Mujer, vejez y ruralidad en Cantabria; Hablamos con María Montesino

María Montesino es Investigadora independiente y licenciada en Sociología por la Universidad del País Vasco. Forma parte de La Ortiga Colectiva donde co-dirige la revista de arte, literatura y pensamiento La Ortiga.  Los feminismos, la socioantropología o la agroecología son algunos de los campos por los que centra su trabajo cotidiano. Agradecemos que haya aceptado participar en esta entrevista para este medio de contrainformación.

 

1./La primera pregunta es saber en qué lugar de Cantabria vives y cómo vives el campo desde tu condición de mujer. ¿Cómo te atraviesa la ruralidad?

Vivo en un pueblo del valle de Campoo llamado Fresno del Río, aquí resido desde hace 15 años. Siempre he tenido una relación directa con la ruralidad. Aunque nací en Torrelavega y desde los 2 años viví en Santander, tengo un vínculo muy cercano con este pueblo desde los 6 años. He venido de vacaciones, fines de semana durante toda mi infancia. Además, soy nieta de dos mujeres campesinas: Pilar y María. He crecido con mi abuela paterna María en casa, este hecho ha marcado mucho mi propia relación con la ruralidad, con las mujeres rurales y campesinas. La ruralidad es algo que me atraviesa actualmente de forma intensa, no solo vivo en el campo, sino que, además, vivo del campo. Esto implica una serie de contextos muy diferentes a tener una casa en un pueblo. Aquí te atraviesa todo, el tiempo, los animales, la casa, la economía de cercanía. Y, como en muchos otros lugares, la tecnología, el capitalismo, la precariedad, la política.

 

2./Además de que eres socióloga hemos escuchado como tu discurso lleva una crítica implícita al academicismo. Eso se traduce en que tu conocimiento sobre las mujeres mayores en el medio rural viene de la escucha directa como una vecina más. ¿Qué escuchas de las vecinas que te gustaría compartir aquí?

 

Sí, en muchas ocasiones se confunde la academia con el conocimiento, mejor dicho, se cree que la única forma posible de conocimiento es a través de la academia. La universidad se ha convertido en un elemento de consumo más, donde los alumnos parecen clientes, las carreras bienes de consumo y rara vez se fomenta un conocimiento crítico de la realidad. Yo tuve la suerte de estudiar en Leioa, con un equipo de sociólogxs críticos que me enseñaron (también) que la propia universidad es un centro de poder y de “domesticación”. Precisamente las personas que hemos pasado por ella, más aún en carreras como la sociología, la antropología o las ciencias políticas, sabemos que la academia es un artefacto de poder, donde se reproducen narrativas de dominación y distinción. Nada más alejado de mi manera de estar en el mundo. Eso sí, se hablar en sus lenguajes académicos y escribirlos, para mi la universidad es un medio para el aprendizaje crítico, no un fin en sí mismo.

Yo siempre digo que soy socióloga siempre, cuando doy un seminario en una universidad y cuando hablo con mis vecinas. Son aprendizajes que llevamos puestos. Creo que la investigación que se queda solo en los libros o en la docencia como algo hermético se vuelve rancia, es necesario el trabajo de campo, el contacto con las experiencias de las personas y sus contextos, la observación participante que, además sea discerniente. Mi manera de escuchar en un trabajo de campo es la de una persona que ha pasado por la universidad y a la vez se dedica al campo. Y soy la misma persona, leo libros y aprendo y estoy con la gente y aprendo. De las mujeres que me rodean, cuando hablamos del campo, siempre salen conversaciones relacionadas con lo mucho que se trabaja antes y ahora no, donde se refleja claramente su doble carga de trabajo en el campo y la crianza por ejemplo. También se habla de los cuidados, de hijos, nietos y mayores. Hablamos mucho de recetas y de costumbres. Durante esas conversaciones hay un ir y venir de aspectos de la vida que compartimos y otros que no. Y de miedos, a la soledad, a la pandemia, a la incertidumbre económica de lxs hijxs. Cosas así, de la vida cotidiana, de la memoria, del futuro. Como cualquier otra persona.

 

3./La cultura hegemónica y urbanocéntrica de este sistema capitalista relega las vidas rurales a un segundo plano, o como mínimo, a unos clichés folklóricos de idealización y simplificación. ¿Cómo crees que se visibiliza esto en la visión social de las mujeres mayores en el campo?

 

El urbanocentrismo es un tema de gran complejidad que afecta a muchas facetas de la vida en los pueblos. Además, no todos los medios rurales son iguales. En lo que a la folklorización de la vida en los pueblos se refiere, creo que el paternalismo, la infantilización o la creencia de que se está por encima cuando se viene de una ciudad es algo que sigue a la orden del día. Y esto se ve en la vida cotidiana. Las mujeres rurales mayores suelen verse como esa abuela ideal, cariñosa, que siempre está cultivando la huerta, cocinando dulces y cocidos y tejiendo bufandas en invierno a los nietos. Y la realidad está repleta de matices y de circunstancias muy variadas: mujeres mayores que viven con los hijos, otras que están viudas y viven solas, mujeres que estudian, otras que están en residencias, otras que hacen yoga, algunas participan de las asociaciones de los pueblos donde van a talleres… otras no se relacionan especialmente con el vecindario. La folclorización suele simplificarlo todo y quedarse con los clichés, esto es importante cuestionarlo siempre, también se suele inventar y construir, desde una visión idílica del mundo una especie de comunidad imaginada, de arcadia feliz, que nada tiene que ver con la realidad.

