Lo que ha ocurrido con un leopardo persa en Cabárceno es una triste muestra de cómo el cautiverio, incluso en parques que se autodenominan «de conservación», es una forma de encarcelamiento que nunca logra reemplazar el hábitat natural. Por grande o “natural” que sea el recinto, siempre será insuficiente para un animal cuya esencia es vivir libre, cazando y recorriendo grandes territorios. Los animales no deberían ser trasladados a estos espacios controlados, donde quedan expuestos a situaciones ajenas a su comportamiento y biología naturales.
Que se haya optado por abatir al leopardo en lugar de sedarlo refleja una gestión preocupante y deja en evidencia las carencias en los protocolos de emergencia y bienestar animal en el parque. ¿Por qué no se agotaron las alternativas que priorizasen la vida del animal? La respuesta se encuentra en la gestión mercantilista que caracteriza a Cabárceno, donde la vida animal parece subordinada a la exhibición y el atractivo turístico, más que a un compromiso genuino con la conservación. Se prioriza el impacto económico sobre el verdadero respeto por la vida y las necesidades ecológicas de cada especie, y se esconde bajo un disfraz de «protección y conservación» que, una vez más, muestra sus grietas ante casos como este.
La conservación de una especie no debería basarse en el cautiverio y la explotación, sino en la preservación de sus hábitats y en la protección de los ecosistemas que permiten a cada especie desarrollarse de forma plena. Casos como el de este leopardo persa son recordatorios dolorosos de que encerrar a los animales y gestionarlos como si fueran piezas de un escaparate es una visión lamentable, tanto en términos éticos como en su valor real para la conservación.
La Federación Dean (Defensa Animal en Cantabria) ha lanzado fuertes críticas contra el Parque de Cabárceno, cuestionando su gestión de especies tras el reciente abatimiento a tiros de un leopardo persa, escapado de su recinto. Esta especie, en peligro de extinción, llegó al parque el pasado mes de julio con la promesa de conservación del consejero de Turismo, Luis Martínez Abad. Sin embargo, desde Dean se cuestiona el verdadero compromiso del parque con la preservación de fauna vulnerable, recordando incidentes similares, como la muerte a tiros de una manada de lobos en 2014 y las jirafas que perecieron en un incendio.
Además, la federación recalca que, según la Ley 31/2003 de conservación de la fauna silvestre en parques zoológicos, resulta una «infracción muy grave» matar intencionadamente a un animal sin justificación. Aseguran que medidas de seguridad deficientes y la falta de protocolos efectivos convierten al parque en un entorno peligroso para sus habitantes. La portavoz de Dean, Victoria Cedrún, destaca que el objetivo de los zoológicos debería ser la conservación, la educación y la investigación, no el lucro. Apunta que de las 150 especies en Cabárceno, solo unas 35 están en peligro, mientras el parque continúa criando especies no vulnerables para atraer al público.
La federación valora emprender acciones legales ante este caso, denunciando la falta de medidas alternativas y de protocolos para preservar la vida de los animales.



