Resistencia al Proceso

A medida que más grupos intentan involucrar a sus miembros en procesos participativos, usando la facilitación y un conjunto de dinámicas para promover el diálogo y el consenso, surge un nuevo tipo de participante, que parece ser «anti-proceso» o «resistente al proceso.» Como facilitadores, debemos ver a estas personas como nuestros más grandes aliados, porque ellos nos pueden ayudar a detectar dónde estamos «perdiendo» al grupo y cómo reencontrar el camino.
La resistencia al proceso puede ser verbal o no verbal. Algunas de las manifestaciones más comunes incluyen:

  • La impaciencia («Esto está tardando mucho. ¿No podemos seguir adelante y tomar una decisión?»)
  • La desesperación («Nunca nos vamos a poner de acuerdo.»)
  • El cinismo («¿Para qué molestarse? El jefe/líder/elite del poder no va a aceptar nuestras recomendaciones»)
  • La confusión («Pensé que ya habíamos decidido esto la semana pasada»)
  • El boicot («Voy por un café. Cuéntenme luego qué pasó»)
  • El silencio. («No me voy a arriesgar a decir nada. Puede haber represalias»)

Paradójicamente, algunas de las personas que se resisten al proceso son las que están acostumbradas a controlar al grupo y resienten tener que compartir el poder, mientras otras son los participantes que históricamente han sido marginados y tienen miedo de expresar su opinión ante el grupo. Otros más son los participantes experimentados en procesos, que pueden oler un proceso defectuoso a una milla de distancia y no tienen ningún problema en informar al facilitador que algo huele mal. En cualquier caso, su resistencia a tus esfuerzos bien intencionados para estimular la participación puede ser difícil de aceptar. Yo recomiendo que tomes en serio su resistencia. Aquí te damos algunas maneras para abordar estas frustrantes y a veces humillantes situaciones.

  • Asume que los que se resisten al proceso tienen algo válido que comunicar.
  • Ten una genuina curiosidad acerca del mensaje que ellos están aportando.
  • Una vez que hayas verificado por qué están molestos (y que tiene algo que ver con el proceso del grupo y no con otra cosa que está pasando en sus vidas), pregúntales si están dispuestos a explicarle a todo el grupo qué les está molestando.
  • Si rehúsan la invitación, respeta su decisión. Aprovecha la oportunidad para preguntar si otras personas tienen preocupaciones que no hayan expresado acerca del proceso.
  • Si la «persona resistente al proceso» explica lo que le está molestando, pregunta si otros comparten su preocupación.
  • Si tú estás de acuerdo con el diagnóstico, dilo.
  • Si parte de la culpa recae sobre algo que tú, como facilitador, hiciste o dejaste de hacer (algo así como explicar claramente el proceso, mantener centrada la discusión, equilibrar la participación, etc.), admite tu error y explica qué vas a hacer para corregirlo – ¡empezando ahora mismo!
  • Pregúnta qué debería cambiar para mejorar la situación para quienes no están contentos.
  • Negocia cambios en el proceso para poder abordar dichas preocupaciones.

Al responder de esta manera, estás modelando los comportamientos que transforman una estructura de mando y control que es piramidal y que sólo habla de participación de la boca para afuera, en una organización donde las personas realmente se escuchan unas a otras, aprenden y buscan una solución en conjunto.
Fuente: FogataExtraido de la revista EcoHabitar nº18.

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