 

4./¿Podrías hablarnos de las redes de ayuda mutua que se dan entre las personas mayores bajo tu experiencia?

 

Aunque la sociedad actual, incluido el medio rural, nada tiene que ver con las comunidades tradicionales donde las ayudas mutuas funcionaban por una cuestión de supervivencia, un factor característico de la sociedad campesina. En nuestros días hay redes de ayudas que siguen funcionando y que pueden tener una lectura de mutualidad, lógicamente no en el sentido estricto que hubieran tenido en una sociedad campesina tradicional. Por ejemplo, algo tan sencillo como compartir coche para moverse entre núcleos pequeños de población o a un núcleo más grande. También para cooperar en pequeñas labores del campo, compartir maquinaria o recursos.

5./Piensas que estas redes informales, espontáneas y vivas que sobreviven entre mujeres están amenazadas o tienen sus dificultades para pervivir? En caso de que sí, qué dinámicas sociales crees que causan este riesgo?

Las redes informales que tejen a diario las mujeres en los pueblos creo que tienen que ver fundamentalmente con los cuidados y el sostenimiento de la vida, también con el ocio. Ayudarse mutuamente en el cuidado de familiares (hijxs o nietxs), para acompañarse al ambulatorio o hacer la compra. El individualismo y la creencia de que competir es mejor que cooperar dificulta mucho que estas redes se mantengan y que lo hagan en un futuro. Sabemos que estas redes también generan conflicto y tensión y lo integran en su día a día para poder seguir auto-organizándose.

 

6./Ser mujer y además anciana en el campo, ¿supone una vida tan subyugada a la cultura patriarcal y la división del trabajo por género respecto a la vida urbana, la cultura del civismo y los cuidados mercantilizados?

 

Este medio rural no es muy diferente al urbano en este sentido. Tiene mucho que ver el trabajo, el origen social, la mentalidad, las creencias, etc. La cultura patriarcal en los pueblos se encarna perfectamente en las celebraciones y rituales, muchos de ellos donde la mujer ni siquiera participa y, si lo hace, no de forma visible y activa, sino acompañando el proceso desde la retaguardia. Por eso es importante reivindicar la importancia de las retaguardias y del proceso de acompañamiento y de trabajo que hacen posibles las cosas: la vida, las fiestas, la educación, la economía, etc. Ahora que los cuidados están en el centro del debate creo que es interesante reflexionar sobre los roles adjudicados a estas mujeres rurales mayores en la sociedad tradicional y cómo ahora pueden redefinirse y tener otros significados.

 

7./Los límites entre ciudad y campo cada vez son menos claros. Las mujeres mayores son personas que han vivido muchas décadas y han conocido épocas de mayor escasez material. Crees que estas vivencias condicionan su aceptación de las comodidades y caprichos de la vida moderna y urbanizadora actual o es esto otro prejuicio por nuestra parte? Es decir, ¿Cuando escuchas a tus vecinas notas un orgullo de comunidad rural,notas un anhelo de progreso, ambas?

 

Depende de la persona. El medio rural pertenece a una sociedad compleja como la urbana, está atravesado por los mismos procesos económicos, sociales y políticos. Hay mujeres mayores rurales que entienden que el progreso es que sus hijxs y nietxs vivan en Santander o Madrid, tengan una carrera, un trabajo de oficina, etc. Hay otras que prefieren que sus hijxs se hayan quedado en la zona, en el valle. Rara vez escucho o veo que el orgullo pase por el campo, por ejemplo. El trabajar el campo está asociado a una actividad dura, con poco prestigio social. Desde que se desarticula la sociedad tradicional y comienza a llegar la industrialización, por ejemplo aquí en el valle de Campoo, con la fábrica, se genera el perfil de obrero mixto, que trabaja en la fábrica y tiene unas vacas. Posteriormente se va polarizando y el que solo tiene vacas, “es que no vale para otra cosa” o “se quedó con las vacas”. Cosas de estas se siguen oyendo a día de hoy. Son muchos años de prejuicios y de asimilar una idea de progreso, no tanto basada en la libertad libertaria, la libertad de ser, como en la libertad neoliberal de tener cosas y consumir. Creo que lo primero que habría que hacer sería replantearse la idea de progreso o de éxito y a qué tipo de sociedad nos ha conducido. Creo que ese orgullo de comunidad rural no abunda en las mujeres mayores rurales, muchas de ellas, personas que no han podido estudiar y que no se sienten orgullosas de ello, sin embargo, hablan enseguida de lo afortunadas que son de vivir aquí, en un entorno más tranquilo que las ciudades grandes. La escasez material suele favorecer los mecanismos de resiliencia comunitaria, hoy día creo que se aceptan las comodidades de la vida moderna como condiciones mejores de vida. También esto es la otra cara de la moneda del patriarcado que divide y genera brechas de todo tipo entre mujeres y hombres, entre clases, etc.

