El Sindicato de Vivienda revitaliza la lucha por la vivienda en Cantabria

Imagen de portada extraída de redes del Sindicato de vivienda de Cantabria

Más allá de una tibia crónica periodística de la manifestación de turno, el motivo de esta entrada es plantear que  la movilización del pasado sábado 6 de junio en Santander ejemplifica un antes y un después en la lucha por la vivienda en Cantabria. Dicha manifestación reunió a cientos de personas y, salvo periódicos interesados en que así se refleje, no se puede caracterizar como un acto minoritario dada la habitual envergadura de las movilizaciones en la ciudad, sino de un acto con relativa fuerza numérica. Cantabria para vivir es el lema escogido ya en pasadas movilizaciones enmarcadas en denunciar la falta de acceso a la vivienda desde un enfoque que señala especialmente la turistificación de Cantabria.

Es señalable que a  esta manifestación han acudido sectores muy diversos que abarcan desde el recién creado  sindicato de vivienda de Cantabria, que ya está abriendo nuevos nichos de denuncia de los abusos en esta materia, las vecinas de Peñacastillo afectadas por gestores de activos y fondos ligados al banco La Caixa, la PAH, hasta el amplio espectro de los movimientos sociales de Cantabria como la asamblea del centro social okupado La Lechuza, así como  los partidos  donde suele haber militantes que a su vez están en colectivos sociales. Una manifestación muy diversa dentro del marco habitual de los movimientos sociales, pero aún limitada si se aspira a superarlo.

Si tenemos en cuenta el contexto de lucha por la vivienda en el estado español, la labor del sindicalismo de vivienda, así como su capacidad de movilización, que  en ocasiones ha sido  capaz de romper el límite del perfil activista y movilizar a más sectores de la población, lo cierto es que parece que en Cantabria queda mucho por hacer en ese sentido y, aunque dicho acto no es una muestra de debilidad ante este objetivo de que la movilización traspase los círculos militantes, también es cierto que existe unas carencias en este aspecto importantes en comparación con el nivel de gravedad de la situación actual en el territorio cántabro, con  la subida de alquileres existente, la proliferación de pisos turísticos, la privatización de servicios públicos y las amenazas desarrollistas sobre el ámbito rural y el entorno natural de la región.

Después de una época de actividad por el derecho a la vivienda  en declive desde los años posteriores  al 15M y, especialmente, tras la pandemia y el confinamiento,   con una comunidad de lucha dispar, principalmente vertebrada por la importante labor de colectivos como Stop desahucios y la PAH, así como marcada por multas y juicios ante intentos de parar desahucios, se experimentó cierto agotamiento e indefensión ante las movilizaciones antidesahucios. Ahora, sin que dicha problemática esté solucionada ni solventada, la de no tener herramientas fuertes para parar desahucios y aumentar las protestas en torno a los mismos, parece que el nacimiento del sindicato de vivienda de Cantabria, que ha sabido  recoger a una parte de activistas de esta anterior época, así como nuevas personas que se incorporan, marca el inicio de un nuevo ciclo local. Un ciclo inevitablemente condicionado por su propio contexto de lucha territorial, que va a un ritmo muy distinto de otros puntos del estado, donde la lucha por la vivienda ha tenido una trayectoria de experiencias politicas aquí inexistente. Hablamos de victorias sindicales, apertura de bloques de viviendas, afrontamiento de fuerte represión económica y judicial etc

Sin embargo,  es un ciclo que tiene que darse tarde o temprano si se pretende articular una lucha que amplie sus horizontes políticos  y que sea capaz llegar a más personas y a diferentes sectores de la sociedad, para denunciar la situación de la vivienda y exigir cambios en el menor de los casos,  así como para auto-organizar la autodefensa popular ante agentes  rentistas, especuladores y  turistificadores, en el mejor de los mismos. Parece que la labor del sindicato de vivienda de Cantabria de autoformarse   en los últimos meses a través del conocimiento y los saberes prácticos de sindicatos de inquilinas de Madrid, Catalunya, etc, es un paso básico e importante para ello.

Las luchas sociales pasan en todos los contextos por picos de actividad, bajones, letargos, disputas, diferencias de enfoques y bloqueos colectivos e intentos de recuperación por parte de partidos políticos y otros agentes ajenos a los movimientos de base. Hay que contar con ello.  Una manifestación de forma aislada no supone un hecho relevante, aunque reúna a millares de personas,  pero si se enmarca dentro de lo que parece una nueva etapa y se acompaña de colectivos que trabajan el tema de manera continuada en el tiempo, en todo caso, como mínimo, no es una mala noticia.

 

 

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