Entrevista a Antonieta: Antigua secretaria de la CNT y compañera libertaria campurriana

MEMORIA LIBERTARIA: ENTREVISTA A ANTONIETA

Antigua secretaria de la CNT y compañera libertaria campurriana

 

¿Cómo empieza tu conciencia social y tu iniciación el anarquismo? ¿Cuáles son tus orígenes?

Soy campurriana. Quiero recordar a mi padre, que era un luchador anarcocristiano que decía siempre que el cristianismo de base tenía que ver mucho con el anarquismo. Él no era muy católico la verdad. Todavía iba yo agarrada a las faldas de mi madre cuando fue la guardia civil a buscarle a casa. Mi padre tenía apellidos de alta alcurnia, terminó la carrera de bellas artes y derecho y dijo que quería ser campesino y no quería formar parte de todo aquello, de toda la mierda de sociedad. Asi que se fue al pueblo a aprender a ser campesino y allí se casó con mi madre, que era una campesina. Mi padre era un tipo genial. Los seis hermanos salimos de izquierdas, nos educaron bien (risas).

Yo agradezco muchisimo a mis padres lo que me enseñaron. Mi padre me enseñó muchisimo la empatía con la naturaleza, la enseñanza de los árboles y el respeto por los animales. Yo recuerdo que a los 14 años los hermanos de mi padre nos machacaban porque decían que no vivíamos bien porque mi padre no quería, por haberse ido al campo. Mi padre vendía cuadros. Ahora tengo una nieta que hablo mucha con ella porque me dice que no tiene nada en común con la gente de su edad porque le interesa la historia y otros temas. Yo la digo que a mí me pasaba lo mismo porque aunque no quería estar desconectada de la gente de mi edad, en cuanto podía me iba a leer todo lo que encontraba. Enseguida empecé con el marxismo, luego llegué a Proudhon… pero muy temprano. Luego ya me fui a estudiar dando clases particulares. Yo sabía mucho sobre latín y griego y así pude estudiar magisterio y filosofía y letras ya trabajando. Todo ese tiempo estuve leyendo. Empecé a hacer amigos que me hablaban de temas como la comuna de París. Ellos eran muy amigos de un primo mio que era hijo de un republicano retornado. Cuando ya murió Franco, yo estaba buscando gente con la que militar, pues me gustaba mucho la teoría pero no me bastaba. Es entonces cuando encontré la CNT. Pero antes de esto llevaba mucho tiempo formándome. Mi conclusión fue que lo que yo quería era el anarquismo porque no se trababa sólo de una teoría politica sino de una forma de vida.

¿Como se reconstruye el movimiento libertario en Cantabria en los años 70?

El movimiento libertario nace desde el ecologismo, el feminismo, los exiliados franceses… en ese caldo de cultivo se decide alquilar un local en la calle Peña redonda. Fue ahí donde se fue consolidando con la aportación de gente joven. Se empezaron a formar grupos de trabajo de ecologismo, de feminismo y vinieron obreros con mucha conciencia y cultura. No recuerdo cuantos militantes éramos por entonces pero sí recuerdo que el local estaba siempre lleno, cuando no era una asamblea de construcción, era una asamblea de enseñanza. Cuando no era de administración, era de hostelería o de sanidad.

A mí me nombraron Secretaría general de Cnt Cantabria. Me tocó todo el problema de la escisión de CNT en el congreso de la casa de campo en Madrid en 1979. Yo siempre pensé que esta escisión estuvo promovida por las corrientes politicas dominantes de la actualidad porque no interesaba la emergencia del movimiento libertario. Algunas nos fuimos a la CGT, porque estábamos deacuerdo con que la acción directa era importante pero pensábamos que no nos iban a dejar otra opción que participar en las elecciones sindicales.

Cuando volvimos del congreso a Cantabria hicimos una asamblea de valoración y la gente mayor recogió y se fue a otro lugar. La gente joven nos quedamos en Peña Redondas. Gente como los de enseñanza salieron de la CNT y montaron un sindicato, el STEC.

La CGT no éramos nada entonces, la gente que se quedó en CNT se quedó con locales como el ateneo libertario de Perines, pero al ser mayores lo fueron dejando. Eran quienes sobrevivieron a la guerra, es decir, los mayores. Eran muy machistas. A mi me dolió que no quisieran pelear las cosas en los juzgados. Mi postura es que hay que amoldarse a la realidad y no nos dejaban otra opción que participar en ello.

Está claro que la CNT era más que un sindicato, era una forma de vida. El anarquismo es el orden natural de las cosas, no es desorden. Había una conciencia de las cosas por aquel entonces muy fuerte.