 

8./¿Qué hay de la salud? Envejecer implica mayores posibilidades de enfermar y/o de deterioro físico y psicológico. Si añadimos que las ancianas en general realizan un montón de trabajos invisibles y suponen un soporte importante en las economías familiares, esto es una condición añadida en la salud para ellas. ¿Cómo se cuidan tus vecinas? ¿ Qué grado de autonomía les aporta lo que queda de ruralidad?

En cuanto a la salud sí que puedo decir que las mujeres mayores de esta zona suelen ser muy activas. El medio rural siempre ha tenido muchas andarinas. Caminar en grupos por senderos de montaña o “rutas del colesterol”, da igual, ellas caminan. El pueblo permite, además, mantener si se quiere algunas labores del campo como la huerta, las gallinas o las vacas. Eso les da mucha autonomía, conlleva un ejercicio físico diario, una salida de casa diaria para cuidar de los animales o de la huerta y una forma de autogestión interesante. Podríamos decir que el rural es un contexto menos sedentario quizás, donde las actividades se pueden realizar al aire libre con más facilidad, en espacios amplios, en montaña. Pero estas mismas actividades realizadas durante mucho tiempo sin los medios de hoy en día hacen que el trabajo se reconozca en sus manos y articulaciones, como en las de cualquier trabajadora que exponga el cuerpo en su labor. Mis vecinas más mayores lavaron en su día en los lavaderos con agua helada, metieron la hierba suelta en los pajares, cocinaron, cuidaron… trabajaron en unas condiciones y con unos medios que nada tienen que ver con los actuales. ¿Cómo no va a quedar huella de todo eso en sus cuerpos?.

 

9./En estos días de confinamiento y estado de alarma, el bombardeo mediático y televisivo puede dejar a las personas más vulnerabilizadas en shock. Las personas mayores en las ciudades consumen por lo general mucha televisión. Hoy en día en los pueblos también pero, ¿Aquí crees que se dan diferencias en la capacidad de las mujeres mayores para darse confianza y quitarse el miedo de encima? ¿Tiene lo mediático menos presencia en los temores de las mujeres mayores en el campo o es este otra idealización nuestra?

 

En mi opinión, en el campo todo cambió con la llegada de la televisión, se acabó con las plazas de los pueblos como espacios de socialización y de convivencia en común. Creo que el miedo no entiende de mujeres mayores rurales o urbanas. Lo mediático tiene un gran peso, probablemente en sus temores y también en sus deseos.

 

10./¿Cómo es la relación intergeneracional entre mujeres en los pueblos? ¿Te preocupa que haya saberes prácticos que se pierdan?

Creo que la relación intergeneracional entre mujeres en los pueblos está bastante viva, quiero pensar que sí. El tejido asociativo local está vivo, comparten espacios y tiempos de ocio mujeres de edades muy diferentes. Hay saberes prácticos que se pierden si las personas que venimos detrás no los conocemos o no los ponemos en práctica, en ocasiones en forma de receta, de etnoveterinaria, de canción. Por eso es tan importante también la investigación social antropológica, para recoger en libros, vídeos, audios esta información y reflejarla de forma rigurosa. Yo he crecido rodeada de libros, de cámaras de fotos, de grabadoras y acompañando a mi padre (el antropólogo Antonio Montesino) en algunos de sus trabajos de campo. Gran parte de sus libros recogen todo este conocimiento que no solo se transmite por tradición oral, sino que también queda reflejado en textos que pueden servir como herramientas de aprendizaje. La pregunta sería también ¿en qué saberes ponemos la atención para que no se pierdan?, ¿quiénes estamos dispuestas a hacerlo?.

 

11./El feminismo es un movimiento que ha trascendido los límites de las militancias y los movimientos sociales. ¿Crees que hay alguna repercusión de las prácticas feministas en las vidas de tus vecinas mayores?

 

Creo que los feminismos tienen muchas caras, que se encarnan de formas muy distintas. En los pueblos, en contextos de comunidades pequeñas, puede haber ejemplos de acciones radicales muy potentes que, interpretadas en otro contexto, no significarían lo mismo. En lo local rural se reconoce, señala o identifica mucho más que en el espacio urbano, esto hace que haya también muchos prejuicios y temores. Yo me fijo mucho en los actos y espacios de rebeldía cotidianos, aparentemente menos espectaculares, pero con una gran carga simbólica y política. Canciones transgresoras con voz de mujer, tiempos compartidos con otras mujeres para tejer en un sentido real y metafórico (donde se habla también de la vida y sus problemáticas), paseos para hablar y pensar de forma crítica su propia existencia, redes de resiliencia comunitaria que se forjan en el día a día.

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