, es el estado. Esta brecha dentro del feminismo aún tiene muchas carencias prácticas y supone una postura minoritaria dentro del amplio movimiento social. Sin embargo, se trata de una brecha y ya es un debate existente con sus alternativas prácticas en marcha.

Audre Lorde en 1979 como oradora en la primera Marcha Nacional por la Liberación Gay y Lésbica en Washington, D.C., EEUU. Imagen del documental (2002) de Jennifer Abod sobre Lorde.

En cambio, otros movimientos de liberación como en este caso es el movimiento animalista y/o antiespecista tiene un recorrido menos elaborado en el hecho de cuestionar que recurrir al código penal para abordar el maltrato animal sea el único e imprescindible medio para evitar la violencia contra los animales.

El pasado 12 de julio una persona de la asamblea antiespecista de Madrid vino a dar una charla sobre la campaña contra los laboratorios de experimentación animal de Vivotecnia llamada «Cerremos Vivotecnia». 

Dicha asamblea es uno de los colectivos existentes en el presente que contribuyen a hacer  la pregunta de si puede realmente la cárcel defender a los animales o no. En Febrero de 2024 este colectivo madrileño y María José Bernuz Beneitez (profesora de universidad especializada en políticas criminales contra población en riesgo, la tensión entre libertad y seguridad, justicia restaurativa y resolución alternativa de conflictos, miembro del Laboratorio de Sociología Jurídica de la Universidad de Zaragoza) publican un libro en donde plantean en sus aportaciones, tal y como informa el periódico Todo por hacer, algunos puntos habitualmente poco tenidos en cuenta a la hora de pensar sobre este tema. Se trata de escritos desde una absoluta preocupación por la violencia contra los animales no humanos con dos textos valientes y sosegados que buscan abrir un debate donde hasta ahora parecía que solo cabía una perspectiva exclusivamente punitivista, que ponía la cárcel y el castigo en el centro. La instrumentalización del Código Penal para combatir el maltrato animal es una cuestión en la que quienes leéis podréis profundizar si accedéis a leer el pdf de este libro de la editorial ochodoscuatro.

Es una obviedad que el resto de especies animales, sean cuáles sean las circunstancias de la sociedad, sufren constantemente una violencia explícita que ni siquiera es reconocida o legitimada como inaceptable en lo que a la mayoría de especies se refiere. Sin embargo, también es cierto que el movimiento por los derechos de los animales ayuda a poner en el centro estas injusticias y a incitar a la población a que no se permita. En Cantabria existen ejemplos recientes y actuales de ofensiva directa contra el resto de animales. Uno de los ejemplos mas sonados en los últimos meses fue la sentencia judicial que obligaba al refugio de animales «La manada cantabra» a devolver a 5 vacas a su antiguo maltratador, un ganadero que las tenía desatendidas y en condiciones de abandono severo. En el refugio fueron cuidadas y devueltas a la vida por las personas que sostienen el espacio. Hubo una campaña muy fuerte con activistas solidarias que vinieron de distintos puntos dentro y fuera de Cantabria para apoyar e intentar evitar la retirada de estas vacas de sus cuidadoras hasta el punto de tener repercusión internacional.

Otro ejemplo lo tenemos en la nueva idea peregrina llevada a la práctica por el Gobierno de Cantabria con el absurdo argumento de conseguir combatir la desruralización con ayudas a la tauromaquia. La Consejería de Presidencia, Justicia, Seguridad y Simplificación Administrativa del Gobierno cántabro publicó a principios de mayo la segunda convocatoria de las subvenciones para la promoción de la tauromaquia en municipios en riesgo de despoblamiento. 41.000 euros para financiar la organización de festejos y espectáculos taurinos durante 2025. Al igual que en el caso anterior, el rechazo y la organización contra estas tropelías existe en Cantabria. Tanto diversas organizaciones ecologistas, animalistas, culturales, sociales y políticas han hecho campaña contra este descarado financiamiento del maltrato y la tortura animal. La promoción de la tauromaquia no sólo se intenta extender por los pueblos del territorio, sino también sigue siendo punta de lanza festiva de la alcaldesa de Santander a través del ayuntamiento de la capital cántabra para las fiestas de Santiago. Suerte que el colectivo «Cantabria contra la tauromaquia» sigue organizándose un año más para exigir y luchar por unas fiestas sin sangre por medio de la presión social y la acción directa. Por eso han convocado movilizaciones antitaurinas este mes de julio.

