Valentina Beivide Solana (1893 – 1993)

Valentina Beivide Solana (1893 – 1993)

Para Valentina Beivide Solana vivir consistía en ser útíl a los demás. Valentina Beivide, Sara, que se había venido al mundo en Liaño, en Cantabria. La vida la llevó muy joven a París, a buscar trabajo. Encontró a Pedro, su gran amor, y a compañeros libertarios que le hablaban de un mundo de fraternidad y respeto entre iguales. Le gustaba ese mundo y se quedó a vivir en él.

Valentina y Pedro, esperantista entusiasta, se bajaron a Cuers, en el Var, entre valles y montañas cerca del mar. La casa de Pedro y Valentina es punto de encuentro de esperantistas, vegetarianos y naturistas. Valentina es la cocinera del grupo de vegetarianos libertarios en Niza, sus fogones alimentan almas y dan calidez a las gentes que se reúnen alrededor de Joseph Estour y Marie Barrieu y su pequeña colonia libertaria naturista en Solliès le Pont, un grupo de pequeñas cabañas para evitar en lo posible el ruido de un mundo entre guerras.
Hay cosas que no pueden evitarse. El fragor del golpe de Estado fascista en España lleva a Valentina y a Pedro a participar en la Revolución. Aguantarán hasta el final de la guerra, formando parte de las columnas de refugiados que cruzan la frontera con lo puesto. De regreso a Cuers, convertirán su casa en centro de refugiados, prestando todo tipo de ayuda a los republicanos españoles abandonados a su suerte…techo, un plato en la mesa, papeleos para una nueva vida o algo que se le parezca…

Valentina y Pedro no buscaron nunca reconocimiento alguno, llevando una vida fuera de foco, sin salir en las fotos, alejados de toda vanidad, sin darse la mínima importancia, dándose a los demás sin estridencias, sabiendo que corta es la vida del que elogia y del que es elogiado, porque existen ciertos tipos de personas que cuando han hecho un favor a alguien están dispuestos a cargarles en cuenta el favor y, en cambio, hay quien ni siquiera es consciente de lo que ha hecho, sino que es semejante a una vid que ha producido racimos y nada más reclama después de haber producido el fruto que le es propio. Que no lo digo yo, que lo decía Marco Aurelio.

Pedro murió en la década de los 70 y Valentina siguió fiel a sus frutos, pese a quedar paralítica en una residencia los últimos años de su vida. Ya centenaria salió una mañana para dar su cuerpo a la Facultad de Medicina de Marsella, donde quizás desentrañaron algo del misterio de la bondad.

 

Contenido reciente

Contenido relacionado