Cuando en el congreso general de Cantabria me nombraron Secretaria general yo dije que no podía porque tenía dos hijas y me estaba separando y estaba trabajando. Mis compañeros me dijeron que no me preocupara por eso, que cuando necesitara algo les llamase. Matemático fue. Es decir, mis hijas tuvieron un montón de cuidadores, así que en ese sentido de feminismo, tuve un respaldo enorme, lo cual es muy interesante.

¿Crees que hacer un sindicato más integral que lo que se conocía hasta entonces alejaba a las clases populares o todo lo contrario?

Lo que alejó a las clases populares fue la escisión y el Caso Escala de Barcelona. Yo no me cansé de explicar la verdad sobre lo que había pasado, el terrorismo de estado y el infiltrado que ya la había montado en Valencia con la UGT. Estas dos cuestiones fueron las que alejaron a la gente.

En cuanto a la educación, ¿cuáles eran las principales preocupaciones?

Nos apoyábamos mucho en la escuela libre de enseñanza del país Catalán y lo fuimos exportando. Esto ha tenido una influencia hasta el punto de que en la actualidad hay profesores reivindicando el sistema libre de enseñanza sin conocer de donde viene y cuáles son sus orígenes. Una educación basada en clases al aire libre, de carácter mixto, el respeto a la naturalidad del comportamiento, el sistema de experimentación frente al de amonestación etc.

En el STEC a día de hoy ya perdieron mucho, pero lo cierto es que mantienen algo de ese carácter social más allá de lo estrictamente educativo.

¿Cuál fue la postura de la CNT en torno a la identidad cántabra y los lazos con tendencias cantabristas?

No se aceptaron por lo general. Posteriormente pudo haber más contacto, pero el contacto que hubiera no era la defensa de un cantabrismo a ultranza. Se empezaron a acercar algunos chicos que trabajaban en el campo pero no teníamos mucha capacidad de trabajo allí.

Cuando haciais actividad política, social y cultural, ¿lo haciais en vuestros espacios propios o en otros lugares ajenos?

Nuestra actividad la llevábamos principalmente en el ateneo libertario y muchas veces también en locales o bares de compañeros. En Alcazar de Toledo un compañero de enseñanza tuvo un bar llamado La Pianola, un ejemplo de otros lugares donde hacíamos cosas.

En Torrelavega estábamos muy en contacto con el sindicato. Como aquí en Santander no teníamos mucho acuerdo con UGT y comisiones a la hora de organizar el 1 de mayo, en Torrelavega llegábamos hasta ese punto de juntarnos a pesar de las diferencias.

Respecto a los barrios, teníamos gente militante en muchos de ellos. Un ejemplo es en el barrio pesquero y otro el barrio de San Francisco, donde teníamos contacto con el párroco de allí, un cura rojo. La gente venía a los ateneos, la gente de los barrios tenía costumbre de acudir a nuestras actividades.

Como fue la introducción de la heroína, el contacto con las personas presas y la relación con las cárceles en este proceso.

Yo no conocía nadie que estuviera afectada por la heroína. Fue posteriormente con los punkis donde hubo más problemas con la heroína- Ellos si se acercaron y militaban pero yo en esa época ya no estaba activa por muchos motivos personales como el cuidado de mis padres. Mi único contacto con la cárcel fue a través de un hombre que conocí en tiempos de la insumisión en un local que teníamos en la calle San Luis y por donde ya estaban compañeras de la librería La Libre. En definitiva, estuvimos tocando todas las fibras sensibles de la sociedad durante esos años.

¿Qué era lo que más pesaba? La responsabilidad de continuar el legado del pasado libertario o la ilusión y la esperanza de reconstruir el movimiento y luchar por un mundo nuevo?

Queríamos conseguir los fines libertarios pero, quitando algunos jóvenes que entraron con las pistolas, eramos pacifistas. Sabíamos que no se conseguía nada con la violencia. Tampoco sin ella pero sí a través de arañar, negociar, presionar… etc

Era todo, era reconstruir el puente. Tras la guerra se había interrumpido todo y lo que queríamos era reconstruir todo a través de la educación libertaria y la lucha obrera pero… no se puede. Ser anarquista se ha convertido socialmente en el presente en un insulto y esto es un error. Ser anarquista es una cosa muy seria, requiere un compromiso de por vida con la sociedad y con la naturaleza. Yo a nivel personal tuve que abandonar por circunstancias personales como la supervivencia de mis hijas y el cuidado de mis padres, pero siempre he luchado. No me ha costado este cambio porque cuidarles no ha sido un esfuerzo sino un gusto.

Con toda la propaganda de la posguerra y el franquismo, no era fácil decir que éramos anarquistas y mucha gente lo ocultaba. Yo antes era más crítica pero valoro todo como que en esos años de reconstrucción hicimos lo que pudimos.

Esta entrevista se publicó en el boletín  mensual Briega en papel de marzo de 2026.

 

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