El tercer ejemplo es, sin duda, un tema que está trascendiendo el ámbito local y que es una cuestión compartida con otros territorios del estado, el hostigamiento y la persecución que los lobos de la península están teniendo, no sólo con la práctica de la caza furtiva, presente en muchos lugares como los valles limítrofes entre Cantabria y Euskal Herria, sino también por la presión de determinados sectores sociales y políticos en la legislación actual. Tal y como informaba el medio Elfaradio, el pasado mes de mayo hubo una movilización en Santander impulsada por varias organizaciones en respuesta a la reciente exclusión del lobo ibérico del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE), aprobada por el Congreso el pasado 20 de marzo. Esta decisión legislativa, introducida mediante una disposición adicional en la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, ha posibilitado que el Gobierno de Cantabria autorice el abatimiento de 41 ejemplares, un proceso que ya ha comenzado en el territorio con las primeras muertes. El furtivismo y la permisividad legal para cazar lobos parecen polos opuestos, sin embargo, se complementan y retroalimentan. Quienes están detrás son los mismos sectores empresariales, politicos y culturales.

¿Hay vida más allá de las firmas y el punitivismo animalista?

Si bien existe una amplia gama de asociaciones, grupos y organizaciones preocupadas por los derechos de los animales en Cantabria, la realidad nos muestra que a pesar de que su función sea importante en cuanto a visibilizar casos de maltrato y violencia explícita sobre el resto de especies animales o ahuyentar a sus maltratadores con denuncias, lo cierto es que existe un límite en sus propuestas planteadas que se repite constantemente . En los ejemplos anteriores, como en muchos otros casos denunciados por estas organizaciones, ya puedan ser la denuncia de las condiciones de los zoológicos de Cantabria o los maltratos por individuos concretos hacia otros animales, la recogida de firmas, las esperanzas en el código penal y las denuncias parecen ser los medios predominantes.

Es necesario ampliar perspectivas y aumentar la diversidad de tácticas que no se reduzcan a demandas ciudadanas y peticiones de castigo, sino que se centren en la acción directa y la garantía de protección y cuidado hacia los animales. Para ello es importante romper con el aislamiento y la desvinculación que colectivos animalistas suelen tener con otros colectivos sociales y viceversa.

Es por ello que no sólo es útil conocer discursos de colectivos de otros lados que intentan vincular la liberación animal y/o la defensa de los derechos animales con otras cuestiones sociales, como puede ser la asamblea antiespecista de Madrid, sino también mostrar otras formas de defenderles, como la lucha contra la caza del zorro en Reino Unido, que bien podría inspirar a la defensa del lobo cuando la legalidad no es suficiente para garantizar su protección, ya sea por el furtivismo o la desprotección institucional. En la entrevista que desde Briega compartimos de «Tras los muros» a los saboteadores de la caza en 2021, uno de los saboteadores de la caza responde a la pregunta de quienes son… «Somos gente corriente que nos oponemos radicalmente a la caza. Somos esas personas que salimos al campo e impedimos la caza. No se necesita ningún tipo de habilidad especial para ser un saboteador a la caza. Existen otros grupos que monitorizan a los cazadores, sentándose por ejemplo en matorrales con cámaras de video esperando a documentar cómo un zorro es perseguido por una manada de perros con el fin de llevar a juicio a los cazadores. Nosotres no estamos interesades en hacer eso, no estamos interesades en ver a un zorro ser asesinado para esperar conseguir una condena en el juzgado. A nosotres nos interesa salvar la vida de los animales ese mismo día».

Queremos concluir este artículo con este párrafo para incitar al pensamiento crítico sobre la deriva punitivista del movimiento animalista aquí y en todos lados, sin negar el esfuerzo y dedicación de muchas personas por las vías que conocen y ven oportunas para evitar el maltrato y la violencia contra el resto de animales y sin obviar que no todas las prácticas son fáciles de replicar en unos sitios u en otros y bajo unas circunstancias y correlación de fuerzas diferentes. Sin embargo, es importante no dejar de señalar que existen muchas maneras y no hay por qué renunciar a ninguna para evitar que los encierren, los torturen y los maten.

* Texto publicado en el boletín «Briega  nº67» en Julio de 2025 con adaptaciones pos 12 de julio.

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